06/12/2009

Mimos de familia

Texto de Beatriz San Román
Fotos de Xavier Cervera
Niños que recuperan su derecho a vivir en un hogar; padres y madres que comprenden que, para querer y educar, no se necesita poseer. La acogida es una figura poco conocida aún en España, pero, para miles de niños y adultos, constituye una opción de familia.

Eva, en el parque, con el hijo que acogieron hace ya más de tres años, y que lleva muy bien lo de tener dos familias

Uno no elige la familia en la que nace, pero, cuando los adultos tienen dificultades, los niños se llevan la peor parte. Miguel no eligió nacer prematuro ni que su madre, que trabaja como asistenta interna en una vivienda de clase alta, no pueda ofrecerle un techo. A sus once meses no conoce otro hogar que el centro donde vive. Es un bebé triste, come poco y llora mucho. Sólo se calma cuando su cuidadora lo acurruca en su regazo. Cuando ella termina su jornada o cuando está ausente, nadie es capaz de hacerle sonreír. Todavía no gatea ni sabe mantenerse sentado.

Carla, que a sus siete años ha pasado ya por dos residencias de menores, tampoco pudo hacer nada para evitar la enfermedad mental de su progenitor ni la depresión que incapacita a su madre. A los 18 meses fue recogida por los servicios sociales, tras el aviso de una vecina que la escuchó llorar durante horas a través del patio de las viviendas. Su madre había ingerido una sobredosis de barbitúricos y no podía oírla. Durante unos meses vivió con su abuela materna, pero, cuando esta se rompió la cadera, fue trasladada a una institución. Ha pasado la vida deseando tener una familia como los demás niños, aferrándose a la esperanza de que tal vez el mes que viene, la próxima Navidad, cuando termine el cole… Ahora parece que ha tirado la toalla.


Los trabajadores del centro dicen que es muy lista y que no da problemas, pero Carla apenas habla y no muestra interés en aprender las tablas de multiplicar: “Es como un autómata que va y viene y que esconde su dolor y su rabia tras una expresión impasible”, señalan los especialistas del centro.

Como casi 30.000 niños españoles, Carla y Miguel están bajo la tutela de la Administración porque sus padres no están en condiciones de hacerse cargo de su cuidado. Muchos de ellos vive con algún pariente (los abuelos, unos tíos...), en lo que se denominan acogimientos en familia extensa. Sin embargo, casi la mitad no tiene familiares que les puedan atender. Entre estos pequeños, son mayoría los que están viendo pasar su infancia en residencias donde tienen cubiertas todas sus necesidades materiales, pero nadie puede escuchar sus cuitas al volver de la escuela o puede consolarles cuando tienen pesadillas. Otros, gracias a la acogida familiar, sí han encontrado el calor de un hogar, el cariño y la atención individualizada que ningún centro de menores puede proporcionar, más allá de las limitaciones de la biología y la mala suerte.

Isabel y José Antonio recuerdan con satisfacción cómo sus hijos acogidos han formado ya sus propias familias

Hijos propios más hijos acogidos, todo un clan

Isabel Pascual
50 años. Ama de casa y demostradora comercial José Antonio Escarnio
55 años. Comerciante

