12/04/2009

Adicciones que creíamos inofensivas

Texto de Mercedes de la Rosa
Fotos de Ana Jiménez
Actividades cotidianas aparentemente inofensivas como navegar por internet, comprar unos zapatos, hacer ejercicio, trabajar, hablar por teléfono o tener relaciones sexuales pueden generar una conducta adictiva. No necesitan de sustancias químicas para provocar dependencia y ocurren en silencio. 
OBSESIONADOS CON LA PERFECCIÓN
En los gimnasios hay muchas personas que sufren vigorexia sin saberlo. Los síntomas que lo delatan son una preocupación excesiva por la perfección corporal, que buscan en el ejercicio; hablan frecuentemente de su peso, y llevan a cabo dietas ricas en alimentos proteicos, a veces incluso anabolizantes, para aumentar la musculatura. 
Las adicciones no químicas son difíciles de detectar. Entre adolescentes, son signos de alerta el absentismo o dejar actividades. Entre adultos, mentir, la falta de sueño y la irritabilidad
Ninguno de ellos quiere ser reconocido. Ha sido difícil convencerles de que compartieran sus vivencias, aun asegurándoles una identidad falsa. El silencio de la incomprensión pesa. “La gente se piensa que eres una viciosa, y no es así. La adicción, aunque sea no química, es una enfermedad que te hace sufrir mucho.” Cristina hubiera preferido una patología física que pasar por lo que ha pasado: “Te sientes muy sola, y no puedes contarlo, porque es algo aparentemente muy frívolo”.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), una de cada cuatro personas sufre trastornos de conducta relacionados con las nuevas adicciones. Bajo este término, o el de adicciones no químicas, comportamentales o socioadicciones, se agrupan los trastornos que, aun no precisando de sustancias químicas como la droga, el alcohol o un psicofármaco para obtener el anhelado subidón, pueden crear la misma dependencia y provocar consecuencias similares.

¿Dónde está la frontera entre comprar mucho y ser adicto a las compras; entre ser sexualmente activo o sufrir un trastorno de adicción al sexo; cuál es la diferencia entre trabajar largas horas y ser laboradicto, entre hacer ejercicio y ser vigoréxico, entre usar las nuevas tecnologías y ser dependiente? La línea la delimita el uso, la frecuencia, la intensidad, la cantidad de tiempo y el dinero invertido y, sobre todo, el grado de interferencias que estas suponen en las relaciones familiares, sociales y laborales de la persona afectada. Enrique Echeburúa, catedrático de terapia de conducta de la facultad de Psicología de la Universidad del País Vasco, apunta que, en las toxicomanías, la distinción entre drogas duras y drogas blandas es irrelevante; “más que el tipo de sustancia, lo que importa es la dependencia y, en último término, la pérdida de libertad que provoca a la persona”.

Parte del ocultismo que existe alrededor de estas adicciones se sustenta en que no están reconocidas como tales en clasificaciones médicas como el DSM-IV (Asociación Americana de Psiquiatría) o el CIE-10 (OMS), donde se agrupan bajo el término trastornos. El diagnóstico adicción está reservado a las producidas por un abuso de sustancias. Sin embargo, muchos de los profesionales que las tratan están en desacuerdo con la división. “La evolución de estas conductas es igual a la de cualquier adicción química”, explica Javier Gotti, psiquiatra de la unidad de conductas adictivas del hospital Clínic de Barcelona. “Aumentan los niveles de dopamina –neurotransmisor cerebral responsable del subidón–, se da una mayor necesidad de uso, dificultad para controlar la actividad, y al iniciarse un periodo de abstinencia aparecen irritabilidad y malestar, con riesgo de recaída.” Para el director del Centro Específico de Tratamiento y Rehabilitación de Adicciones Sociales (Cetras) de Valladolid, Blas Bombín, es necesario erradicar el prejuicio de que estas son un vicio, mientras que las toxicomanías son una enfermedad, porque las hace todavía más invisibles.

