"He llegado a la madurez en paz conmigo misma”

Carmen Romero, en el domicilio de unos amigos en el Eixample de Barcelona
No es muy amante de las entrevistas, pero se muestra amable en el diálogo periodístico, aunque se manifiesta con extrema prudencia. A sus 62 años, se ríe cuando se le comenta que es de las pocas abuelas a las que ha dedicado ocho páginas la revista Vanity Fair. Además, presume de disfrutar con locura de sus cinco nietos. Y de tener amigos, aunque asegura que le gustaría contar con más. En cualquier caso, es evidente que en el último año han cambiado muchas cosas en la vida de Carmen Romero, pero en la actualidad se la ve con inquietudes, con ganas de emprender nuevos retos. Ella, que suele decir que la discreción ha sido siempre su fórmula para sobrevivir, se muestra recelosa ante la grabadora. Cuando ésta se para, se relaja y explica que sin su prudencia, sin su reserva y sin su defensa de su privacidad no hubiera podido ser quien es. Y confiesa que la estimula tener que estar con un pie en Bruselas y otro en Madrid en los próximos años, y que se encuentra bien consigo misma. Incluso no descarta en los próximos años escribir una novela.
¿Por qué después de cinco años alejada de la política se dejó convencer para presentarse a las elecciones europeas?
Porque venía trabajando durante estos años en una iniciativa de construcción de un espacio mediterráneo con personalidades de la sociedad civil de las dos orillas, en un grupo de amistad que se llama Círculo Mediterráneo. Fueron ellas quienes me convencieron de que era interesante estar en el Parlamento Europeo, a fin de plasmar un proyecto político para trabajar por ese espacio del sur, por la Europa del sur.
¿Qué nos estamos jugando en Europa?
Nos estamos jugando el propio proyecto europeo, sobre todo cuando Europa pierde relevancia ante otros países emergentes. Por ejemplo, las reuniones de BRIC (Brasil, Rusia, India y China) demuestran que son estados que quieren tener más capacidad de decisión en los escenarios internacionales. De hecho, están componiendo una fuerza de futuro que resulta importante para la modificación de las instituciones internacionales, como es el caso del Fondo Monetario Internacional, las Naciones Unidas o el Banco Mundial. El problema es saber qué papel va a desempeñar Europa en el mundo. Hemos de saber si queremos que tenga su propia identidad como proyecto político, si estamos dispuestos a que tenga un peso político fuerte, si le damos instrumentos para que pueda contribuir a superar la crisis económica y si deseamos que sea capaz de impulsar en el mundo los valores que la constituyen. Si no respondemos afirmativamente a estas cuestiones, Europa perderá relevancia.
En algún sitio se ha escrito que Sonsoles Espinosa la convenció para que se presentara en las listas del PSOE.
A mí no me consta, pero probablemente ella lo haya visto bien. En realidad ha habido muchas mujeres en el partido que sí que me han animado a formar parte de la candidatura.
¿Como quiénes?
Pues mujeres diputadas y no diputadas. Como Paca Sauquillo, que ha trabajado conmigo en proyectos del Mediterráneo. Y como otros compañeros diputados con los que he compartido tareas en el Parlamento durante quince años, en los que me dediqué sobre todo a temas de interior y de justicia, siendo portavoz en asuntos de narcotráfico, seguridad y criminalidad organizada, que necesitan una mayor regulación en el marco europeo.
Usted habla inglés, francés, italiano, lo que le facilitará su trabajo en las instituciones europeas. ¿Cuándo tendremos un presidente del gobierno que hable algo más que castellano?
Yo creo que los idiomas, sobre todo el inglés, forman parte del bagaje básico de un ser humano para moverse en el mundo. No sólo para ser presidente. Hoy se necesita el inglés no únicamente para moverse en la vida real, sino también en el mundo virtual de internet. Hoy es la lengua franca y creo que es imprescindible conocerla.
¿Teme que le resulten especialmente duros estos años de cielos plomizos en Bruselas?¿ A qué renuncia para ir al Parlamento Europeo?
Sobre todo al placer de vivir un poco más tranquila y a disfrutar de mis amigos y de mis nietos. Pero a pesar de que dicen que el clima es un inconveniente, siempre digo que la luz la lleva uno dentro, ¿no? Yo quisiera llevarme mi luz a Bruselas.
¿De qué color es su luz?
Brillante (risas).
