28/01/2007

Los desafíos de la humanidad (I): Sida

Sida, enfermos olvidados

Texto y fotos: Bru Rovira
Millones de enfermos en los países del sur luchan por acceder a los medicamentos antirretrovirales que en los países del Norte salvan la vida de los pacientes. Hasta hoy se decía que los enfermos del sur eran incapaces de seguir las indicaciones. MSF ha demostrado en sus proyectos en el Tercer Mundo que la medicación es posible
Una niña ingresada en el hospital de Kampong Chamm hace el saludo jemer agradecida por la medicación y las atenciones que recibe

El doctor Laurent lo tiene claro: la gente quiere vivir, nosotros les ayudamos a vivir. Cuando en el año 2001 los equipos de Médicos sin Fronteras para los que trabaja el doctor Laurent decidieron “ayudar a vivir”. al primer grupo de cincuenta enfermos de sida del hospital Khmer-Soviet Friendship, de Phnom Penh, la única posibilidad que había entonces en Camboya para acceder a la medicación antirretroviral (ARV) -el combinado farmacológico que salva la vida de la mayoría de los pacientes y los convierte en enfermos crónicos- era comprarla en el mercado privado a unos precios desorbitados. Esto es lo que hizo precisamente Chea, el marido de Chan Inn, una de las pacientes del doctor Laurent.

“Vivíamos en la zona fronteriza con Tailandia” –recuerda- “Mi marido tenía 38 años cuando murió. Traficaba con madera. La guerrilla de los jemeres rojos todavía controlaba la selva y participaba del negocio. Cambiaban la madera por armas. Mi marido debió de coger la enfermedad en los prostíbulos que hay en la frontera. Al principio acudió a la medicina tradicional. Cuando vio que no servía de nada decidió venderlo todo. La casa. El terreno. Los muebles. La vajilla. Éramos ricos y nos quedamos sin nada. La medicación costaba 480 dólares mensuales. Chea murió a los 13 meses de medicarse. Detrás de él murieron todos mis hijos varones: Vannala, Soltharinth y Rithy. Sólo se salvó la niña, Malis. Tuvo suerte de que yo enfermara durante el parto y no pudiera darle de mamar. Porque fue mi leche la que mató a los niños. El marido me pasó la enfermedad a principios de los noventa, pero no supe que la ten ía hasta el año 2000”.

 El sida se diagnosticó por primera vez en EE.UU. en 1982. Al principio se consideró una enfermedad de la comunidad gay que la prensa llegó a caliFIcar como la “peste rosa” o “cáncer gay”. En 1986 ya se habían diagnosticado más de 42.000 casos y hab ían muerto 25.000 personas. Hasta 1987, la palabra sida no fue pronunciada por el entonces presidente Reagan, y cuando lo hizo fue para hablar de una “enfermedad contagiosa” que debía añadirse a la lista de las enfermedades por las que se puede denegar el visado de entrada a Estados Unidos. Pronto se vio, sin embargo, que se trataba de un fenómeno de enormes dimensiones que sólo podría afrontarse si existía una decidida respuesta mundial desde la prevención, la investigación, la medicina y la política. En 1995, las Naciones Unidas crearon Onusida. Algunos han dicho que si el sida no hubiera afectado a Europa y Estados Unidos, quizás nunca se hubiera encontrado una medicación que lo frenase. Y, tal como han ido las cosas en el terreno de la investigación y el tratamiento, no parece una opinión desacertada. 

El sida prenatal está prácticamente abolido en los países ricos, gracias a la prevención, el tratamiento y la no utilización de la leche materna cuando las madres tienen VIH. En los países pobres, los bebés siguen infectándose.

A mediados de los años noventa se consiguió frenar el ritmo de crecimiento en los países del norte, cuyos enfermos empezaron a probar con éxito el combinado de pastillas ARV. En el sur, sin embargo, se perdió un tiempo precioso, especialmente en la prevención, y la enfermedad tomó unas dimensiones catastróficas, sobre todo para el continente africano. “No nos equivoquemos -gritó Nelson Mandela-, el sida es peor que la suma de todas las víctimas de todas las guerras, las hambrunas, las inundaciones”.

