20/12/2009

Adopciones en la encrucijada

Texto Beatrís San Román
La adopción internacional está en un punto de inflexión. El número de familias que quieren adoptar un niño pequeño y sano supera el de menores adoptables de esas características. Crecen las voces que piden una reforma del sistema y alertan de que esa demanda alienta en algunos países que personas sin escrúpulos conviertan la adopción en un negocio.
Tenemos que adaptarnos a la realidad

Javier Álvarez-Ossorio, coordinador general de CORA, la federación de asociaciones de familias adoptantes, analiza la situación.

¿Qué diría a las familias que quieren adoptar bebés y niños pequeños?

Que eso ya no es posible, que prácticamente no existe. Bebés huérfanos los hay contados. Pero hay muchos menores de más de cinco años, seropositivos o con algún tipo de enfermedad o discapacidad, que podrían ser adoptados y que suelen quedar fuera del sistema. En Rusia, por ejemplo, las cifras de niños en orfanatos son altísimas, y una buena parte de ellos son susceptibles de ser adoptados. Pero hay que ser conscientes de que, salvo casos concretos, los niños que necesitan una familia tienen necesidades especiales, son de más edad y en muchos casos han sufrido periodos largos de institucionalización. Estamos viendo que su integración requiere preparación, formación y apoyos a largo plazo. La mayoría de las familias empieza el proceso pensando en adoptar un bebé o un niño de uno o dos años. Tenemos que adaptarnos a la realidad, explicarles que los niños en adopción tienen unas características distintas.

¿Cómo se podría mejorar el sistema?

En CORA estamos estudiando posibles vías. Una sería poner límites a los expedientes que se envían a cada lugar: si a un país enviamos el año pasado 50 expedientes pero sólo se hicieron 10 adopciones, no tiene sentido enviar 50 o 100 más. Si lo hacemos, estamos creando unas expectativas nada realistas a las familias y ejerciendo una presión que ya hemos visto que puede derivar en el tráfico de menores.

La adopción internacional nació como una salida para la situación de los niños que habían quedado huérfanos en conflictos bélicos. Las guerras mundiales y la guerra civil de Grecia (1946-1949), primero, y las de Vietnam (1954-1975) y Corea (1950-1953), después, pusieron en marcha una red de personas e instituciones bienintencionadas para ayudar a las criaturas abandonadas a su suerte. Con el tiempo, la adopción internacional se fue expandiendo como una solución más para formar una familia. De un lado, personas que deseaban tener hijos y que, en muchos casos, tenían dificultades para concebir; de otro, niños que necesitaban unos padres que los cuidaran y los quisieran.

Sin embargo, de un tiempo a esta parte, crecen las voces críticas con el sistema de adopciones internacionales, se alarga la duración de los trámites y aumenta el desasosiego entre las personas que escogen esta opción. Si en el 2005 los tiempos de espera, por ejemplo, para adoptar un niño o una niña en China rondaban los siete meses, hoy superan ya los cinco años. En España, se estima que hay más de 20.000 familias a la espera de que se les asigne un menor, pero las adopciones culminadas el año pasado no llegaron a 3.200.

Los medios de comunicación sacuden periódicamente con elevadas cifras sobre el número de menores que se buscan la vida en las calles de Río de Janeiro o de Adís Abeba. ¿Qué pasa? ¿Es culpa de una burocracia insensible que haya padres y madres que esperen durante años para adoptar cuando existen tantos menores que no tienen una familia que les cuide?

A la vez, con más frecuencia, la prensa internacional se hace eco de casos de supuesta corrupción ligados a la tramitación de adopciones. Un caso sonado fue el de la ONG francesa El Arca de Zoé, que trató de sacar a 103 niños de Chad que resultaron no ser huérfanos. La terrible constatación de que gran parte de los niños que estaban en adopción no eran en realidad adoptables llevó en su día al cierre de las adopciones internacionales en lugares como Guatemala, Camboya, Nepal, Kazajistán o Congo. Más recientemente y por idénticas razones, Estados Unidos, Canadá, Suecia e Irlanda han paralizado las adopciones en Vietnam, y Austria, Irlanda y Australia han dado cerrozajo a sus programas de adopción en Etiopía.

¿TANTOS HUÉRFANOS?
Muchas personas creen que en el mundo hay muchos niños hacinados en orfanatos, esperando que alguien quiera adoptarlos. Se piensa que la mayoría de ellos son niños pequeños y sin graves problemas de salud. Como los padres biológicos, la mayoría de los padres adoptantes desean que sus hijos no tengan enfermedades o discapacidades, e inician el camino convencidos de que en algún lugar del mundo un niño así necesita una familia que ellos pueden darle.

La realidad es muy distinta: no es verdad que los centros de menores de los países en vías de desarrollo estén llenos de pequeñines esperando una familia. Ciertamente, hay miles de niños en el mundo que no tienen quien realmente se ocupe de ellos. Sólo en Vietnam, se estima que hay entre 20.000 y 40.000 viviendo en la calle, pero no son esos los niños que se adoptan. Aquellos que ven pasar su infancia en un orfanato esperando una familia tienen en su inmensa mayoría más de seis años o presentan algún tipo de discapacidad o necesidades especiales.

