La encrucijada de una urbe
Madrid DF

Calles y edificios vacíos en el ensanche de Vallecas
“Sólo por este paisaje vale la pena vivir aquí.” Alfonso Llerena –40 años, charlatán– señala el horizonte-tras-el-balcón: una planicie amarillenta. El desierto del kilómetro 32 de la A-4, en la provincia de Toledo. Pero la alegría reina en el quinto piso del número 4 de la calle El Greco, en la urbanización El Quiñón de Seseña, el corazón del sueño enladrillado de Francisco Hernando, el Pocero. Luz Marina, la mujer de Alfonso, muestra alegre “su pisazo”. Esta hostelera en paro elogia la piscina del edificio. “Además, vivimos a 300 metros de la Comunidad de Madrid”, matiza. Cuando habla de servicios frunce el ceño. Alfonso trabaja en Villaverde, en el sur de Madrid, como vigilante jurado. Va en coche porque “es imposible en transporte público”. La lista de peros es larga. No hay farmacia ni estanco. No hay hospital. “Van llegando comercios –afirma Alfonso–, pero faltan cosas.”
Cinco de la tarde. El calor mordisquea el asfalto de El Greco. La calle, casi desierta. Un hombre sin camiseta susurra un “no spanish, chequish”. En el locutorio New People, el colombiano Carlos Enrique López comenta algunos robos en garajes. A unos metros, una estatua de los padres del Pocero de aire estalinista preside una rotonda y las “campiñas rasas, yermas, polvorientas” que describió Azorín hace un siglo en Castilla. María Ángeles Vicente, encargada del autoservicio Montero, repite/martillea un “esto es precioso, niño”. El Pocero, dice, es buena gente. “Se pasea por aquí con limusina y guardaespaldas, yo haría lo mismo”, matiza. María encarna el perfil de los 2.800 vecinos censados en la urbanización. La culpa de que el Pocero haya paralizado la construcción de El Quiñón, según ellos, es del alcalde de Seseña, Manuel Fuentes (Izquierda Unida). Los vecinos no hablan de burbuja inmobiliaria. El Pocero es un Dios-concede-sueños, papá ladrillo. Ahora ha huido con sus grúas a Guinea Ecuatorial. De las 13.508 viviendas previstas, sólo se han levantado 5.600. Muchas siguen sin vender. Encerradas en calles valladas. Pero sus vecinos –clase baja e inmigrantes– apoyan al constructor que jamás leyó un libro. Los informes de la Junta de Castilla-la Mancha desa-consejaron la urbanización. Pero ya es tarde. Alfonso, Luz Marina, María, todos aguardan un futuro incierto en el minilujo de piscinas y pádel de sus edificios.

Nuevos vecinos de Seseña , la ciudad del
Pocero, en la frontera de Madrid y ToledoLadrillo sin fronteras
El Quiñón es apenas un grano de arena de la expansión metropolitana de Madrid. La ciudad que, según el periodista Luis Carandell, “surgió de la nada” en las últimas décadas se ha estirado como un chicle. La superficie urbanizada de la Comunidad de Madrid desde 1987 hasta el 2000 creció un 50%, según el proyecto Corine Land Cover. Tras la ley autonómica del 2001, polémica por su “todo suelo es urbanizable”, la situación se desbocó. De Madrid al cielo de la edificación: 407.344 viviendas construidas entre el 2001 y el 2008, según el Ministerio de Vivienda. La cifra sube a casi un millón, según el colectivo Observatorio Metropolitano, si se cuentan las viviendas en ejecución. Y a 1.150.000 incluyendo a poblaciones limítrofes de Toledo, Segovia, Guadalajara y Ávila. El Ayuntamiento de Madrid ha sembrado 390.000 viviendas (208.808 en ejecución), suficientes para 1.056.900 nuevos habitantes, según sus propias fuentes. La ciudad crece. Construye. Se estira.
Las infraestructuras de este descomunal Madrid Distrito Federal, además, avanzan a un ritmo vertiginoso. La Comunidad de Madrid ya cuenta con 2.600 kilómetros de carreteras, de ellos, 1.000 de autopistas, el doble que hace diez años. En el 2004, tenía ya 174 kilómetros por millón de habitantes, frente a los 43 de Londres, según el Instituto para la Planificación Urbana y Desarrollo del Área de París (Iaurif). Pero el Gobierno de Esperanza Aguirre está construyendo 334 kilómetros de carreteras. Y hay más: el metro posee una red de 317 kilómetros (sólo superado por Nueva York y Londres). Llega hasta municipios como Arganda, a más de 20 kilómetros de Madrid. Aquella ciudad-rompeolas de todas las Españas del poeta Antonio Machado, la villa y corte de 700.000 habitantes de principio de siglo, suma y sigue. Y prolonga su influencia en una espiral de barrios-ciudades-provincias dormitorios. El eslogan oficial de la Comunidad de Madrid, “la suma de todos”, ya excede su frontera/cuerpo.
¿Pero necesita Madrid más habitantes que los 6.251.876 de su censo del 2008? ¿Había demanda de vivienda para construir tanto? ¿Existe un tejido económico para tanta población? ¿La crisis frenará el crecimiento del Madrid DF? “No había necesidad de tantas viviendas. Los políticos se cegaron por intereses personales.” Habla Pedro Ortiz, cerebro del crecimiento metropolitano de Madrid. Dirigió el plan Regional de Estrategia Territorial de 1996. El modelo, a falta de un plan metropolitano como el que Barcelona tiene desde 1976, se convirtió en la Biblia urbana del gran Madrid. “La ciudad –afirma este arquitecto y urbanista– no creció como una mancha de aceite, como las urbes europeas en el siglo XIX, sino como salpicadura de aceite.” Habla de un huevo friéndose. Y de pequeñas gotitas que saltan. Madrid creció en el siglo XX cuando ya existía el transporte privado. Y las gotitas/ciudades se desarrollaron aisladas, sin tejido económico propio.
El plan sugería un modelo reticular (no centralizado) que comunicaba las urbes/gotas periféricas. Proponía la creación de las unidades de desarrollo equilibrado (UDE), centros urbanos con residencias y zonas productivas. “Colgábamos el crecimiento de poblaciones con estaciones de cercanías infrautilizadas. Las primeras 200.000 viviendas fueron eficaces”, matiza Pedro Ortiz. Su plan impulsó, entre otras cosas, la M-45 (conexión este-sur), el aclamado Metro Sur, desarrollos urbanos como los de Meco o Humanes y polígonos productivos como el de Parla (en el sur). El Madrid DF de cuadrículas descentralizadas tomaba forma. El plan se aplicó durante cuatro años.

Una pareja en su piso de 55 metros en el nuevo barrio del ensanche de Vallecas








