07/09/2008
Talento de NBA
Rudy Fernández
Texto de Juan Antonio Casanova
Foto de Carlos González Armesto
Tras una brillante campaña en el DKV Joventut de Badalona y una espectacular actuación en Pekín, el mallorquín Rudy Fernández se medirá con los mejores en el Portland Trail Blazers.

Rudy Fernández, en una calle de Badalona, ciudad en cuyo equipo, el Joventut, ha jugado hasta ahora
Crecer y crecer. Mejorar cada día para competir consigo mismo y con cualquier rival que se le ponga por delante. Por eso, para medirse a diario con los mejores jugadores del mundo, se va a la NBA, a los Trail Blazers de Portland, Rudy Fernández (Palma de Mallorca, 4/IV/1985), que hace un año, cuando fue elegido en el puesto 24 del draft, prefirió retrasar su marcha para contribuir a que el DKV Joventut de Badalona –su único club hasta ahora, del que se despidió entre lágrimas– realizara una de las temporadas más brillantes de su larga historia.
Una temporada que ha tenido una culminación de plata en los Juegos Olímpicos, donde la selección española fue subcampeona tras protagonizar con la de EE.UU. una final que figura ya entre los mejores partidos de la historia del baloncesto. Rudy Fernández, que ese día marcó 22 puntos en sólo 17 minutos, se perfila como el líder del equipo en las próximas competiciones, ya que Pau Gasol va a espaciar su presencia.
De Rudy empezó a hablarse, y bien, muy pronto. Cuando tenía 17 años, en un torneo júnior en Menorca, le endosó siete triples al Barcelona en un cuarto, y diez de once intentos en el total del partido. Y en l’Hospitalet, en uno de los torneos más prestigiosos de la categoría, hizo maravillas y llevó al triunfo al Joventut, al que llegó con 13 años, dejando en Mallorca a sus padres y a su hermana Marta, también jugadora internacional. Fue la primera decisión trascendental de su vida.
Había debutado en el primer equipo de la Penya tres días después de cumplir los 17 años y en la temporada 2003-2004, con 18, ya se consagró entre los más grandes. Fue el mejor jugador de la Copa del Rey y participó en los Juegos de Atenas.
¿Es difícil asimilar el éxito siendo tan joven? “Sí y no”, responde. “Sí, porque cada vez te piden más y no es fácil asumir tanta responsabilidad. Y no, porque mis padres y mi hermana estaban ahí para aconsejarme que mantuviera la humildad de siempre.”
En su último año de júnior se entrenaba con el equipo de esta categoría, con el de Liga EBA y con el primer equipo. Acababa a las once y media de la noche y a las seis y media de la mañana se levantaba para ir a clase. “Fueron años de muchos esfuerzos. Me faltaba tiempo para hacer lo que más me gusta: quedar con mis amigos y reír, reír mucho. Yo tenía pocas vacaciones y nunca coincidían con las suyas. Pero ahora tengo la recompensa.”
Su juego, con un amplio repertorio de acciones, es sumamente espectacular. Sobre todo, cuando ejecuta un alley oop, un mate tras recoger un pase volando muy alto. Pero asegura que a él le gusta más “poner un tapón, dar una asistencia o robar una pelota”.
“Esta temporada ha explotado. Y lo ha hecho de la mejor manera posible: haciendo ganar a su equipo”. Palabra de maestro. De Aíto García Reneses, que ha modelado la técnica y el carácter de Rudy para tutelar su consagración como primerísima figura. “Es mejor que vaya a la NBA ahora que el año pasado, porque tendrá mucha más seguridad en sí mismo”, afirma el técnico madrileño. “Lo mejor de Rudy es su talento. En ataque lee muy bien el juego, para saber cuándo ha de tirar, cuándo entrar a canasta y cuándo pasar el balón. Y en defensa es muy intuitivo, para cerrar o para anticiparse. A su edad no puede tener aún una sabiduría que le darán los años.”
Ídolo en Badalona, era el enemigo público número uno en las pistas del Real Madrid o el Barcelona, los grandes rivales de la Penya…, que le han hecho más de una oferta para irse con ellos. ¿Esa fijación obedecía a que era la figura de un adversario directo o a su manera de jugar? “De todo un poco. Yo sé que en la pista soy una persona muy ganadora, con mucho carácter, y quiero lo mejor para mi equipo. La afición del rival intenta desmotivarme, pero yo tocaré las narices a quien sea.”