Ha sido traductora del poeta Valerio Magrelli o de la novelista Anna Banti, que recreó la vida de la pintora Artemisia en un libro que ha publicado recientemente Ediciones Alfabia. ¿Por qué en España goza de poco prestigio la traducción, en general?
Hasta un cierto momento, la tarea del traductor no se apreciaba. Es más, hemos tenido algunos malos traductores en nuestra tradición literaria. Seguramente porque se les pagaba muy mal. No quiero con ello decir que hoy sea una profesión bien remunerada, porque son muy pocos los que viven sólo de la traducción. La mayoría intenta compatibilizarla con otro trabajo. Y claro, esto después repercute en la calidad de las obras literarias. El trabajo de un traductor resulta una labor de creación, no se trata de pasar un texto de una lengua a otra.
Y eso es un plus que un traductor aporta a partir de su propio bagaje intelectual.
De Artemisia Gentileschi, ¿qué es exactamente lo que le fascinó? ¿Quizás que fue capaz de jugarse el tipo para no vivir a la sombra de un hombre?
Hay muchas cosas que me fascinaban del personaje histórico de Artemisia y del recreado por Anna Banti, que no son exactamente lo mismo. También me interesó la propia relación de la novelista con la pintora del renacimiento, porque al final la biografía es una especie de novela a dos voces. Artemisia vivió a la sombra de sus contemporáneos masculinos: fue violada por su maestro y tuvo que someterse a un reconocimiento humillante para defender su honor. Fue una gran pintora, en parte eclipsada por un padre que trabajó con Miguel Ángel en la Capilla Sixtina , pero que supo hacerse un hueco en un mundo de hombres.
Cuando habla de Italia se le iluminan los ojos. ¿Ha sentido el síndrome de Stendhal en algún paisaje italiano, esa sensación de contemplar la belleza en estado puro?
Reconozco que me encanta Italia, que es un país que ha fascinado a cantidad de escritores que incluso han escrito sobre ella, no sólo es el caso de Stendhal, sino también de Goethe y de tantos otros. Es uno de esos países por los que nunca me da pereza hacer la maleta.
Josep Pla tiene unas narraciones magníficas sobre las ciudades italianas.
Sí, me consta. Es un país que ha tenido una historia fascinante y muy literaria. De Italia deslumbra el paisaje, pero tanto como su historia o como la ficción que ha inspirado. Sin olvidar el encanto del carácter de sus habitantes.
Entonces, ¿qué piensa cuando lee las cosas que ocurren en la Italia de Berlusconi, donde se diría que se ha producido una quiebra del Estado democrático?
Yo creo que los italianos han visto pasar grandes acontecimientos a lo largo de más de dos mil años de historia. La huella de lo que fue la antigua Roma no puede omitirse por algunos episodios contemporáneos. Me contaban una anécdota de cuando entraron por primera vez los alemanes en la ciudad. La gente que estaba en los cafés miraba, pero ni siquiera se sorprendía, como si fuera una nueva invasión de las muchas que ha tenido que resistir el país. Yo creo que sigue presente la conciencia que los italianos tienen de vivir en un país que ha sido el centro del mundo y que les permitirá superar las adversidades.
Pero resulta evidente la fragilidad de la sociedad civil. Durante muchos años Italia se ha podido permitir el lujo de vivir un poco al margen de la política, pero una cosa es que la política ralentice el país y otra que acabe siendo un obstáculo.
Italia ha sido un país con una gran fortaleza ciudadana y recuperará su pulso. Después de un tiempo, viene otro. Estados Unidos ha vivido una determinada etapa con Bush y ahora está conociendo otra diametralmente distinta con Obama. Las sociedades saben reaccionar a los malos momentos, y en Italia puede estar a punto de suceder algo parecido. Los países viven transiciones que, a veces, no son fáciles de digerir. Probablemente esta transición esté siendo más lenta de lo que una gran parte de los italianos quisiera, pero no dudo de que Italia saldrá adelante con un nuevo horizonte.
La izquierda italiana lleva años desunida, sin un líder carismático y sin un discurso estimulante.
A veces los tiempos históricos son un poco más largos de lo que nos gustaría.
Zapatero le ha dicho recientemente a Felipe González que “nunca se ven las cosas igual cuando se está en el gobierno”. ¿Se pierde la perspectiva de la realidad cuando se está en el poder?
