07/06/2009

La ruta de los moriscos

Texto de Joaquim Roglan
Fotos de Marc Arias
El autor de La catedral del mar, uno de los escritores españoles que más venden en el mundo, recorre Córdoba para explicar su nueva novela, La mano de Fátima. Ildefonso Falcones cuenta en esta ocasión una historia de amor en la Andalucía del siglo de oro con la mezquita como principal escenario.
Lla plaza de la Corredera, donde aún se conservan dos edificios de aquella época

Siguiendo a Fátima y a su amado Hernando, el escritor va a las caballerizas reales, donde Hernando, también llamado Ibn Alamid, doma caballos y colabora con clanes secretos musulmanes. “Construidas por Felipe II, aquí se creó una nueva raza de caballos cortesanos, la española. Este edificio albergó hasta dos mil caballos y ya me impactó cuando visité Córdoba por primera vez, porque fui jinete de saltos y aún monto a caballo.” Hernando es un niño morisco de las Alpujarras, crece en Córdoba e intenta salvar y transmitir su cultura frente a un cristianismo que controlaba todos los movimientos de los moriscos y elaboraba listas de los que iban a misa y de cuándo se confesaban. “Como Cisneros quemó cientos de miles de libros musulmanes, los moriscos intentaron sincretizar las dos religiones mediante los Libros Plúmbeos y llevar al ánimo cristiano que los musulmanes no eran tan indeseables como creían. Lo hicieron con láminas de plomo escritas en árabe, medallones, huesos, cenizas y reliquias. La paradoja es que el Papa los declaró heréticos porque consideró que las reliquias eran falsas, pero el obispo de Granada las declaró auténticas y aún se veneran.”

Camino de la judería, tiendas para turistas, joyerías que comercian con plata de Córdoba y artesanos de la piel repujada. En tiempos de su novela, los judíos ya habían sido expulsados y los moriscos ocuparon su aciago puesto. Un alto en el palacio de Viana, “es el vivo ejemplo de los palacios que aparecen en las vidas de Fátima y Hernando”. Anochece ya cuando Falcones mira la carta de un restaurante en lo alto de una terraza. “Salmorejo y chuletas de lechal, pero que sean de palo.” Mientras, otra mirada sobre la ciudad de Averroes. “En Córdoba se encuentra la conjunción de dos culturas y dos religiones porque no derribar la mezquita fue fundamental. Son dos estilos arquitectónicos muy diferentes, y hay gente que no le gusta, pero quien se fije verá que las dos religiones se viven en toda la ciudad antigua y le será fácil imaginar cómo fue aquella época.” La camarera tiene los ojos tan grandes y negros como Fátima.

La historia de la sublevación y la represión de los moriscos le ha llevado durante tres años por Valencia, Córdoba, las Alpujarras y Granada. “Dentro de la estructura española, Granada era una ciudad mora sin historia cristiana. Por eso Córdoba no es comparable a Granada, ni tampoco a Sevilla o Toledo, que siempre quisieron superar esa lacra.” De regreso al palacio del Bailio, pasa por la calle Imágenes. Un cartel dice que ha sido “tomada por los vecinos” y la han llenado de flores hasta rebosar. Unas pancartas ironizan sobre el continuo comprar y vender casas en ese dédalo de callejuelas. “En Córdoba se vive el casco antiguo porque no fue abandonado. Es una ciudad limpia, pulida y hospitalaria, sin ruido de coches ni bocinazos. Su encanto se debe a un conjunto de cosas: el ambiente, los edificios, el clima…”

La luna llena platea el patio del palacio. Un vino fino, dulce y negro invita a hablar de literatura en la ciudad de Góngora. “No he hecho una novela histórica sobre los moriscos porque todo eso está ya escrito en crónicas y en libros historiográficos. Yo empiezo a urdir historias, las uno y las sitúo en una época, que es distinto.” Vida, amor, muerte y secretos se entrecruzan en cada una de ellas como en una filigrana arabesca. Y algo recuerda las tramas de El Quijote, que también anduvo por Córdoba. Antes de ir a dormir, última pregunta: ¿a qué huele Córdoba? “Depende de la época. Ahora, a naranjos y azahar.” Fátima ya sueña.

Como Cervantes, Falcones eleva a mito literario la popular plaza del Potro y su fuente.

 El palacio del Bailio evoca a la nobleza cordobesa
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de: Francisco Moya Leiva | 10/06/2009
Se me presentó en un restaurante de Pampaneira (Las Alpujarras). Como un turista asturiano que hacía preguntas sobre don Juan de Austria, en el entorno de las Minas de Fátima que se encuentran allí mismo. Sin saber que estaba en la cuna del cristianismo, pues lo primero, después de vencer a Soliman, fue erigir un monumento al Padre eterno. No hay que olvidar que el vínculo entre el gato y el hombre tiene carácter eterno. En "La Lomilla del Aire", un lugar limpio gracias a su launa, el profeta Mahoma dejó descansar a su gato. Por cierto, que los autóctonos se llaman los gatos, pero, claro, con esto de Obama, Córdoba vende más.
de: CARLOS A. M. | 10/06/2009
Por fin. Ya era hora. Somos muchos los que estábamos esperando su nuevo trabajo. Con que fuera la mitad de bueno que el anterior ya sería increíble.

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20 de mayo
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Una historia de amor

 'La mano de Fátima' narra la vida de un joven morisco atrapado entre dos amores y dos religiones, así como la búsqueda de su libertad personal y la de su pueblo, en la Andalucía del siglo XVI. La novela aparece cuando se cumplen 400 años de la expulsión de los moriscos de España, en 1609.

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