Cuando Isabel y su marido acudieron por primera vez a los servicios sociales para ofrecerse como familia acogedora, ni siquiera existía una ley que lo regulase. “Teníamos ya dos hijos, de 11 y 13 años, y nos planteamos: ¿por qué no otros dos que necesiten una familia?” Durante varios años, tuvieron en acogida permanente a dos chavales de edades parecidas a las de sus hijos biológicos. “Seis personas y cuatro de ellas adolescentes, ¡ni te lo imaginas!”, recuerda la madre con una amplia sonrisa. “Entre ellos, tenían una relación de hermanos: compartían complicidades, se protegían… y se peleaban, claro. Eran un clan.” Fueron años intensos, con sus altibajos, pero de los que Isabel guarda un grato recuerdo. “Hubo momentos difíciles en que nosotros y nuestros hijos nos volcamos en los acogidos. No hemos hablado de ello, pero supongo que, en algunos momentos, mis hijos biológicos pudieron sentir que su llegada hizo que perdieran un poco a su mamá y su papá. Espero que un día, ahora que ya son adultos, el tema salga en la conversación y podamos hablarlo”, dice. Cuenta que sus dos hijos de acogida también son hoy independientes y han formado sus respectivas familias. Lo dice con merecido orgullo de madre, con la satisfacción de quien ve los frutos de muchas horas y energía invertidas en su crianza. Ella sabe que quizás, si no hubieran tenido una referencia familiar en su adolescencia, su vida sería distinta.
Isabel desborda sentido común y energía. Fundadora de una de las primeras asociaciones de familias acogedoras, es una luchadora que reparte su tiempo entre las demostraciones que realiza para una empresa de electrodomésticos y los que ella llama cariñosamente “mis niños”. “Normalmente trabajo durante el fin de semana, por lo que tengo mucho tiempo para dedicarles, ellos son mi principal ocupación. Ningún bebé debería estar en un centro de menores”, afirma. Cuando le preguntan por lo difícil que debe ser devolver a la familia biológica a un niño que has tratado como un hijo, no lo duda un segundo: “¿Devolver? Yo no tengo nada que devolver, porque no tengo nada de nadie. Mis hijos no me pertenecen. Las personas somos libres y no somos propiedad de nadie”, responde.

Familias puente
A diferencia de la adopción, el acogimiento en familia ajena sigue siendo muy desconocido en España. A menudo se producen confusiones entre una fórmula y otra, en gran parte por la existencia de las acogidas preadoptivas, una etapa del proceso para formalizar una adopción nacional –una vez se decide dar a un niño en adopción a una familia, empiezan a convivir en este régimen hasta que se ratifica judicialmente la adopción–. Los acogimientos en familia ajena no tienen como finalidad la adopción y se prevé el retorno del niño a su familia algún día o, cuando menos, la conservación de los vínculos con ella. Los padres de acogida asumen que estos niños no serán legalmente sus hijos, pero eso no les impide integrarlos en su familia, a veces durante un tiempo corto, y otras durante muchos años.

Entre las familias acogedoras, hay personas de diferentes perfiles: solteros y familias con hijos, funcionarios y autónomos, personas de 30 años y otras que superan los 60. Les une el convencimiento de que no es necesario compartir apellidos para querer y educar a un niño. “La gente da mucha importancia a eso de que no son tus verdaderos hijos, pero cuando convives con un niño, lo quieres; y cuando lo quieres, lo único que te importa es que crezca sano y feliz y educarlo lo mejor que puedes. Sabes que la acogida es una situación transitoria mientras su familia no puede hacerse cargo de él, pero eso no cambia el día a día”, explica José Luis, que tiene acogidos dos niños.

En la misma línea se manifiesta María Luisa, profesora de secundaria y también madre de acogida: “Hacemos lo que todos los padres y, como ellos, sentimos que los niños dan mucho más de lo que reciben. La gente lo ve como un sacrificio, pero es lo más gratificante que he hecho en mi vida. ¿Que sabes que algún día deben volver a su casa? Sí, igual que con los biológicos sabes que antes o después dejarán el nido. Quien piense que eso te influye a la hora de consolarles cuando están tristes, de hacer los deberes, de preparar su cumpleaños o de educarles, o no tiene hijos o no ha entendido que ser padre no es un título, es una función”.

Eva y Emilio en el jardín de su casa, donde viven con dos hijos de la misma edad, uno de ellos ahora en acogida permanente

De nuevo, más de cinco años después

Eva Bagú
42 años. Secretaria de dirección
Emilio Pérez Jiménez
47 años. Funcionario

Este matrimonio malagueño se planteó la posibilidad del acogimiento poco después de nacer su hijo. “Leyendo la prensa, encontré un artículo sobre el tema. En ese momento estábamos volcados en el cuidado de nuestro niño. Pensamos que por qué no dos, pensamos que era un buena manera de echar una mano”, cuentan. Poco después, su segundo hijo llegó a sus vidas. “Tenía también dos años. Era un bebé tierno e introvertido al que hubo que enseñar las rutinas más simples, ya que nunca había disfrutado de un hogar estable. Se alteraba con facilidad, sobre todo cuando pasaba mucho tiempo sin las visitas de su madre, a la que adoraba”, recuerdan. Dieciocho meses después, el niño volvió con su progenitora, que ya se había recuperado de sus problemas. “Mucha gente nos pregunta cómo pudimos soportarlo, pero no hubo nada que soportar. Era la situación perfecta: nosotros le habíamos dado durante ese tiempo todo lo que un centro de menores no puede dar, y él podía al fin vivir con su madre.”