Dicen sus críticos que hace mucho teatro, que finge faltas. Y él lo acepta en parte, pero se justifica: “Físicamente, no soy como Felipe Reyes o Marc Gasol. Soy yo el que sale malparado de los golpes. Alguna vez he hecho un poco de teatro, lo reconozco, pero no soy el único. Todos lo hacen. Y decir que ganamos partidos porque hacemos teatro… Eso es no saber de baloncesto”.
Tras las batallas de la temporada española, Felipe y Marc han vuelto a ser compañeros de Rudy en la selección. Todo se olvida. “Pero no cuando nos encontramos en la selección”, dice él. “Ya antes. Tras los partidos vamos a cenar juntos. Lo bueno de la selección española es que somos muy competitivos. Si jugara contra mi hermana o un hermano, me enfadaría igual.”
También ha tenido problemas con los árbitros. “No me han respetado, eso es evidente. Aunque he sido uno de los jugadores que han recibido más faltas. He intentado mejorar mi relación con ellos, dejarles hacer su trabajo, pero ver que la Penya no tenía el mismo respeto que el Barça o el Madrid me afectaba.”
Sin él, y sin Aíto, el Joventut no será lo mismo. Pero tiene un sucesor, Ricky Rubio, un prodigio que debutó en la Liga ACB antes que nadie, a los 14 años. Una maravilla de quien, según algunos, Rudy tenía envidia, cuando lo cierto es que ha sido su amigo y su consejero. “¿Envidia? En absoluto. Ricky tiene una calidad increíble. Yo también viví el paso a la elite y, aunque algunos compañeros me ayudaron mucho, no tuve lo que se dice un padrino. Y eso es lo que he intentado ser yo para Ricky, para que no tuviera tanta presión. Por eso, siempre que algún partido no ha salido bien, yo he dado un paso adelante como responsable, para que no le pillara a él, aunque Ricky es muy fuerte mentalmente.”
Ahora, la NBA. Es tan grande la atracción de esa liga –aunque reconoce que “muchos partidos son aburridos, pues al no haber descensos no te juegas nada”–, que una estrella como Rudy Fernández se va allí perdiendo dinero y sabiendo que supone casi volver a empezar de cero para hacerse un hueco. “Perdiendo dinero, no; ganando menos”, aclara. “En Europa podría ganar muchísimo más, pero la NBA es un sueño, un reto que quiero afrontar: el de competir con los mejores del mundo. Y prefiero hacerlo ahora que soy joven, para formarme más y poder sacar luego un contrato mejor. De la NBA espero, sobre todo, competir y aportar cosas a los Blazers. No busco fama, grandes estadísticas ni ser la estrella, sino ganarme minutos y convertirme en una pieza importante del equipo.”
¿Qué le haría volver? ¿Jugar poco, no contar en los momentos importantes? Rudy lo tiene muy claro: “Yo lo que quiero es que la NBA me aporte cosas como jugador. Si veo que no, me vuelvo. Si el entrenador no confía en mí, también. Pero si no lo pruebo, no lo sabré nunca”.°
Una temporada que ha tenido una culminación de plata en los Juegos Olímpicos, donde la selección española fue subcampeona tras protagonizar con la de EE.UU. una final que figura ya entre los mejores partidos de la historia del baloncesto. Rudy Fernández, que ese día marcó 22 puntos en sólo 17 minutos, se perfila como el líder del equipo en las próximas competiciones, ya que Pau Gasol va a espaciar su presencia.
De Rudy empezó a hablarse, y bien, muy pronto. Cuando tenía 17 años, en un torneo júnior en Menorca, le endosó siete triples al Barcelona en un cuarto, y diez de once intentos en el total del partido. Y en l’Hospitalet, en uno de los torneos más prestigiosos de la categoría, hizo maravillas y llevó al triunfo al Joventut, al que llegó con 13 años, dejando en Mallorca a sus padres y a su hermana Marta, también jugadora internacional. Fue la primera decisión trascendental de su vida.
Había debutado en el primer equipo de la Penya tres días después de cumplir los 17 años y en la temporada 2003-2004, con 18, ya se consagró entre los más grandes. Fue el mejor jugador de la Copa del Rey y participó en los Juegos de Atenas.
¿Es difícil asimilar el éxito siendo tan joven? “Sí y no”, responde. “Sí, porque cada vez te piden más y no es fácil asumir tanta responsabilidad. Y no, porque mis padres y mi hermana estaban ahí para aconsejarme que mantuviera la humildad de siempre.”
En su último año de júnior se entrenaba con el equipo de esta categoría, con el de Liga EBA y con el primer equipo. Acababa a las once y media de la noche y a las seis y media de la mañana se levantaba para ir a clase. “Fueron años de muchos esfuerzos. Me faltaba tiempo para hacer lo que más me gusta: quedar con mis amigos y reír, reír mucho. Yo tenía pocas vacaciones y nunca coincidían con las suyas. Pero ahora tengo la recompensa.”