El entorno de Cristina se dio cuenta de que sufría un problema cuando en su empresa descubrieron que había falsificado cheques con la firma del jefe. El incidente destapó que debía 50.000 euros al banco, dinero que se había gastado en ropa y complementos. “Yo sabía que hacía mal; acumulaba muchas deudas, pero, en vez de pagarlas con el dinero que robaba y los créditos que pedía al banco, gastaba más. No podía parar. Nunca pensé en las consecuencias.” Comprar le ayudaba a saciar la angustia que sentía. Visitó a psiquiatras y psicólogos, pero no entendían su problema, y eso le hacía sentirse todavía peor. Cuando llegó a Atención e Investigación de Socioadicciones (AIS) se dio cuenta de que estaba enferma.

Las adicciones no químicas son conductas difícilmente detectables en una primera fase. Al tratarse de actividades socialmente aceptadas, y algunas, como el trabajo o el deporte, incluso bien valoradas, es difícil reconocerlas como tales. “Muchos familiares de adictos no entienden de qué les hablamos”, apunta Vega González, gerente de AIS y terapeuta de Cristina. Algunos signos que pueden dar la voz de alerta entre adolescentes son el abandono de actividades, un bajo rendimiento escolar o el absentismo. Los adultos suelen sufrir alteraciones en el sueño, deterioro físico u obsesión por él, inestabilidad emocional, descenso en la capacidad intelectual e irritabilidad, y mienten con asiduidad. Los afectados llegan a la consulta del profesional tras un episodio que hace evidente el problema. Es frecuente, incluso tras la explosión, que nieguen lo que ocurre. Juan no había salido de su cuarto en meses; no se duchaba, y sólo comía cuando su madre le dejaba la bandeja detrás de la puerta. Vivía enganchado a internet. “No tengo ningún problema. Si quiero, puedo dejar de conectarme”, le dijo a la terapeuta el día que sus padres lograron que dejara su cueva, engañado.
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de: David Celada Bartolomé | 07/05/2009
A Ramón: Ante todo decirte que es un placer reponder una opinión bien redactada, y creo que argumentada. No, masturbarse varias veces al día no es frecuente ni creo que sano. No se trata de limitar, sino de pautar. Además, el límite no es solamente el respeto a los demás, sino a uno mismo (y una adicción no es respetarse a uno mismo, porque no se puede disfrutar de las otras cosas que a uno le gustan al estar obsesionado con algo). Además, nuestra libertad puede dañar, y no creo que los límites coarten verdaderamente.
de: Ana Vallejo | 02/05/2009
Hola a todos: Soy nueva en esto pero nunca imaginé que a mí me pasara esto.. hace un mes descubrí por accidente que mi pareja se manda mensajes pornográficos y fotografías masturbándose con chicas que conoció por chats. No sé qué hacer y rogaría que alguien me pudiera decir dónde acudir y como intentar solventar esta situación... Muchas gracias
de: Gonzalo Sánchez Garrido | 19/04/2009
Estoy totalmente de acuerdo con Ramón... no se puede limitar el comportamiento del ser humano a lo que algunos creen "normal", está claro que habrán extremos, pero estos artículos se lo toman a pecho personas que igual no están en ese caso, por eso hay psicólogos... la automedicación, ya sea por fármacos o psicológica (como en este caso) no es buena, y la están fomentando...
de: Ramon Ribó | 17/04/2009
El artículo me parece bastante estúpido. Si a cada actitud humana que no encaja con los estándares pequeño-burgueses más enraizados le damos nombre de enfermedad, estamos limitando peligrosamente el ibre albedrío humano. Soy consciente de que sólo se escribe para rellenar páginas de Magazine dominical y distraer al personal, pero temo a sus efectos secundarios sobre el intento de limitar la capacidad de las personas de tomar sus propias decisiones y escoger su vida.
de: Lancy Navoll | 13/04/2009
¡Que buen artículo! Me ha ayudado a reconocer algo en mi conducta, ya que creo tener una gran adicción al internet y a la televisión. Prefiero quedarme en casa perdiendo el tiempo en cualquiera de las dos, que salir con los amigos o cumplir con mis responsabilidades. Preferiría pensar que soy una persona hogareña, pero ahora no sé si estoy negando mi condición. De todos modos, gracias por hablar del tema.

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