Las edades del niño
Este artículo ha sido realizado con el asesoramiento de Carme Thió, psicóloga, asesora pedagógica en escuelas de educación infantil y primaria y autora de Entre pares i fills (entre padres e hijos) (Ed. Barcanova), y Josep Maria Cubells, pediatra, jefe de pediatría ambulatoria del USP Instituto Universitario Dexeus y autor junto a Sonia Ricart de ¿Por qué lloras? (Ed. Martínez Roca).

La experiencia de crecer será única en cada caso. Cómo será ese bebé que estrena su historia dependerá, sobre todo, del momento y el lugar en los que el azar ha decidido ponerlo en el mundo, que determinarán sus necesidades. Influirá también en su personalidad un mapa genético, una herencia biológica. Pero sin lugar a dudas, serán su aprendizaje, sus experiencias y su educación lo que sobre todo formará ese primer equipaje y conformará un ser único, singular.
La evolución física y mental tomará caminos de ensayos, errores y aciertos. Para el niño, crecer es fácil, pero hacerlo en un mundo que no está hecho a su medida y en el que los padres no tienen la tarea exclusiva de educarlo no lo es tanto. Conocer las edades de la infancia y las necesidades de cada momento hará de su educación un quehacer fabuloso. Los niños nunca acaban siendo como los adultos imaginamos. Pero asumido esto, qué bueno es disfrutar en el proceso.
Grandes debates para seres pequeños
La crianza presenta dilemas en cada una de sus etapas. A veces, las opciones son diametralmente opuestas y esto genera un debate entre partidarios y detractores. Nos gustaría saber cuál es la opinión de los lectores en nuestra web www.magazinedigital.com sobre los temas que se abordan en este espacio o, si cabe, plantear otros debates.
Guarderías sí, guarderías no
Las guarderías existen porque los padres y las madres trabajan fuera de casa. Si no, no serían necesarias. Los pequeños, especialmente si son menores de dos años, no se benefician de ellas sino que, efectivamente, su lugar natural antes de ir a la escuela es su casa y sus padres.
Sus defensores tienen otros argumentos. De entrada, ¿sería buena madre una profesional que lo deja todo por la crianza? ¿Es preferible una canguro desganada o una profesora preparada? ¿Un abuelo que eduque a su estilo o una línea pedagógica? Las guarderías, elegidas a conciencia, son un buen lugar para adquirir hábitos y relacionarse con otros niños, y el personal es experto y sabe lo fundamental que es repartir afecto sin límites.
Supernanny: crack o éxito mediático
En una bonita casa de las afueras de Londres, una dulce parejita –ella, de 4 años; él, de 6– hacen que las paredes tiemblen. Es la guerra. Llega Supernanny, machaca al padre de las criaturas, que seguro que no está tanto en casa como debería –una constante en todos los capítulos de esta popular serie de la BBC–, e impone unas pautas de psicología conductista que acaban metiendo en vereda a los niños de forma mágica.
Sus métodos no son aplaudidos por todos. Imponer, aunque sea con buenas formas, los clásicos premio y castigo no acaban dando resultados a largo plazo ni fuera del ámbito de acción de los padres. Además, es un programa de televisión. No está asegurado que todo lo que se ve sea de verdad.
Estivill sí, Estivill no
El método de este doctor, recogido en el libro Duérmete niño, ha dado la vuelta al mundo. El principio básico es que el niño puede aprender unos patrones de sueño. Se trata de crearle un ambiente favorable y dejarlo solo, con su muñeco y su chupete, hasta que se duerma, sin cogerle en brazos y dejándole llorar si es necesario durante ciertos periodos. Según los que lo prueban, funciona, y de ahí su éxito.
Pero este método levanta críticas por muchos flancos. No es aconsejable, según muchos pediatras, dejar llorar a un bebé ni sustituir la figura del papá o la mamá por un muñeco. Se han publicado unos cuantos libros que defienden otros métodos para inducir al sueño que y atacan a Estivill. Uno de los más populares es Bésame mucho, del pediatra Carlos González.
Demasiado corazón
La historia de la psicología infantil doméstica está cargadita de mitos. Cuando tienen menos de dos años, no es raro escuchar “no lo cojas en brazos que se acostumbra”, “este niño es muy listo y os está tomando el pelo”. Si se es demasiado permisivo, alguien espeta: “Este niño será un mimado”. Como el padre o la madre han oído que la sobreprotección va fatal a los niños, acaban pensando que quizás los consejeros tienen razón.
En general, los niños pequeños, dicen otros, no saben tomar el pelo. Necesitan protección y cariño y nunca los brazos, besos y abrazos serán demasiados para darles la bienvenida al mundo y acompañarlos en sus primeros años de vida.









