17/08/2008

Regreso a los orígenes

Texto de Toni López Jordà
La afición a las carreras de automóviles en España ha estado siempre a la altura de los países considerados pioneros, por más que las circunstancias económicas y políticas no han sido siempre propicias. Ahora, la disputa de un Gran Premio de fórmula 1  por las calles de Valencia devuelve las carreras a los escenarios de sus orígenes urbanos.

Una carrera automovilística en el circuito barcelonés de Montjuïc a mediados de los años sesenta

Desde Pedro Picapiedra y Pablo Mármol con sus troncomóviles, hasta Kitt, el coche fantástico, pasando por las carreras de cuádrigas entre Judah Ben-Hur y Messala o las persecuciones a muerte de los apaches a la diligencia, el hombre siempre ha sentido fascinación por la velocidad sobre ruedas. Casi sin darse uno cuenta, en España el automovilismo, entendido como ocio elitista primero o como disciplina deportiva después, ya ha superado el siglo de vida. Era Fernando Alonso quien en uno de sus arrebatos patentaba aquello de que “los españoles no tienen ni idea de F-1”. Quizás no tanto como de fútbol, pero de carreras de coches algo ha cundido en este pueblo con un siglo de tradición, de pasión y de esfuerzos acumulados. Porque, caprichos de la historia, el circuito urbano de postal de Valencia que alberga este domingo el Gran Premio de Europa, ultimísima prueba del motor en suelo español, llega precisamente 100 años después de la primera carrera de coches en un circuito en España.
“Yo quise ser piloto de carreras”, admite Sebastià Salvadó, 76 años, presidente del RACC, que, con más de un millón de socios, es el mayor club automovilístico en España, y el artífice de buena parte de las carreras en este país. En los años 50, con el boom del automóvil y el modelo masculino que llegaba de la moderna Europa, ser piloto era lo más: una mezcla de gentleman, aventurero, deportista y héroe viril a lo Cary Grant, que lucía con tanta gallardía una cazadora desvencijada como un impecable esmoquin. “Era entonces algo muy épico, mítico… se mataban como moscas.” En las cunetas se quedaron para la historia nombres ilustres como el marqués de Portago, Ascari, Von Trips o, posteriormente, Clark, McLaren, Rindt, Villeneuve o Senna, el último mito fallecido en el asfalto.
Pero, claro, en el principio del principio, sólo podía permitirse un volante de competición la gente de dinero, en una época en que los únicos coches que se veían eran tirados por caballos y el pueblo llano se desplazaba a pie, en burro o en tranvía. Como todo hijo de europeo, también en la prehistoria del automovilismo en España la mayoría de los pilotos que desafiaban el riesgo eran acomodados hijos de la aristocracia, burgueses adinerados, ociosos y aventureros, que se pirraban por la velocidad, esa droga que nadie atina a describir, que embriaga al que le posee, sin distinción de clase, etnia o religión.
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de: Gema Carrasco | 21/08/2008
Tiene razín Irene, ojalá en otro número del Magazine se mostraran los daños que va a producir la implantación de la Fórmula 1. Por favor, ponedlo en el Magazine.
de: Irene Reig Alberola | 18/08/2008
Me gustaría que en otro número el magazine mostrara los daños que va a producir la implantación de la Fórmula 1 en Valencia, daños para la ciudad y, desde mi punto de vista lo más importante, el daño a las personas que vivimos todo el año en la ciudad.
de: Jordi Estela i Rosell | 18/08/2008
Referente al artículo "Regreso a los Origenes" Formula 1, en el apartado dedicado algunas biografías de Grandes nombres del automovilismo en España, hay un error con la fecha de defunción del Sr. Wilfredo Ricart. Falleció en Barcelona el 19 de Agosto del 1974, (NO 1947). Aunque admiro a Fernando Alonso, opino que no ha sido este piloto el que en Catalunya hiciera popular la afición por la Formula 1. Ya, en este mismo artículo, comenta que en las concentraciones de la Diagonal en los años 1950 se reunían 300000 espectadores.
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