La vida da muchas vueltas y, años más tarde, sus caminos volvieron a encontrarse. Recibieron una llamada de los servicios sociales, que les contaron que el retorno del pequeño con su madre no había tenido un final feliz y les propusieron que volviese con ellos, esta vez en acogida permanente. Ahora, la familia Pérez Bagú se organiza como cualquier otra con dos hijos en edad escolar: Emilio deja a los niños en el cole antes de ir a trabajar, y Eva los recoge cuando acaba su jornada laboral. “Entre semana, llevamos un ritmo espartano: deberes, duchas, cenas… Las salidas y las consolas son para los fines de semana”, explican. Los dos chicos tienen la misma edad y, aunque llevan diferentes apellidos, poco importa en el día a día. “Claro que no hago distinciones, ¡es que no me sale, los quiero mucho a los dos! –afirma Eva–. Esta vez ha vuelto para quedarse, así que tenemos dos hijos de nueve años.” No niega que entre los dos niños ha habido rachas de celos, pero como entre otros hermanos. “Por las dos partes, no te creas. Los dos están muy enmadrados, y tengo que medir muchísimo que el beso que le doy a uno sea igual que el que le doy al otro”, bromea la madre.

Fórumlas distitas
Los acogimientos pueden ser de urgencia, simples y de larga duración o permanentes. Aunque en todos el objetivo es devolver al niño su derecho a crecer en una familia, mantienen diferencias importantes. Cuando por las razones que sea la familia de un niño no puede hacerse cargo de su cuidado, la Administración acude en su ayuda y le protege asumiendo su tutela. Varias comunidades autónomas tienen en marcha programas de familias de urgencia, que acogen a los pequeños mientras se estudia su caso para tomar una decisión sobre su futuro, evitando que ingresen en un centro de menores. A veces la acogida dura días, otras se alarga varios meses. Las personas que se ofrecen para este tipo de acogida suelen repetir. “Nosotros vamos por la acogida número 18 –explica María José–. Casi siempre acogemos a bebés que llegan desde la maternidad y que cuidamos mientras se decide si serán dados en adopción o qué pasará con ellos. A veces, cuando llegan, los ves tan frágiles y asustados que se te rompe el alma. ¿Cuando se van? Sí, claro que los echas de menos, pero te queda la satisfacción de que se llevan el cariño que les has dado.” 