Ignoro si las cosas desde el poder se ven diferentes, porque no he ejercido nunca el poder. Ésta es una buena pregunta para Zapatero o para Felipe González. Es una cuestión a la que debe responder un gobernante.
Pero usted ha estado al lado del poder, así que puede contestar si cree o no que es más fácil ver los toros desde la barrera.
Esto es una obviedad.
De su etapa en la Moncloa, ¿qué fue lo más duro?
Seguramente, los atentados terroristas.
¿Le costó mucho seguir siendo Carmen Romero entre las paredes del palacio? ¿Cree que la gente entendió siempre que quisiera mantener su vida y su mundo?
Yo creo que sí, que la gente lo entendió. No me sentía primera dama porque eso es una consideración que en todo caso corresponde a la reina. Siempre intenté alejarme de esta etiqueta. Era la primera vez que la mujer de un presidente trabajaba, pues tenía mi profesión como profesora de lengua y literatura.
¿Le resultó difícil mantener esta cierta independencia?
Pues quizás más difícil que si hubiera tenido otro entorno y otra situación, pero al fin y al cabo era el que yo había elegido.
En esta época es cuando escribió la traducción de la novela Artemisia.
Sí, fue en esa época, a finales de los ochenta, cuando dejé de dar clases en el instituto Calderón de la Barca de Madrid. Entonces, todavía no había decidido mi compromiso político, así que empecé a hacer traducciones e hice algún otro ensayo literario. Pero no promocioné el libro de Artemisia por una cuestión de pudor.
Y como madre, ¿resulta complicado criar a tres hijos en la Moncloa ? ¿Entendieron ellos que aquel palacio era una residencia provisional y que aquello no resultaba exactamente su mundo aunque formaban parte de él?
No resultó más difícil que lo pueda tener una familia que se encuentra en situaciones semejantes, bien porque alguno de los progenitores pertenece a la carrera diplomática, bien porque son directivos de una multinacional. Son situaciones de provisionalidad a las que mucha gente se acostumbra por circunstancias de la vida.
Se acaban de cumplir cuarenta años de su ingreso en el PSOE. ¿Recuerda aquel día de 1968?
No fue un día específico. Mi entrada en el partido fue resultado de una especie de proceso. Ocurrió al final de mi carrera. Yo empecé a dar clases inmediatamente después de terminar mis estudios universitarios y me inicié en el compromiso sindical. Milité en el sindicato de enseñanza, y a partir de ahí fui madurando mi compromiso político .
Pero un día le dieron el carnet, ¿o no?
Juraría que físicamente no me dieron ningún carnet, que hubiera sido un documento comprometedor. Después sí que tuve uno.
En aquella época quizás mejor tener pocos papeles…
Exacto. Era una militancia sobreentendida.
Y si mira por el retrovisor, si vuelve la vista atrás, ¿qué contempla? ¿Cómo ha cambiado usted y cómo lo ha hecho España? ¿Se considera miembro de una generación privilegiada por la historia?
Miro hacia atrás y me doy cuenta de que he tenido el privilegio de formar parte de una generación que ha conseguido cambiar muchas cosas en España. Entre aquella España que nos encontramos en la dictadura y la que hoy nos corresponde vivir en democracia, han transcurrido unos años de muchísimos cambios. Y desde luego, en lo que respecta a las mujeres, ha sido un cambio fundamental, muy decisivo. Desde la generación de nuestras madres hasta la generación de nuestras hijas, no hay nada que sea comparable. Prácticamente, los parámetros de nuestras vidas son otros, absolutamente distintos. Haber formado parte de esta generación que protagonizó la transición ha sido un privilegio. Y ahora esta etapa en Bruselas también la contemplo como un último privilegio del que voy a disfrutar, al poder estar en primera fila también en la construcción de Europa en un momento decisivo.
¿Se siente en este sentido una mujer afortunada?
Sí, no tengo ninguna duda de que he sido una mujer afortunada.
A lo largo de estos años ha tenido ocasión de conocer a muchos políticos. Cíteme alguna persona que le haya impresionado.
Ha habido muchos, no solamente uno. Pero si tuviera que citar alguno quizás destacaría a Olof Palme, que era un personaje encantador, de gran autoridad moral. Y también a Willy Brandt, un tipo que igualmente impresionaba.
¿Recuerda cuándo los conoció?
En los congresos del PSOE de comienzos de la democracia, cuando venían a apoyarnos, encabezando una delegación de los partidos socialistas europeos. Después tuve ocasión de volverles a ver y de intimar un poco más, coincidiendo con la llegada de los socialistas al poder en España.
