19/07/2009
El contagio de la danza
Texto de Maricel Chavarría
Foto de Annie Leibovitz
Transgresora, exigente hasta el último suspiro, la danza de la desaparecida Pina Bausch contagia como un virus. Los coreógrafos más jóvenes se inspiran en ella, una mujer que se apartó del exitazo para seguir creando.

Pina Bausch, con su amigo el coreógrafo Yohji Yamamoto en Villeneuve-les-Avignon, (Francia) en el 2000
ANNIE LEIBOVITZ/ CONTACT PRESS IMAGES
La magia de Pina Bausch actúa como lo hace un virus informático, como el malware que se infiltra en las entrañas del ordenador sin que nadie se percate y se acomoda para quedarse. De ese mal muere su público, contagiado para siempre por esa capacidad que tenía la artista alemana de centrifugar las entrañas y hacer aflorar las emociones ocultas. Quien alguna vez le abrió de par en par el disco duro sabe a qué atenerse: el sistema operativo ya es un sistema cautivo, siempre querrá más, no podrá dejar de proyectarse a sí mismo las poderosas imágenes que dejó la coreógrafa.
Los obituarios publicados tras su repentina muerte por cáncer, el 30 de junio, brindan una nítida fotografía de la reina de la danza teatro en la cumbre de su creatividad. Una detallada crónica de la evolución vivida por la alumna aventajada de una escuela de danza de provincias hasta su elevación al altar de las más selectas audiencias.
Unas semanas después, marchitos ya los claveles rosas que se repartían en su memoria en los teatros, pensar en Pina Bausch no es sólo invocar el flash-back de sus memorables creaciones –La consagración de la primavera, Nelken, Bandoneon, 1980…–, sino plantearse hasta qué punto se trata de una artista trascendente. Determinar, por ejemplo, por qué los movimientos encarnizadamente repetitivos, intermitentes, acaso angustiosos de los creadores jóvenes parecen tan deudores de la magia producida durante décadas en la factoría de Pina Bausch en Wuppertal.
Bausch es la autora más plagiada de las últimas décadas; el mundo está lleno de coreógrafos que la copian incluso sin saberlo. De hecho, la teatralidad dancística y dramática ya está empapada de estructuras bauschianas. Así lo constata Roberto Frattini, teórico de la danza y dramaturgo. En su opinión, las pautas creativas de Bausch son relativamente fáciles de identificar en la obra de otros coreógrafos. “Fue la maestra de la serialización, de la repetición de unos patrones de movimiento, una obsesión de la danza contemporánea a partir de Pina.”
Los obituarios publicados tras su repentina muerte por cáncer, el 30 de junio, brindan una nítida fotografía de la reina de la danza teatro en la cumbre de su creatividad. Una detallada crónica de la evolución vivida por la alumna aventajada de una escuela de danza de provincias hasta su elevación al altar de las más selectas audiencias.
Unas semanas después, marchitos ya los claveles rosas que se repartían en su memoria en los teatros, pensar en Pina Bausch no es sólo invocar el flash-back de sus memorables creaciones –La consagración de la primavera, Nelken, Bandoneon, 1980…–, sino plantearse hasta qué punto se trata de una artista trascendente. Determinar, por ejemplo, por qué los movimientos encarnizadamente repetitivos, intermitentes, acaso angustiosos de los creadores jóvenes parecen tan deudores de la magia producida durante décadas en la factoría de Pina Bausch en Wuppertal.
Bausch es la autora más plagiada de las últimas décadas; el mundo está lleno de coreógrafos que la copian incluso sin saberlo. De hecho, la teatralidad dancística y dramática ya está empapada de estructuras bauschianas. Así lo constata Roberto Frattini, teórico de la danza y dramaturgo. En su opinión, las pautas creativas de Bausch son relativamente fáciles de identificar en la obra de otros coreógrafos. “Fue la maestra de la serialización, de la repetición de unos patrones de movimiento, una obsesión de la danza contemporánea a partir de Pina.”
de: Carolina Masjuan Boix | 19/07/2009
Pude verla en el Liceu, donde aparte de emocionarme con ambas obras, sentí vergüenza por la mala educación e incomprensión de una parte del público. Agradezco a Maricel Chavarría y al Magazine este reportaje, así como su interés por la danza.