La acogida simple es la opción preferida cuando se prevé que el menor pueda volver con su familia a medio plazo. Durante el tiempo que se necesite para resolver los problemas que llevaron a la separación, los niños se integran temporalmente en otro hogar. En la formación que reciben las personas que se interesan por este tipo de acogimiento, se hace hincapié en la importancia para el niño de mantener una buena relación con su familia biológica durante el tiempo en que vivirán separados. También en la necesidad de prepararse para la despedida. Ángeles y Javier tienen acogido un niño de ocho años cuya madre está en la fase final de un programa de desintoxicación. “Sí, sabes que es temporal y rezas todos los días para que su familia se rehabilite y pueda tener el futuro que merece. Para él a veces es muy duro, porque quiere mucho a su madre y le cuesta entender por qué no puede estar con ella o por qué no aparece cuando tiene una visita programada. Yo siempre le digo que su madre es su madre, pero que esta es también su familia y que, hasta que su madre arregle sus problemas y mientras él quiera, su sitio está aquí”, explican.
Sociedad 1 | 2 | siguiente
de: Beatriz S.R. | 21/03/2010
Para obtener información sobre los programas de acogimiento familiar hay que acudir al organismo de la administración que los coordina en cada lugar. Las asociaciones de familias acogedoras son también una excelente fuente de información. En el siguiente enlace encontraréis direcciones y teléfonos: http://blog.postadopcion.org/informacion-de-programas-de-acogimiento-familiar
de: Carmen Cifuentes | 17/12/2009
Un reportaje muy bueno. Yo soy adoptada y ojalá huebiera habido antes estos reportajes para que los padres adoptivos se concienciaran de que todo es normal y de hay que tener diálogo con los hijos adoptivos. Antes había mucho tabú en este tema, estoy hablando de hace 40 años. Porque, como yo digo, si a los padres adoptivos se les quiere, no importa si tenemos la misma sangre. Todo lo hace el cariño que tú das. Hoy por hoy, doy gracias a ellos por ser quien soy.
de: Anna Badia | 14/12/2009
Genial texto, realista y necesario. Gracias por publicarlo.
de: Natalia Márquez González | 11/12/2009
Muy interesante el reportaje. Me lo mandaron a través de unos amigos muy interesados en este tema, tan desconocido aún, y ha sido revelador. Gracias por incorporar esta serie de reportajes tan enriquecedores.
de: Mercè Obón | 10/12/2009
Felicidades por tratar este tema con la naturalidad que merece. Valoro que muestre de una manera transparente cómo las familias acogedoras, partiendo del convencimiento y de la ilusión, pero bien conocedoras de su papel y sus límites, comparten su vida con los niños en familia. El artículo no obvia que existan dificultades. Cómo no las va a a haber, lo normal es que las haya... Sí que echo a faltar información sobre los pasos que hay que dar. Sería muy útil para personas como yo que, gracias a los maravillosos hilos rojos, conocemos la situación y quizá sólo necesitamos un empujoncito para ver de cómo vincularnos. Beatriz y Magazine necesitamos una segunda parte. Gracias.
de: Mei Barceló | 10/12/2009
Hay otro tipo de acogida que aquí no mencionan, es la acogida de fin de semana y vacaciones. Son niños a partir de nueve años que están institucionalizados y que siguen teniendo contacto con sus familias, pero no siempre (o nunca) salen los fines de semana. Es otra opción, ya que cuanto mayores son los niños más dificil es que encuentren familia de acogida. Nosotros nos hemos ofrecido para ser "familia amiga" (qué bonito nombre) de alguno de ellos.
de: Belén | 10/12/2009
Sobre el acogimiento, creo que lo que sintiera yo en el momento de la adopción no sería lo más importante. Me da mucho miedo ver que mandan a los niños de vuelta con sus padres biológicos y, en algunos casos, éstos vuelven a caer en sus problemas y con ellos vuelven a arrastrar a sus hijos a la inestabilidad y los malos momentos. ¿Cómo te tragas el miedo cuando se lo entregas a sus padres, porque la ley así lo dice y ves esa posibilidad? Os admiro mucho a los que lo hacéis y por lo mucho que tenéis que prepararos.
de: Ximena Battista | 10/12/2009
Muy bueno. Me encantó. Sabía, aunque poco, de las familias de acogida, pero gracias a este reportaje me he enterado de muchas cosas que desconocía. Gracias.
de: David Azcona | 09/12/2009
Muy buen reportaje. Es importante que cada vez se conozca más el mundo del acogimiento familiar. Muy bien explicado y con mucha información. Muchas gracias.
de: JOSE VICENTE CANTON | 09/12/2009
Treinta mil niños en España. ¿He leído bien? Probablemente las administraciones deban dirigir sus esfuerzos para facilitar el acogimiento entre las familias. Estoy seguro de que, si se preocupan de verdad por nuestros niños, esta cifra se reduciría considerablemente. Interesante y conmovedor articulo. Gracias.
