06/07/2008

Cómo jugar contra la obesidad

Texto de Carmen Giró
Ilustraciones de Rosario Velasco
El verano no siempre es actividad y en la vida de los pequeños con sobrepeso a menudo significa engordar. Movilizar a los niños requiere un plan general para toda la casa, con objetivos agradables que se puedan cumplir


La obesidad infantil y el sobrepeso es un problema creciente en España. Los malos hábitos alimentarios afectan negativamente al peso ideal y al desarrollo correcto del cuerpo del niño. Pero hay otro factor determinante en el aumento del sobrepeso infantil: el sedentarismo. Los niños se mueven muy poco, sobre todo en comparación con otras épocas y con otros países.
El verano puede ser un buen momento para hacerles ver, a niños y a padres, que moverse un poco más puede influir realmente en una buena salud y que, además, es mucho más fácil de lo que parece. Basta con fijarnos en lo que hacemos a lo largo de la jornada y después introducir pequeños cambios que, sumados, formarán una nueva manera de vivir el día a día.
De eso saben mucho las doctoras Sandra Gussinyer y Norma García-Reyna, que trabajan en la unidad de obesidad infantil del hospital materno-infantil de Vall d’Hebron. Allí se dedican al tratamiento y el estudio del sobrepeso y la obesidad infantil, trabajando con los jóvenes pacientes y con sus familias.
Han creado un programa de tratamiento integral que aborda desde todos los ámbitos de la vida cotidiana el tema de la obesidad. El programa lleva por nombre Niños en movimiento y, además de en este hospital de Barcelona, se aplica también en Valencia, Pamplona, Avilés y Girona. Tratan a niños de 7 a 12 años a lo largo de once semanas, en sesiones paralelas con los niños y con los padres, para que las dos partes reciban la misma información que luego puedan aplicar a su vida diaria. De ese programa ha surgido el libro ¡Niñ@s en movimiento!, (editorial Ceac), que expone las ideas principales y sirve para que los padres vean que no es tan difícil tratar, y prevenir, el problema de la obesidad de sus hijos. También puede consultarse la web:
www.nensenmoviment.net.

“Es un tratamiento estructurado y enfocado desde un punto de vista holístico, porque abarca los aspectos de actividad física, de alimentación y emocionales”, explica la doctora García-Reyna. Por eso, no hablan sólo de dieta o de sedentarismo, sino de emociones, de cómo expresar lo que se siente, de cómo socializar. Y, además, de darse cuenta de que para solucionar o prevenir la obesidad hay que introducir cambios de la manera más placentera posible, adaptándolos del modo que más encaje en la manera de vivir de cada familia. Por ejemplo, a lo mejor estamos intentando que el niño se apunte a fútbol cuando lo que le gusta de verdad es el hip-hop, y
el ejercicio será igual de útil pero más placentero y, por tanto, no se abandonará.
La obesidad infantil conlleva muchos problemas de salud que parten de la infancia y llegan hasta la edad adulta. No es un asunto banal: se calcula que el 80 por ciento de los niños con obesidad serán adolescentes obesos, y de éstos, el 60 por ciento se convertirá en adultos obesos.

Más gordos en verano
Y el verano es una etapa problemática. “Hemos detectado –explica la doctora García-Reyna– que los chavales que tienen problemas de peso aumentan de peso en verano, porque dejan de hacer la gimnasia en el colegio, se interrumpen las temporadas de deporte organizado, baja la actividad física en general, se rompe la rutina y se vive un poco en el desorden, además del descontrol en la alimentación.”
Por eso recomiendan cuidar la alimentación, comiendo sano y haciendo cinco comidas diarias, e incorporar hábitos saludables en los platos, sin hacer de la comida el elemento central de todas las discusiones. Destacan la importancia del desayuno, olvidarse de las dietas milagro, cuidar la imagen corporal y, muy importante, marcarse unos objetivos realistas y prácticos en los que se embarque toda la familia. Y, como segundo gran puntal, dejar a un lado el sedentarismo.
“Diferenciamos entre la actividad física de la vida cotidiana y el ejercicio estructurado, como los deportes, fútbol, etcétera –explica la doctora García-Reyna–. Los dos son necesarios, pero mientras está más claro que el deporte estructurado es beneficioso, la actividad en la vida cotidiana es más difícil de llevar a cabo, porque muchas veces el niño obeso está sobreprotegido y no ha conseguido evolucionar paralelamente a su edad.”

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