27/09/2009

Javier Mariscal

"Cobi no era para tanto"

Texto de Joaquim Roglan
Fotos de Carlos González Armesto
Javier Mariscal expone en Londres, publica dos libros sobre su vida y su obra y prepara una película de dibujos animados con Fernando Trueba. Ha dibujado tebeos y ha diseñado muebles, bares, hoteles, discotecas, barcos, logotipos de instituciones y empresas, ropa, calzado,
juguetes… Mundialmente reconocido, es el padre de Cobi y otras mascotas. Pero, en el último rincón de su intimidad, sólo es un hombre tierno que llora y juega.

Javier Mariscal, en su estudio de Palo Alto, en Barcelona

“Dos de mis hijas tienen dislexia,y ahora entiendo por qué me costó tanto aprender a leer y escribir. Me pasaba la vida dibujando”

Javier Mariscal trabaja rodeado de nuevos rascacielos, pero su estudio es una fábrica de curtidos del siglo XIX y un jardín salvados del continuo derribar y construir que son las ciudades. Todo lo que hay en esa gran nave, con doscientas personas integradas en sus equipos, lleva su firma. Cuadros, maquetas, muebles, enseres domésticos, telas, planos, juguetes, ordenadores… Mariscal es uno de los diseñadores más famosos del mundo y podría lucirse en un espacio más refinado, pero accede a hablar en su desván. Ronda los sesenta años, y a esa edad ya se ha aprendido que si se quiere conocer a una persona, no hay lugar más íntimo que su desván.

¿De este almacén de recuerdos ha salido el material de su exposición en el Design Museum de Londres y de su libro Mariscal’sketches?
Sí, porque una muestra retrospectiva obliga a reabrir archivos y a mirarte en el espejo, cosa que no suelo hacer porque siempre miro adelante. Mariscal’sketches es mi libro íntimo, hecho a base de apuntes, dibujos y bocetos nunca publicados. Y es la primera vez que escribo algo.

¿Nunca es tarde para empezar a escribir?
Dos de mis hijas tienen dislexia, y ahora entiendo por qué me costó tanto aprender a leer y a escribir algo correctamente. Me pasaba la vida dibujando, y mis hermanos se reían de mí. Yo no escribía, dibujaba letras. Ellos conocieron el mundo leyendo a Salgari o a Stevenson, y yo, a través de los cromos, imágenes y dibujos.

¿Cómo es el relato gráfico de su vida?
Hay materiales desde los años setenta del siglo pasado hasta el 2000, pero no hay formato. Da igual que sean a lápiz, bolígrafo o acuarela, hay cosas hechas en un avión o en una playa. Es un discurso muy libre, los dibujos se dan besos, están contentos de vivir juntos, y las
hojas pasan con ritmo, sin leyes ni retículas. Es todo a sangre, es una liberación.

¿Se libera de su pasado?
No. Es como los libros de fotografía de Maria Espeus, Català Roca o Xavier Miserachs cuando retrataron el barrio chino de Barcelona. Son imágenes potentes de una época pasada, como parte del testamento de una mirada personal. Está impreso por Pedro López, el mejor impresor de España, y es de agradecer que empresas de nuestro país hagan las cosas con cariño, buscando la perfección, con riesgo, gozando, trabajando con luz del amanecer, sacando el mejor partido a las máquinas…

¿Algo que ver con la revista Víbora de su juventud?
Nazario y yo habíamos llorado muchas veces con Víbora. El editor usaba el papel peor y más barato, imprimía de noche, nos insultaba y nos pagaba mal. Era el típico editor de nuestro país.

¿Con qué compararía su libro íntimo?
Con los vinos del Priorat que hace el arquitecto Alfredo Arribas. Son vinos con diseño, arquitectura, semántica y semiótica. Muy distinto de otro libro que me publica una multinacional china y que irá por todo el mundo.

En este país ya casi nadie estudia semiótica ni mima la semántica.
Pero nuestros ancestros sí. Ellos dibujaban casitas y ovejitas para comunicarse desde antes del alfabeto. Cuando dibujas, sientes que estás haciendo algo muy primitivo, porque los dibujantes llevamos más tiempo de historia que los escritores.

¿Acumular recuerdos es síntoma de envejecer?
No. Vivo muy del presente. Reabro archivos, pero a la vez hago una película de dibujos animados con Fernando Trueba. Odio que gente de mi edad diga que cuando éramos jóvenes vivíamos mejor. Cuando mi hija Julia tenía ocho años, una mujer me dijo que es una lástima que los niños crezcan. Ahora Julia es artista conceptual, fui a su exposición en Londres y lloré de emoción. Era mi nena, pero su mejor época es ahora. Y mi mejor recuerdo es el presente.

Usted ya está en los libros de historia del diseño y en los de historia del cómic como el primer dibujante underground cuando en España todo era underground.
Estoy en la historia desde que mis padres me apuntaron en el registro civil y en el libro de la parroquia. Después, hasta los políticos eran underground, porque íbamos a manifestaciones y gritábamos democracia sí, dictadura no. El underground ha desaparecido como algo oculto de las leyes y del Estado, pero aún existe en todas las artes como experimentación de gente joven, con pocos medios y no comerciales. El underground son nuevos lenguajes y nuevas maneras, pero con el alcalde que tenemos en Barcelona dentro de nada será perseguido por todos los cuerpos de policía.

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de: Francesc Risalde | 29/09/2009
¡Magnífico, este hombre! La vida, dedicada a los garabatos y a ganarse el respeto de la gente. Eres mi icono en el mundo del grafismo, ¡me encantaría ir a comer unas sardinas contigo!

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