de: LA FAG, ASOCIACIONA DE FAMILIAS DE ACOLLIDA DE GALICIA | 09/12/2009
Nos unimos, formando una asociación, con un interés común, en beneficio de algo que hemos elegido libremente: ser familias de acogida. Este camino es más interesante hacerlo juntos. Cuantos más, mejor, porque podemos apoyarnos y compartir experiencias. Por supuesto que la unión hace la fuerza, y ante las instituciones y la adminitración somos un interlocutor más válido y que despierta un mayor interés. Gracias también a quienes nos acompañan, regalándonos su tiempo. http://familiasdeacollida.wordpress.com familiasdeacollida@gmail.com.
de: G. Guerra | 09/12/2009
Reportaje muy esclarecedor, Beatriz. Me tomo la confianza de pedirte uno en que expliques los pasos a dar para ser familia de acogida y de las facilidades y de los inconvenientes que te encuentras en el camino. Muchas gracias.
de: Una madre de acoigda | 09/12/2009
Gracias. Un artículo sensible y maravillosamente escrito. Ningún niño se merece crecer sin familia.
de: E. C. | 09/12/2009
Como madre adoptiva (y quizás futura madre acogedora, quien sabe...), hace años que sigo el trabajo de Beatriz San Román. El reportaje de este fin de semana no me ha decepcionado nada: es un placer leer sobre este tema del que se conoce tan poco. Gracias.
de: Celia | 09/12/2009
Hola Beatriz. Me ha gusrtado mucho tu artículo. Soy madre de acogida y es cierto que no deberia haber tantos niños institucionalizados. También es cierto que la administracion deberia cambiar mucho la información y los procedimientos que se siguen antes y después del acogimiento, antes de intentar sensibilizar a la sociedad.
de: J. Ramiro | 08/12/2009
Sin duda alguna, la figura del acogimiento es un buen tema para la reflexión; sobre todo, teniendo en cuenta el número tan elevado de menores institucionalizados en España.
de: Bea Scharpenberg | 08/12/2009
Un excelente reportaje, muy necesario, ya que es un tema bastante desconocido y plagado de mitos falsos. Las familias acogedoras son muy necesarias en este país y merecen todo nuestro respeto y reconocimiento. Demasiados niños y niñas malviven en centros. Gracias a Beatriz San Román y al Magazine por acercarnos a estos temas.
de: Victoria Andradas | 07/12/2009
Gracias por hablar de cosas realmente importantes, con sensibilidad y claridad. Igual que se pone desde el gobierno un interés extremo en otros muchos temas, si hubiera un empeño real de las adminstraciones para sacar a todos esos niños de las institucines estoy segura de que lo harían.
de: Concha Moreno Ruiz | 07/12/2009
He leído el reportaje por recomendación de una amiga y me han gustado muchísimo los testimonios de estas parejas y descubrir la generosidad que desrochan todas ellas. Me resulta conmovedor descubrir que hay en nuestra sociedad personas que son felices ayudando y dando su cariño a esos niños que tanto lo necesitan. Gracias, Beatriz, por hacernos llegar la realidad del acogimiento familiar, de forma tan clara, y gracias por la sensibilidad y la forma de hacerlo.
de: María D. R. | 06/12/2009
En respuesta al mensaje de Olga Costell, quiero decir que estoy completamente de acuerdo contigo. Yo también soy madre que idónea para el acogimiento, y junto a mi familia, estamos a la espera de asignación. También creo que hay que hablar más de las luces y sombras del acogimiento, de la necesidad de una buena formación y de un buen acompañamiento por parte de las administraciones competentes.
de: Pilar Izquierdo | 06/12/2009
Como conocedora de la realidad de muchos niños que pasan su vida en instituciones, por ser madre adoptiva de dos niñas, no dejo de pensar que en España, país del primer mundo, no debiera haber tal cantidad de niños institucionalizados. El amor y el calor que recibe un niño en una familia no puede compensarse con ningún bien material. Es el mejor patrimonio que podemos dejarles, el sentirse queridos y protegidos por su familia. Por eso es tan importante que se dé a conocer esta situación y muchas familias se informen y se vean capaces de dar ese valiente paso hacia el acogimiento. Gracias por tan sensible reportaje.
de: May Vilches | 06/12/2009
Enhorabuena por el reportaje. Muy bien tratado y con testimonios muy buenos que ayudan a desmitificar el acogimiento. Ojalá los temas relacionados con la infancia se trataran siempre con tanto rigor y con tanta sensibilidad.
de: Olga Costell | 06/12/2009
