07/12/2007

El legado de Laia

Texto y fotos de Pep Àvila
En el 2004, Laia Mendoza, una joven de 24 años, emprendió un viaje de seis meses a India. Allí tuvo conocimiento del tsunami y, junto a un amigo, Lluís Compte, movilizó a sus familiares y sus amigos de España para conseguir ayudas. Laia regresó a su casa con la voluntad de dar continuidad a sus proyectos, pero un accidente de tráfico acabó con su vida. Ahora, sus allegados han puesto en marcha una fundación para hacer realidad aquellas iniciativas.

Bañarse en una de las ciénagas que riegan los arrozales se convierte en la actividad principal del día en Vedanthangal

“Tengo tantas cosas por hacer y vivir aquí, todavía… Es extraño pensar que dejaré todo esto. Se me encoge el corazón cuando escribo. Sentir y pensar que no sabré cómo continúan muchos hechos de la vida de ciertas personas. Sé que no irán bien…” Cuando Laia escribió estas palabras en su diario de viaje, nadie podía imaginar que nunca más regresaría a Vedanthangal, un diminuto municipio de apenas 3.800 habitantes en el estado de Tamil Nadu, al sur de India. Aquí había pasado los tres meses anteriores, y en ese momento estaba a pocos días de regresar a Barcelona. Sufría por tener que abandonar el lugar y a la gente que tan afectuosamente la había acogido.
En agosto del 2004, Laia Mendoza emprendió un largo viaje por India que duró seis meses. En diciembre conoció por casualidad a Lluís Compte en el sur del país, un joven de Badalona, economista de profesión. Estando allí se enteraron por la escasa prensa local y por el inequívoco boca a boca que un tsunami acababa de asolar las costas de ese estado, el más golpeado de todo el país. El caos era total. Quince mil muertos y miles y miles de personas sin casa ni comida. Rápidamente se pusieron en contacto con sus familias para contarles que estaban bien y que abrirían una cuenta bancaria para ayudar a los damnificados. “No es preciso que me recree para que entendáis que esta gente está desesperada (…).

No es cuestión de días, sino de horas. Es por ello que si queréis colaborar, vuestra aportación será bien recibida. Necesitamos dinero para poder comprar comida, ropa, medicinas, esterillas, herramientas para reconstruir las casas, etcétera”.
La respuesta por parte de amigos y familiares fue inmediata y generosa. En menos de una semana recibieron casi 30.000 euros, lo que les hizo sentir una enorme ­responsabilidad.
Al cabo de un intenso mes regresaron a Vedanthangal, en donde se habían conocido y donde desde el principio habían establecido una relación especial con sus habitantes. Laia apuntó una reflexión en su diario acerca del hecho de que en el interior del estado –la localidad se encuentra a 80 kilómetros de la costa– había muchas familias que, a pesar de no haber sufrido ninguna tragedia natural, eran infinitamente más pobres. Con el tiempo se fueron dando cuenta de que ahí era necesario elaborar proyectos de desarrollo.

La cercanía con la gente hizo que conocieran historias dramáticas de esa zona agrícola donde el 70 por ciento de los habitantes pertenece a la casta más baja, los dalits o intocables. Los nacidos en esta casta, sistema que sigue vigente a pesar de que fue abolido en 1950, viven situaciones de pobreza extrema porque no pueden ser propietarios de sus tierras y para vivir tienen que hacer los trabajos que las castas superiores rechazan, trabajos considerados sucios o degradantes. Por su impureza, los intocables son repudiados e insultados. Se les prohíbe recoger agua de los mismos pozos que las otras castas y comer y beber con los mismos utensilios. El agua de esa zona, muy rica en lagos y pantanos, está contaminada, y beberla es el origen de la mayoría de las enfermedades. Además no hay médicos a menos de 30 kilómetros y el transporte es precario. Estos son algunos datos que ilustran la dura realidad que Laia y Lluís comenzaban a conocer sobre el terreno.

Pero Laia tenía billete de regreso. Lluís quería quedarse un poco más, y ya tenían previsto dar continuidad a distancia a las iniciativas que juntos habían planeado. Sin embargo, un trágico hecho truncó la situación. La noche de San Juan del 2005, Laia murió en un accidente de coche en Menorca. Tenía 24 años.

“… Estoy sentada bajo un árbol que deja caer encima de mí flores blancas preciosas. Estoy delante de casa, en Vedanthangal, y hoy hace tres meses que llegué... parece que el tiempo haya querido correr demasiado y, a la vez, parece que en medio haya pasado una vida entera… Más extraño es marcharse cuando hay tantas cosas aquí que todavía podría hacer…, pero el tiempo se escurre entre los dedos, y no puedo cerrar la mano…”°

Un niño en una barbería de Vedanthangal, donde el 70% de la población infantil sufre desnutrición

Cada mañana, las mujeres hacen un dibujo geométrico (kólam) en la entrada de sus casas o de un templo para atraer la prosperidad

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de: Blaia Garcia | 12/05/2009
És meravellós que es tinguin sentimens altruistes envers els països pobres, India, Àfrica, etc. Però, ¿heu pensat en els molts malats que teniu a prop vostre, que necessiten companyia, un somriure, temps senzillament? Sembla que els que tenim al costat no es veuen. Demanem constanment ajuda per acompanyar dues hores un cop al mes uns malalts tetraplègics i la resposta és sempre "no puc, no tinc temps, ho sento, estic molt ocupada," etc. Si en tens ganes, vine amb nosaltres una petita estona els diumenges. Tan sols un al mes, i durant dues hores. Gràcies. Som a Alella (Maresme).
de: Laura | 31/03/2009
Maravilloso ejemplo. Laia consiguió lo que quería. Triste final para ella, pero seguro que su fuerza se sigue notando en India. Yo fui a India y volví destrozada. Vivimos en un mundo injusto y materialista. Allí aprendes que no tienes nada y son inmensamente felices. ¡Hay tantas cosas que tenemos que aprender de ellos! Estoy emocionada.
de: Carmen Hidalgo | 01/03/2009
Podríais contactar con Burkinafaso També, una ONG nacida a raíz de las experiencias de un burkinabés y una catalana, que intentan explicar la realidad de la emigración y crean proyectos para la cultura y la educación. También han creado Kambakids, una linea de ropa infantil de 1-4 años, que se fabrica directamente en un taller en Uagadugú. WWW.burkinafasotambe.org

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