Usted ha sabido proteger siempre muy bien su vida privada. ¿Cómo contempla este espectáculo de tanta gente poniendo precio a su intimidad?
Por principio soy bastante reacia a emitir juicios de opinión sobre los otros. Entre otras razones porque prefiero juzgar los comportamientos políticos a las conductas humanas.
¿Cómo se lleva con las nuevas tecnologías? ¿Está en Facebook?
Intento conocerlas y trabajar con ellas. Son un instrumento muy útil si uno sabe de verdad utilizarlas. No estoy todavía en Facebook. Quizá en algún momento me lo plantee. Sé que es útil para muchas cosas, pero resulta una dimensión nueva para mí que todavía no he probado. En todo caso, me gustan las redes de internet. Lo que pasa es que, a veces, me desbordan. Tengo que saber manejar un poco mejor mis espacios.
Debe de ser una de las pocas abuelas que han aparecido en Vanity Fair. ¿Le divierte el ejercicio de abuela? ¿Le compensa?
Digamos que ser abuela resulta una experiencia gratificante. Esta relación con un ser diminuto, con una persona que empiezas a ver cómo va creciendo, cómo se va formando, cómo lo vas seduciendo poco a poco, es una experiencia muy enriquecedora. Comprendo que quienes no tengan nietos quieran tenerlos.
Pero esta experiencia ya la tenía como madre.
No, no es igual.
¿Por qué?
Porque con los hijos tienes obligaciones y con los nietos no. Con los nietos las obligaciones son de los padres. Tú no tienes más que el disfrute.
Una vez dijo, estando en la Moncloa, que le gustaría llegar a la madurez en paz consigo misma. ¿Lo ha conseguido?
Lo intento (risas). Pero sí, suscribiría la frase hoy lo mismo: en mi madurez me siento totalmente en paz conmigo misma.
Dígame un sueño pendiente.
Tener muchos amigos. Tengo bastantes, pero siempre soñé tener más.
¿Les exige mucho a los amigos?
Pues a veces sí, pero también doy.
¿Hay algún político que le interese conocer en el Parlamento Europeo?
Tengo ganas de conocer a varios. Me han hablado de Verhofstadt, que es un político liberal. Tengo curiosidad por conocer a algunos políticos jóvenes que van a ir al Parlamento Europeo, como por ejemplo esa chica italiana que se llama Debora Serracchiani, que es una de las esperanzas de la izquierda. O esa otra chica joven sueca, Eva-Britt Svensson, que va también a la Eurocámara por un partido que defiende la libertad en internet. Incluso me interesa hablar con esta abogada húngara llamada Krisztina Morvai, de una organización considerada de extrema derecha, para preguntarle cómo se puede ser abogada defensora de los derechos humanos y estar en un partido de estas características. Estas paradojas que se van a dar en el Parlamento Europeo me llenan de curiosidad y me gustaría profundizar en ellas.
Recomiende un libro para estas vacaciones.
Depende de si prefiere ficción o no. Yo ahora estoy leyendo un libro de historia de Toni Judt que me parece fascinante y que se llama Posguerra, pero son 1.200 páginas y no es para unas cortas vacaciones. Es un libro para leerlo en los pequeños ratos que vas robándole cada día a tu trabajo. Una buena novela para el agosto sería La suite francesa, de Irene Nemirovsky. Me parece una escritora fascinante.
¿Sabe cómo va a manejarse en Bruselas? ¿Va a vivir en un hotel o se buscará piso? ¿No da una sensación de provisionalidad el hecho de residir entre dos ciudades, con la maleta a medio hacer?
Una cierta provisionalidad puede ser buena en algunos momentos de la vida. A mí no me molesta esta sensación, al contrario, me atrae.
¿Conoce bien Bruselas?
No. He estado varias veces pero no la he pateado. Me gustaría conocer la Bruselas de la calle tanto como la Bruselas de las instituciones.
Para este periodista la felicidad es un domingo por la mañana, con los croissants recién horneados, un motón de diarios, el café con leche caliente, sabiendo que su mundo está en orden. ¿Cuál diría que es su concepto de felicidad?
Pues este es un buen retrato.
Pero este es el de este periodista, no vale.
(Se ríe) Es que los seres humanos somos bastante semejantes.







