Stephen Hawking
"Hemos de emigrar urgentement a otros planetas"

Hawking se cruza con una peregrina en el puerto de Fisterra, uno de los lugares que visitó en su semana gallega
Con lo bonita que es Galicia, ¿qué necesidad hay de viajar al espacio, señor Hawking?
Galicia me ha encantado. Uno de los momentos más emocionantes que he vivido últimamente ha sido realizar un trecho del camino de Santiago y asistir al vuelo del botafumeiro en la catedral. Encontré muy simpático que el deán no realizara referencias muy religiosas en su discurso y se refiriera a mí como “peregrino de la luz”. Me han gustado mucho las ostras y el albariño. Pero ello no se contradice con que tenga previsto, además, un viaje al espacio para diciembre del 2009, gracias a la generosidad de Richard Branson (el dueño de Virgin), porque quiero alentar los vuelos espaciales tripulados. A largo plazo, el futuro de la raza humana deberá transcurrir en el espacio. Si deseamos que la especie humana tenga un futuro, es decir, continúe existiendo durante otro millón de años más, tendremos que emigrar e ir, sin ninguna duda, allá donde nadie ha ido antes.
Pero ¿se sabrá vivir ahí fuera?
Nuestra experiencia con la Estación Espacial Internacional muestra que es posible que los seres humanos sobrevivan durante meses alejados del planeta Tierra. Sin embargo, la gravedad cero a bordo provoca numerosos e indeseables cambios psicológicos y debilitamiento de los huesos, así como problemas prácticos con líquidos. Sería deseable, entonces, una base a largo plazo para que los seres humanos pudieran asentarse en un planeta o en una luna, en condiciones similares a las terrestres. Perforando la superficie, se conseguiría aislamiento térmico y protección frente a los meteoritos y los rayos cósmicos. Ese planeta podría servir también como fuente de materias primas por si la comunidad extraterrestre tuviera que automantenerse independientemente de la Tierra.
Pero ¿no es posible salvarse sin salir de la Tierra?
El futuro de la raza humana, a largo plazo, será en el espacio. Es ya muy difícil evitar un desastre en el planeta Tierra en los próximos cien años, no le digo ya en los próximos mil o un millón de años. Los humanos no deberíamos poner todos los huevos en la misma cesta, en el mismo planeta. Esperemos poder evitar que la cesta se caiga antes de haber esparcido la carga, que somos nosotros. En el pasado, los descubrimientos científicos supusieron ventajas para nuestra supervivencia. Pero hoy puede suceder lo contrario: que nuestros descubrimientos científicos
nos destruyan a todos.
La clave secreta del universo (Montena), que ha escrito usted junto a su hija Lucy, es su primera novela de ficción, y en ella se ve cómo una niña va descubriendo el funcionamiento del cosmos. Usted consiguió con su Historia del tiempo (1988) que los ensayos sobre temas científicos se convirtieran en best sellers. ¿Por qué se ha pasado a la ficción?
Para intentar cambiar las cosas. La baja estima en la que se tiene a la ciencia y a los científicos está teniendo serias consecuencias. Cada vez menos gente desea convertirse en científico, es un oficio que pierde glamur. Los niños quieren ser otras cosas. Y esto es un auténtico desastre, porque el mundo es cada vez más científico. Esta novela es un pequeño paso para alentar a las nuevas generaciones. Yo estudié física y cosmología porque quería respuestas a grandes preguntas: por qué estamos aquí, de dónde venimos. No hay nada como la emoción del descubrimiento, cuando encuentras algo que nadie antes conocía.
¿Por eso lo ha escrito? ¿No hay otras razones?
Claro. Trabajar en el libro nos acercó a mi hija Lucy y a mí. Una de las pocas cosas que lamento es que mi condición física impidió que pudiera jugar con mis hijos tanto como me habría gustado. Esto fue una idea de Lucy, hace unos tres años. Me dijo: “Papá, ¿por qué no escribimos un libro de ciencia para niños?”.
¿Se sabrá algún día por qué existe el universo y por qué existimos los humanos?
La ciencia está contestando cada vez más preguntas que solían ser antes dominio de la religión. La cuestión última que la religión puede reclamar como propia es el origen del universo, pero incluso aquí la ciencia está haciendo progresos, y pronto debería proveernos una respuesta definitiva. Algún día las grandes preguntas que hoy nos hacemos nos parecerán tan obvias como que la Tierra gira alrededor del Sol.
Pero esa explicación científica no tiene por qué contradecir la existencia de Dios, ¿no? Porque la ley científica podría ser fruto de su diseño, ¿o no?
Esa es la cuestión: ¿fue el modo en el que comenzó el universo escogido por Dios por razones que no podemos entender, o fue determinado simplemente por una ley científica? Yo creo en la segunda opción. Si le parece, puede llamar a las leyes científicas Dios, pero no se trataría entonces de un Dios personal, al que poder conocer y hacerle preguntas. Ese Dios sería como la encarnación de las leyes de la naturaleza. Pero entonces no podría intervenir en el universo para romper esas leyes, porque él mismo es la ley. Y esa no es la visión usual de un Dios omnipotente.








