17/08/2008

En nombre de Europa

Texto de Salvador Enguix
Fotos de Roser Villalonga
La comisión de Exteriores de la Unión Europea acostumbra a tener una apretada y compleja agenda de trabajo. Los temas son de lo más diverso, y otro tanto puede decirse de los interlocutores. Al frente del departamento está la austriaca Benita Ferrero-Waldner, con quien el Magazine ha compartido dos días de trabajo y vida familiar.
Benita Ferrero-Waldner se dirige, junto con su colaborador Hubert Gambs (que porta el bolso de la comisaria), a un desayuno de trabajo para tratar temas sobre transgénicos y economía.
Intentan acribillarla a preguntas. Ocurre en una abarrotada sala de la sede del Parlamento Europeo en Bruselas, cuando decenas de diputados exigen que la comisaria europea de Relaciones Exteriores y Política de Vecindad, Benita Ferrero-Waldner, dé respuesta a los grandes problemas que afectan al mundo, y en los que la Unión Europea, directa o indirectamente, tiene un papel, político y económico. Conservadores, socialdemócratas, ecologistas; españoles, alemanes, franceses y británicos, entre otros muchos, apuntan a la comisaria; unos, con guante blanco; otros, con un tono un tanto incisivo, incluso bronco. Le piden explicaciones sobre el proyecto de Unión para el Mediterráneo lanzado por el presidente francés, Nicolas Sarkozy, y sus efectos sobre el proceso de Barcelona; por los nuevos asentamientos israelíes en Palestina, por la política exterior y de seguridad de la UE en Kosovo, por las relaciones con China y sus encuentros personales con el Dalai Lama, por la seguridad energética de la Unión Europea, por el ciclón que ha arrasado parte de Birmania...
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