22/06/2008

Olímpicos Lucha

Maider Unda

Texto de Jaume Collell
Fotos de Àlex Garcia
Suena a tópico que una moza vasca se dedique a la lucha femenina, pero ya no lo es tanto que Maider Unda viva en su caserón de Olaeta, ordeñando ovejas y fabricando queso.
Maider Unda
Vitoria,2/VII/1977,1,77 metros
Club Escuela Alavesa
Especialidad
Lucha femenina, categoría -72 kilos. Forma parte del equipo español de lucha desde 1998
Entrenador Luis Crespo
Marcas
•Gana el Campeonato de España de 1989
•Medalla de bronce  en los Juegos del Mediterráneo del 2001
•Quinta plaza en el Mundial del 2007 que le ha servido para competir ahora en Pekín
Se levanta cada día a las seis,desayuna, da de comer a las ovejas, las ordeña, ayuda a hacer queso y se encierra en el gimnasio para hacer pesas

La línea que la sociedad industrial instauró entre profesión y devoción, para Maider Unda, se rompe bajo el bello valle de Urkiola, más lluvioso que soleado, donde ella hace posible la indivisibilidad entre trabajo y ocio. Un plan de vida viejo, rabiosamente moderno. Mientras aguarda a que se filtre la leche para obtener la masa de un buen queso, la chica quema horas de gimnasio, y mientras el rebaño pastorea, ella corre campo a través para fortalecer sus músculos.
De pequeña, el autobús la acercaba a la cercana escuela de Otxandiano. Se metió con esto de la lucha allí mismo, porque un señor barbudo y compuesto se presentó en el cole y empezó a enseñarles. No vio la ciudad hasta que fue mayor. Sus amigas son las de la infancia, y sus recuerdos, un paraíso verde entre animales. Ahora, junto a sus padres y sus hermanos, maneja trescientas ovejas y una vaca que les saca del apuro familiar. La producción de quesos ha aumentado, y la venta, directa o de feria en feria, también.
La lucha que aquel señor les embutió en los bíceps, más cercana a un tipo de judo de procedencia rusa, no convenció demasiado a la parroquia. Sólo resistieron dos o tres chicas. Ella, poco a poco desde entonces, fue abriendo un paréntesis vital y dejó de practicar. Era un deporte abandonado, sin ningún tipo de ayudas, y menos para las mujeres. Maider no esconde que esa época fue de salir y de fiestorros. ¿Qué hace, si no, una chica en lo alto de sus 19 años?

Un calvario de lesiones
Como oveja que vuelve al carril, al cabo de dos años, gana el primer Campeonato de España. Su carrera, desde entonces, se parece a un calvario. En el 2001 se rompe un pómulo en Polonia; en el 2002, el menisco y el ligamento anterior, y en el 2004, aparece una bursitis en la rodilla. El cojeo le provoca una hernia. Total, que hasta el 2005 no puede entrenar a conciencia. Ya que el rosario de desgracias empezó durante su estancia en el centro de alto rendimiento Joaquín Blume de Madrid, decide regresar a casa.
Los últimos tres años ha trabajado con regularidad, vigilando siempre los resortes de un cuerpo castigado que no puede volver a resquebrajarse por ninguna extremidad. En un día cualquiera, Maider es capaz de un sinfín de quehaceres que cuida a placer: se levanta a las seis, desayuna, da de comer a las ovejas, las ordeña con la ayuda de su padre, colabora en el proceso del queso, como meter la masa en los moldes, y se encierra en el gimnasio que tiene en la buhardilla para su hora de pesas, que repetirá por la tarde, alternando con sus carreras y sus cuestas.
Tres o cuatro días por semana se desplaza a Vitoria, donde recibe entrenamiento de Luis Crespo. Desde septiembre, Maider sabe que irá a Pekín, sus primeros Juegos, después de que la lucha femenina se convirtiera en deporte olímpico en Atenas 2004. Le acompañará otra española, que competirá en otra categoría, pero ella peleará con las representantes búlgara y rusa, que le infunden mucho respeto.
Fuera de la lucha, a ella que la busquen en la bicicleta de montaña y poco más. Es persona negada para el baloncesto y coquetea con el fútbol resguardándose bajo la portería. Declina la natación porque no le gusta el agua. La memoria retoza con sus baños infantiles en el río donde hoy, como mucho, se moja los pies. La luchadora no da imagen alguna de tomarse el deporte como una religión. Para ella es como sembrar patatas, aunque transmite disciplina y determinación. Así, combate también la falta de hierro y el exceso de colesterol, cuidándose a base de lentejas y evitando la carne roja. Si cometiera algún pecado alimenticio, confesaría salivar ante unas gominolas o unos macarrones con nata, y del mismo modo que pasó la edad para salir de marcha, aprecia la reconfortante calma del hogar tras una jornada de esfuerzo.
 
ROBUSTA TAMBIÉN DE CARÁCTER  Cuando Maider Unda sube a un avión no es nada prosaica. De repente se hunde en el sueño como una marmota. Sus rotundos huesos reposan sobre el incómodo sillón abatible. Desde allí sobresale su tren superior, hombros y trapecio, aunque sentada como está no se ve que es una mujer alta y fuerte. Su nariz apunta como un gancho identificativo, fiel de la balanza de unos achinados ojos que disparan nítidas panorámicas. Dura, de carácter endiablado, se enfada tanto que, a veces, lo hace consigo misma.
Y para cerrar con lo de los tópicos, no es el País Vasco donde el deporte de la lucha descuella más. Mención especial merecen Galicia y Cataluña. En el barrio de La Mina, en Barcelona, existe un excelente plantel de luchadores. ¿Las razones? Ella se ofrece como ejemplo: haber recibido palos, esos palos que da la vida, no precisamente físicos. Los que practican este deporte, a menudo, acarrean una motivación particular. En el caso de ella, no haber hallado las cosas fáciles de pequeña, quizá la dureza del campo, el manejo de los animales. La lucha, después, ofrece una natural descarga de adrenalina que redime de las otras bofetadas. Sin duda, Maider vive de otra forma.°

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