05/07/2009

El planeta Berlusconi

Texto de María-Paz López
Fotos de Yolanda Treceño
Silvio Berlusconi, tres veces primer ministro de Italia, suele provocar perplejidad en el extranjero por sus comportamientos poco ortodoxos, pero los votantes italianos han apostado por él varias veces en las urnas desde que entró en política en 1994. Aunque las revelaciones sobre su vida privada han erosionado su imagen, es aún un experto en liderazgo político y televisivo.

Silvio Berlusconi, primer ministro italiano, gesticula en un acto electoral en Milán el día de cierre de la campaña de las últimas europeas.

Italia lleva quince años bajo el influjo del cerebro político-mediático de Silvio Berlusconi, el mandatario europeo más peculiar de los últimos tiempos, un personaje de comportamientos discutibles que fuera de Italia suele despertar una mezcla de desconcierto y perplejidad. Las últimas revelaciones sobre su vida privada, repleta de señoritas en flor e incluso de prostitutas de lujo, han atizado ese estupor internacional, y por primera vez desde que il Cavaliere se metió en política, están dañando también su reputación dentro del país.

Una atmósfera de fin de imperio rodea a un líder con singularidades hasta cierto punto más relevantes que las desveladas en estos últimos dos meses, y con las que los italianos habían convivido sin grandes aspavientos durante mucho tiempo. Así, Berlusconi es dueño de una cuantiosa fortuna como empresario televisivo, posee un abultado historial de procesos judiciales –de los que acostumbra a salir indemne–, y como primer ministro del centroderecha se ha movido por el escenario político italiano con modos de amo y señor.

Podrá parecer un enigma ahí fuera, pero hasta ahora sus votantes en Italia le han perdonado eso y mucho más, como se vio en las elecciones europeas de primeros de junio, que ganó pese al picante aliño que dieron a la campaña electoral las varias historias sobre su vida privada. A primeros de mayo, su esposa, Veronica Lario, anunció su intención de divorciarse, invocando varias razones, entre ellas la afición de il Cavaliere a tener trato con chicas. Veronica Lario, de 52 años, segunda mujer de Berlusconi y madre de tres de sus cinco hijos, vive desde hace años en casa aparte, aunque a pocos kilómetros de la residencia de su marido, ubicadas ambas en localidades cercanas a Milán.

Saltó entonces a la fama una jovencita napolitana, Noemi Letizia, a cuya fiesta de cumpleaños acudió meses atrás el primer ministro, sembrando así dimes y diretes sobre por qué un político de 72 años frecuenta guapas muchachas en su tiempo libre. La cacareada vinculación entre Berlusconi y la bella Noemi –que cumplía 18 años, y que había entablado amistad con él siendo aún menor– hizo correr ríos de tinta en Italia y en el extranjero. Luego, poco antes de las elecciones europeas del pasado 7 de junio, emergieron fotos de invitados de il Cavaliere en su mansión de Cerdeña, captadas con teleobjetivo por un paparazzo sardo. Había allí chicas en bikini y top-less en piscinas y duchas, escenas de fiestas y piscolabis al aire libre, y aparecía hasta el ex primer ministro checo, Mirek Topolanek, practicando nudismo en familia. Y hace dos semanas una investigación judicial sugería que algunas invitadas a las fiestas de il Cavaliere cobraban por asistir, y que al menos una, Patrizia D’Addario, de 42 años, compartió su lecho.

La cosa ha provocado monumental estruendo político y periodístico, y un eco relativamente menos acusado en la sociedad. “Los italianos se han interesado por el caso Noemi o por las fiestas de Berlusconi por curiosidad y como cotilleo, pero eso no influyó decisivamente en el comportamiento de los votantes en las elecciones europeas –argumenta Sofia Ventura, politóloga de la Universidad de Bolonia–. En Italia existe una cultura de doble moral, de trasfondo católico, según la cual el comportamiento privado no se considera fundamental a la hora de valorar el cargo público. En los países protestantes sí se espera que ambas facetas coincidan, y aunque ambos modelos producen exageraciones, la doble moral practicada en Italia resulta negativa para el desarrollo civil.”

Entre los votantes varones del centroderecha, ese cóctel de noticias sobre fiestas, muchachas y vida de rico setentón supuso en aquel momento incluso un plus. “Este es un país machista, y al final a muchos hombres les gusta pensar que Berlusconi, a su edad, aún tiene éxito con las mujeres –razona Ventura–. En realidad, muchos hombres, pero también muchas mujeres, se miran en él como en un espejo.”

Reparto de propaganda en un acto electoral de Pueblo de la Libertad, el partido unificado con el que Silvio Berlusconi concurrió a las pasadas elecciones europeas y provinciales.

Jóvenes seguidoras de Forza Italia, el partido original de Berlusconi, en un acto en el palacio de deportes de Milán
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de: Mario | 07/07/2009
"La televisione, basta, non guardarla."
de: Gabriele Gomorra | 06/07/2009
Dio maiale. Se fosse per me, lo deporterei in Lapponia a leccare i culi delle foche.
de: Pietro D'Acunto | 06/07/2009
Purtroppo il vero problema sono gli Italiani che lo votano e che continuano a credere alle sue sciocchezze. Siamo un paese rimbambito dalla televisione e questo è un processo che dura ormai da quasi 20 anni. Berlusconi è l'artefice ed allo stesso tempo il beneficiario di tale rimbambimento. Quando usciremo dal berlusconismo temo che molti italiani diranno "ma noi non sapevamo!", "chi poteva immaginare queste cose!". Si tratta di una sindrome già verificatasi alla caduta di Mussolini, una sindrome di un paese che non diventa mai adulto.

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