Sólo en el año 2002, cinco millones de personas resultaron infectadas y tres millones murieron. Y si en el Norte aquel mismo año la mayoría de los enfermos ya recibía medicación y se había eliminado prácticamente el sida pediátrico -la transmisión materna a través del parto o la leche que mató a los tres hijos de la señora Chan Inn-, en África sólo treinta mil pacientes recibían medicación. Las últimas cifras de Onusida establecen en 65 millones las personas infectadas en todo el mundo y hablan de 25 millones de muertos desde 1981.

El sida se ha convertido en la gran peste del mundo moderno, y su propagación en el siglo XXI va directamente relacionada con la pobreza. Como ha explicado Shereen Usdin, en el Tercer Mundo el sida está matando a una generación entera de maestros, funcionarios, sanitarios, policías. Muchos adultos no pueden trabajar, y los ancianos y los niños deben cuidar de las familias, con grave perjuicio para las niñas, que abandonan la escuela. Los huérfanos se convierten en una legión de niños vulnerables a la explotación y los abusos. 

Un campensino enfermo de sida es atendido en el hospital donde ha acudido con su mujer. EL hombre ha llegado ya en una fase muy avanzada de la enfermedad y tiene pocas esperanzas de sobrevivir
Los médicos se quejan de que los laboratorios han relegado la investigación en niños porque el sida pediátrico ha desaparecido en los países del Norte y ya no resulta rentable

“A principios del año 2000 -explica el doctor Laurent- nos planteamos seriamente empezar a medicar a la gente que acudía a nuestras consultas de MSF en los países del sur. Ellos no podían pagar el tratamiento. La opinión general era que si les medicábamos no podríamos mantener la continuidad y fracasaríamos. Pero nosotros veíamos como la gente moría. ¿Era eficaz medicarlos? La respuesta era simple: la gente quiere vivir, nosotros les vamos a ayudar. Así que decidimos empezar a medicar a pequeños grupos. En el año 2003 ya seguíamos a 23.000 pacientes en 27 países, con un éxito extraordinario: la mayoría de los pacientes vive, su salud general mejora, y muchos pueden reincorporarse al trabajo. Nosotros les damos formación, educamos a sus parientes, el entorno. Y no les engañamos. Les decimos: ‘Se trata de una enfermedad para toda la vida. Siempre necesitarás el tratamiento’”.

MSF ha demostrado que puede tratarse a los enfermos en sitios donde apenas hay médicos, como ha ocurrido en Malaui, donde se ha organizado a la propia comunidad de enfermos, se ha creado un equipo de enfermeras y asistentes sociales y se les ha enseñado a ”jugar a doctores” para que puedan seguir ellos mismos el tratamiento con menos médicos.

El gran reto, explica el doctor Laurent, está hoy en la farmacia, en su capacidad para adaptar los tratamientos a las condiciones de vida de los pacientes. Y también en el trabajo social que apoye a los enfermos y a sus familias. En Camboya, MSF distribuye antirretrovirales a un grupo de 5.400 pacientes, que es más de la mitad de los que actualmente reciben tratamiento en un país donde unas 25.000 personas deberían tomarlo.

Sam Tola, de ocho años, es uno de los niños que han empezado a medicarse. Empezó hace 20 meses, y desde entonces su vida ha cambiado radicalmente. Va diariamente a la escuela, juega con sus amigos, se baña en el río al caer el sol. Y ha aprendido a tomar todos los días su medicación. Lo hace al levantarse y al acostarse. Su padre murió de sida, y su mamá, que también tiene la enfermedad y recibe tratamiento, ha empezado a mejorar, aunque, explica, ya no puede trabajar en la fábrica textil porque le flaquean las fuerzas, y sobrevive con pequeños trabajos agrícolas y la ayuda de la familia.