Lo acababa de leer en casa de mis padres. !!!Me he sentido identificada con algunas de esas familias... Acaban de darme la idoneidad para el acogimiento. Todo lo que cuentan es verdad, pero también tiene su lado oscuro, y ese lo omiten en este artículo: niños que no se adaptan, padres que tampoco... mochilas muy cargadas... Están en una fase de sensibilización. La próxima semana estais invitados a la exposición "Acolliment: un infant, un temps, una familia". La muestra estará situada en la Plaça nova vapor Gran de Terrassa del 11 al 13 de Diciembre de 10 a 20h. La organiza el Departament d' Acció social i Ciutadana junto al Institut Català de l'acolliment i l'adopció.
de: Clara Eugenia Martín Astoreca | 06/12/2009
Entre los humanos criar a los niños en una institución debería ser la última solución. No sé cómo hemos llegado a lo que ahora prima en este país: crecer en instituciones donde los profesionales cambian... Hay que volver a criar a los niños con el afecto de una familia de acogida, mientras llega la hora de volver con los padres biológicos o pasar a los padres adoptivos. Sentirán que merecen ser queridos, respetados, crecer con mimos!. Gracias por este reportaje. Me encantan las frivolidades, pero lo que da peso a una revista es que nos hablen de la vida, de lo que nos permita seguir teniendo esperanza y ganas de luchar por un futuro mejor para todos.
de: María | 06/12/2009
Soy madre adoptiva de una niña china que estuvo desde el primer mes de vida hasta los dos años en familia de acogida, y no puedo expresar la inmensa gratitud que siento por esa madre de acogida que nos entregó a una niña que estaba genial en todos los sentidos, pero sobre todo en el emocional. Se notaba que había sido muy querida y que tenía unos vínculos muy fuertes, los mismos que pasados unos meses pudo establecer con su nueva familia. Uno de los grandes problemas de los niños institucionalizados y o abandonados afectivamente es la dificultad posterior para crear un vínculo sano.
de: Ana María Rodríguez | 06/12/2009
Gracias por este reportaje. Me ha hecho pensar mucho y bien. Y me siento muy identificada con la frase de que los niños no son de nadie. Gracias.
de: E.M | 06/12/2009
Estupendo reportaje, ahora me ha quedado más claro lo del acogimiento. Ojalá pudiéramos leer más de este tipo.
de: Raquel | 06/12/2009
Cuando era niña, mi madre traía cada Navidad a niños que vivían en centros de menores. Mis hermanos y yo lo integrábamos, con algún que otro sentimiento de celos, pero no tengo más que buenos recuerdos de esos niños que pasaban las fiestas con nosotros. Tengo grabada en mis retinas la mirada de soledad de uno de ellos, y cómo, durante esos días, él llamaba "mamá" a mi madre. Convivir con ellos ha sido la lección más importante de mi vida. Nunca tuvimos zapatillas de marca ni ningún capricho, en cambio teníamos un huésped de nuestra edad que nos enseñaba a vivir, a valorar y a ser felices. Gracias Walter, Juan, Roberto... a todos... donde quieran que esteis.
de: Javier Pérez | 06/12/2009
Son muchos los niños y niñas tutelados en todo el estado español que crecen institucionalizados a la espera de una familia, y no me cabe la menor duda que una de las razones de esta triste realidad es el desconocimiento de la posibildad del acogimiento familiar. Gracias a ti y a tu medio por esta apuesta por el acogimiento familiar, sin duda un importante granito de arena que puede hacer que más de un niño y niña encuentre a unos papás, por el tiempo que sea necesario. Ya saben lo que dice el estupendo tema de Macaco "acción, reacción, repercusión". Un entusiasta, convencido, del derecho de todos los niños y niñas a crecer en familia.
de: María del Río | 06/12/2009
Excelente reportaje sobre un tema que es muy desconocido para la mayoría de la sociedad, pero que cada día despierta más interés. En este tema no siempre es fácil encontrar una información seria y rigurosa, que nos parezca fiable. La mayoría de los periodistas lo tocan de forma muy superficial, y hasta los políticos, cuando los entrevistan, parecen no dominar bien los detalles de los distintos tipos de acogimientos. Pienso que nada mejor que unos buenos testimonios como los que has presentado para entender un poco mejor la realidad del acogimiento familiar en familia ajena. ¡Un lujo poder leer estas experiencias en primera persona! Mil gracias, Beatriz!
de: Rocío Carrión Cuadrado | 06/12/2009
Precioso, un texto conmovedor, soy madre adoptiva, mi hijo llegó desde un centro y era tan, tan chiquitín que creo que no notó la institución, pero siempre, siempre pensé que si hubiera estado con una familia hubiera estado muchísimo mejor, y nunca hubiera tenido días suficientes para agradecerles sus cuidados. Ser familia de acogida es algo que haré cuando mis hijos -espero ahora el segundo en adopción- estén en casa. Nuestra familia acogerá a niños que no la tengan estructurada. Gracias.

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