El primer dilema
El tiempo de los hijos

"No cambiaria el turno de noche por nada"
Como en todos los aspectos de la vida, las mejores soluciones se encuentran cuando uno analiza sus prioridades y sus posibilidades, y busca una fórmula individualizada que funcione en su caso particular. Nuria se sabe una persona organizada y metódica a la que siempre le gustó trasnochar. "En casa de mis padres, siempre era la última en irme a la cama y la primera en levantarme", explica risueña. Desde hace cuatro años, trabaja de noche, duerme por las mañanas y dedica las tardes a su familia.
Tras haber trabajado como técnica de medio ambiente y como administrativa, Nuria decidió aceptar un puesto de mecánica en la Seat. "Aunque mis estudios hubieran ido por otro lado, me gustan las labores manuales. Y tiene la ventaja de que, cuando acabas tu jornada, desconectas hasta el día siguiente. No te llevas las preocupaciones ni los problemas a casa." Ella y su marido habían planeado tener tres hijos de edades muy seguidas, pero en el tercer embarazo llegaron mellizos. "Fue entonces cuando pedí el turno de noche. Por un lado, supone un incremento de sueldo del 30%, lo que ayuda con los gastos. Pero, sobre todo, me permite ejercer de madre y disfrutarlo."
En un día normal, llega a casa a las siete de la mañana. "Preparo los uniformes y los cola-caos, despertamos a los niños, desayunamos y me los llevo al colegio." Después vuelve a casa y duerme hasta las tres de la tarde. Come con su marido y van a buscar a sus hijos a la salida del cole. A las 8.30 de la tarde, el autocar de la empresa la recoge en la puerta de casa para acudir a la fábrica. Para entonces, ya están los niños duchados y la cena servida. "Con cuatro hijos entre 4 y 6 años, mi casa se parece mucho a una cadena de montaje. Todo es cuestión de organización."
¿Y los fines de semana? "El sábado por la mañana dejo la comida hecha antes de irme a dormir. Mi marido se encarga de darles de comer y después me despiertan a las dos. Cuando mis hijos se acuestan, lavo y plancho la ropa de toda la semana. No me cuesta porque soy como un búho. A esa hora, mi cuerpo no tiene sueño." Nuria ha encontrado una solución a su medida que le hace sentir satisfecha. "Si puedo, me gustaría seguir en el turno de noche también cuando sean mayores. Es un horario que me permite vivir mi vida de familia plenamente. No lo cambiaría por nada."
Nuria Sánchez Losada 39 años
Cuatro hijos: Nuria (6 años), Carmen (5) y Enrique y Laura (4) (foto en la página anterior
Compaginar la vida laboral con el cuidado de los hijos es una cuestión complicada para la mayor parte de los españoles. Cuando los dos miembros de la pareja trabajan, la logística familiar se convierte en un difícil encaje de bolillos. ¿He escrito trabajan? Corrijo: trabajan fuera de casa. Como bien nos señala Maite Cortés, el primer error se comete al plantear el tema en términos equivocados. “¿Cuidar de los hijos y a la vez trabajar? Los que cuidan a sus hijos, ¿qué hacen?, ¿estar de vacaciones? Los que cuidan a sus hijos trabajan y mucho. Y hasta que se equipare en nuestras mentes que es un trabajo tan digno como cualquier otro, no vamos a ningún sitio. No hay más que ver la cantidad de críos desequilibrados emocionalmente para empezar a darnos cuenta de que cuidar adecuadamente de nuestros hijos es un trabajo al que no le estamos prestando demasiada atención. Precisamente porque ni siquiera lo consideramos trabajo.”
Con o sin ayuda externa, hay que cuadrar los horarios y tapar los agujeros cuando el niño enferma entre semana o toca visita al dentista. Las redes familiares de apoyo –y muy especialmente los abuelos– tienen un papel fundamental. Muchos padres confiesan que, sin su ayuda, no sabrían cómo organizar la logística familiar o qué hacer cuando los niños pillan una inoportuna gripe. Asunción Ramos, que junto a su marido se ha hecho cargo de sus nietos en las horas en que los padres trabajaban, reivindica el reconocimiento del inestimable papel de los abuelos cuidadores: “Esos niños que se crían con sus abuelos no están carentes de cariño, sino todo lo contrario, y, a cambio, los abuelos se sienten otra vez rejuvenecidos”. Jesús Perdiguer se deshace en elogios hacia la madre de su mujer: “Tengo la mejor suegra del mundo. Nunca seré capaz de agradecerle la dedicación que tuvo con mi hijo”.
Necesitamos tiempo
Algunos de los comentarios recibidos se quejan amargamente de la falta de medidas eficaces que protejan a la infancia y permitan a los padres disponer del tiempo necesario para criar a sus hijos. “¿Alguien puede decir alto y claro a la población en general y a los políticos en particular que nuestros hijos en sus primeros 12 meses nos necesitan? Que no inviertan más en guarderías de 0 a 3 años, que inviertan en bajas por maternidad/paternidad”, escribe Patricia F. Ordiz.
Como ella, son muchos los que piensan que los cheques-bebé y la prolongación de los horarios en los centros escolares son un camino equivocado. Reclaman una reorganización más profunda de la sociedad, en la que el trabajo no se convierta de lunes a viernes en el eje de sus vidas. La combinación de hipotecas elevadas, salarios bajos y una de las jornadas laborales más extensas de Europa impone a los trabajadores un círculo vicioso difícil de romper. Por eso, buena parte de las cartas llegadas a nuestra redacción reivindica horarios flexibles y permisos remunerados para dedicarse a los hijos mientras estos son pequeños.