Su juego, con un amplio repertorio de acciones, es sumamente espectacular. Sobre todo, cuando ejecuta un alley oop, un mate tras recoger un pase volando muy alto. Pero asegura que a él le gusta más “poner un tapón, dar una asistencia o robar una pelota”.
“Esta temporada ha explotado. Y lo ha hecho de la mejor manera posible: haciendo ganar a su equipo”. Palabra de maestro. De Aíto García Reneses, que ha modelado la técnica y el carácter de Rudy para tutelar su consagración como primerísima figura. “Es mejor que vaya a la NBA ahora que el año pasado, porque tendrá mucha más seguridad en sí mismo”, afirma el técnico madrileño. “Lo mejor de Rudy es su talento. En ataque lee muy bien el juego, para saber cuándo ha de tirar, cuándo entrar a canasta y cuándo pasar el balón. Y en defensa es muy intuitivo, para cerrar o para anticiparse. A su edad no puede tener aún una sabiduría que le darán los años.”
Ídolo en Badalona, era el enemigo público número uno en las pistas del Real Madrid o el Barcelona, los grandes rivales de la Penya…, que le han hecho más de una oferta para irse con ellos. ¿Esa fijación obedecía a que era la figura de un adversario directo o a su manera de jugar? “De todo un poco. Yo sé que en la pista soy una persona muy ganadora, con mucho carácter, y quiero lo mejor para mi equipo. La afición del rival intenta desmotivarme, pero yo tocaré las narices a quien sea.”
Dicen sus críticos que hace mucho teatro, que finge faltas. Y él lo acepta en parte, pero se justifica: “Físicamente, no soy como Felipe Reyes o Marc Gasol. Soy yo el que sale malparado de los golpes. Alguna vez he hecho un poco de teatro, lo reconozco, pero no soy el único. Todos lo hacen. Y decir que ganamos partidos porque hacemos teatro… Eso es no saber de baloncesto”.
Tras las batallas de la temporada española, Felipe y Marc han vuelto a ser compañeros de Rudy en la selección. Todo se olvida. “Pero no cuando nos encontramos en la selección”, dice él. “Ya antes. Tras los partidos vamos a cenar juntos. Lo bueno de la selección española es que somos muy competitivos. Si jugara contra mi hermana o un hermano, me enfadaría igual.”
También ha tenido problemas con los árbitros. “No me han respetado, eso es evidente. Aunque he sido uno de los jugadores que han recibido más faltas. He intentado mejorar mi relación con ellos, dejarles hacer su trabajo, pero ver que la Penya no tenía el mismo respeto que el Barça o el Madrid me afectaba.”
Sin él, y sin Aíto, el Joventut no será lo mismo. Pero tiene un sucesor, Ricky Rubio, un prodigio que debutó en la Liga ACB antes que nadie, a los 14 años. Una maravilla de quien, según algunos, Rudy tenía envidia, cuando lo cierto es que ha sido su amigo y su consejero. “¿Envidia? En absoluto. Ricky tiene una calidad increíble. Yo también viví el paso a la elite y, aunque algunos compañeros me ayudaron mucho, no tuve lo que se dice un padrino. Y eso es lo que he intentado ser yo para Ricky, para que no tuviera tanta presión. Por eso, siempre que algún partido no ha salido bien, yo he dado un paso adelante como responsable, para que no le pillara a él, aunque Ricky es muy fuerte mentalmente.”
Ahora, la NBA. Es tan grande la atracción de esa liga –aunque reconoce que “muchos partidos son aburridos, pues al no haber descensos no te juegas nada”–, que una estrella como Rudy Fernández se va allí perdiendo dinero y sabiendo que supone casi volver a empezar de cero para hacerse un hueco. “Perdiendo dinero, no; ganando menos”, aclara. “En Europa podría ganar muchísimo más, pero la NBA es un sueño, un reto que quiero afrontar: el de competir con los mejores del mundo. Y prefiero hacerlo ahora que soy joven, para formarme más y poder sacar luego un contrato mejor. De la NBA espero, sobre todo, competir y aportar cosas a los Blazers. No busco fama, grandes estadísticas ni ser la estrella, sino ganarme minutos y convertirme en una pieza importante del equipo.”
¿Qué le haría volver? ¿Jugar poco, no contar en los momentos importantes? Rudy lo tiene muy claro: “Yo lo que quiero es que la NBA me aporte cosas como jugador. Si veo que no, me vuelvo. Si el entrenador no confía en mí, también. Pero si no lo pruebo, no lo sabré nunca”.°
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