Al principio, tanto ella como su hijo vivieron el estigma social que todavía acompaña en Camboya a los enfermos de sida. “La gente me dejaba pasar cuando iba a lavar al río, no se acercaban. Vivía aislada. El niño, también. Junto a mi casa hay un monasterio, y cuando los monjes cantaban muchos creían que anunciaban nuestra muerte. Ahora ven que estamos mejorando, que no somos ‘peligrosos’, y nos aceptan. Mi marido era intérprete de los soldados de las Naciones Unidas: donde hay soldados hay prostitutas”.

Más de doscientos niños siguen tratamiento en los proyectos de MSF en Camboya. Igual que hace Sam Tola, al menos una vez al mes deben acudir al hospital donde se les hacen pruebas médicas y se les explica, a ellos y a sus familiares, cómo deben cuidar su salud y administrar la medicación. Los médicos, sin embargo, se quejan de que los laboratorios hayan relegado la investigación en estas franjas de edad, porque el sida pediátrico ha desaparecido en los países del norte y ya no resulta rentable.

Cuando MSF empezó a medicar sufragando los gastos de miles de enfermos de sida en distintos proyectos repartidos por todo el mundo, decidió que sólo lo haría por cinco años.

- “Una decisión complicada” ...
- Nosotros no dejaremos a los enfermos, pero habrá que discutirlo, ¿no le parece? - dice el doctor Laurent con una sonrisa mefistofélica que evoca a un personaje de Graham Greene.

Y pienso si quizás no sean hoy las causas humanitarias parecidas a las de aquellos espías que tanto encuentra a faltar John Le Carré, hombres que luchaban por “la verdad”, como le explicó al colega José Martí Gómez, y optaban por someter las grandes decisiones a las cuestiones morales.

¿No es acaso la lucha contra el sida una de estas decisiones en las que se decide el combate por los valores?

¿Un asunto político que nos compite a todos, a los gobiernos, a las farmacéuticas, a los mercados, a la relación que queramos tener los ciudadanos de los países del norte y los países del sur? La vida. La decencia.

de: Alex Estrada | 17/07/2008
En realidad no lo ven porque ellos no vivien en las condiciones, ni en las zonas marginadas donde realmente se necesita ayuda y demasiada. Presidentes, gobernadores y los que tiene el poder para hacer cosas de esta magnitud, ¡abran los ojos! La vida está en todos lados, no sólo en mansiones, negocios, países ricos, petroleos, etc. La vida es más que eso, la vida es en cada instante de verdad. Pongan los pies en la tierra, sean consientes, los pobres también sienten, tienen necesidad, sufren, lloran y son igual que todos nosotros y ustedes sólo se han olvidado de ellos. Simplemente así es.
de: Alex Estrada | 17/07/2008
Hola, realmente es muy conmovedor saber y darnos cuenta de tanta gente que está muriendo por la ignorancia y falta de informacion que por un instante les ha cambiado la vida por hoy y para siempre. Yo qiesiera ser voluntaria para ayudara a toda esta gente enlo que se necesite. Ojalá los gobiernos sean mas concientes de toda la necesidad que hay en todo el mundo y no pierdan su tiempo en andar negociando cosas que no tienen sentido. ¿Qué estan esperando? ¿A que cada año los índices de mortalidad por el vih incrementen?
de: Ligia Gonzalez | 05/07/2008
Me parece maravillosa la información, y los relatos conmovedores.
de: Pink Roses | 30/05/2008
La verdad, se me hace de poca madre que haya tantos niños muriendo por la mala información y descuido de padres y gobierno. No tengo nada en contra de los que tienen sida, mas me gustaría que se cuidaran y cuidaran más a los niños en etapa lactante, no se vale dejar a estos bebés enfermos si sabes k morirás, el gobierno se pelea por el dinero y el petroleo, pero no por dar más atención médica en países pobres ¿nos dicen k tenemos su ayuda??? No, no tenemos nada del gobierno, ni su lástima......
20 de julio
20 de julio

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