Unicef viene advirtiendo desde hace unos años de cómo el aumento de familias de países ricos interesadas en adoptar (unido a las posibilidades de lucro que da) “ha alentado el crecimiento de una industria de las adopciones, en la que se da prioridad a los beneficios materiales en detrimento del interés superior de los niños”. Paradójicamente, la propia Unicef ha contribuido a este fenómeno mediante su labor de concienciación sobre las necesidades de la infancia de los países pobres. Aunque recientemente ha emitido una nota aclaradora, sus informes han ayudado a cimentar la falsa idea de que millones de niños necesitan una familia que los adopte.

Cuando desde esta organización de las Naciones Unidas se hace público que existen en el mundo más de 130 millones de huérfanos, pocas veces la opinión pública tiene la oportunidad de profundizar lo suficiente para entender la realidad que se encuentra tras esa cifra: para empezar, se contabiliza como huérfano a todo menor de 17 años cuando su padre, su madre o ambos han fallecido, pero Unicef reconoce que la inmensa mayoría de esos niños vive con uno de sus progenitores, con los abuelos, unos tíos u otros familiares, por lo que no tienen necesidad de ser adoptados. Del número total de huérfanos, el 95% tiene más de cinco años, y un porcentaje importante tiene algún tipo de discapacidad, es seropositivo o padece alguna enfermedad que le dejaría fuera del circuito de adopción internacional.

“La idea de que el mundo en desarrollo tiene millones de bebés y niños pequeños sanos que necesitan nuevos hogares es un mito. Tanto en los países ricos como en los pobres (con excepción hecha de China, por su política del hijo único) los bebés sanos rara vez son abandonados”, explica E. J. Graff, del Instituto Schuster de Periodismo de Investigación y autora de The Lie We Love (la mentira que amamos, que en la versión española se tradujo como Hijos de la mentira), publicado en la revista Foreign Policy. Apoyado en un amplio trabajo de investigación sobre la realidad de la adopción internacional en distintos países, su análisis es rotundo: “En realidad, hay en el mundo muy pocos huérfanos pequeños que puedan ser adoptados.

Los huérfanos rara vez son bebés sanos, y los bebés sanos rara vez son huérfanos”. Graff abona la teoría de que hay una industria de las adopciones que ha creado un entramado de fabricación de huérfanos: buscan en las zonas socioeconómicamente más vulnerables a niños con los que llenar los orfanatos, mediante una red de buscadores (en la que participan desde trabajadores sociales hasta agentes de policía, enfermeras u otro personal hospitalario) que engañan a las familias, o las convencen o les pagan para que renuncien a sus hijos o simplemente se los arrebatan. Después, falsean su historia y consiguen papeles oficiales que les declaran huérfanos o abandonados y, por ello, adoptables.

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de: Dimitry Kostyor | 04/05/2010
Estoy totalmente de acuerdo con el artículo. Mirad lo que he encontrado en otro sitio: http://foro.casarusia.com/viewtopic.php?f=15&t=6499
de: Arístides Caup | 30/12/2009
A Gemma García, veo que conoce la investigación del gobierno etíope que descubrió que niños declarados huérfanos no lo eran, reconoció no poder garantizar el origen de los niños y constató irregularidades en bastantes ecais. No entiendo que pase por alto esos "detalles". Beatriz SR denunció estas cosas mucho antes de la plantá de las ecais y eso fue el motivo de que hicieran semejante estupidez. Parece que les pone nerviosas que alguien diga verdades que hagan peligrar su negocio.
de: Pili Salvado | 28/12/2009
En los países pobres todo funciona de otra forma, de la misma forma que hace 20 años. Tráfico seguro que hay, y las autoridades españolas lo consienten, si no cerrarían las ecais que se aprovechan. Lo que pasa es que ahora se han dado cuenta que en España tenemos un problema que crece: los menores que se quedan en nuestros centros. Creo que tendríamos que dejar de mirar hacia afuera y ver qué podemos arreglar en nuestro país para que los niños que han nacido aquí no se queden sin famíla.
de: Gemma García | 28/12/2009
Y para J.V.L, perdone, pero creo sinceramente que usted no ha entendido en absoluto lo que significa adoptar a un menor. Los padres adoptantes no adoptamos para hacer un bien a la humanidad, para eso están las ONG. Con el hecho concreto de la adopción no buscamos socorrer a la familia de nuestro hijo ni mejorar la calidad de vida de su país, porque sencillamente es una finalidad que no nos pertoca. En todo caso, muchos trabajamos para mejorar la calidad de vida de los países de origen de nuestros hijos colaborando con ONG, no con el acto concreto de la adopción. Tampoco es así si la adopción es nacional. Al adoptar, sencillamente nos convertimos en padres y madres, no en salvadores del mundo.
de: Gemma García | 28/12/2009
Estimado Arístedes: entiendo perfectamente el problema que se plantea. Soy la primera en exigir absoluta claridad en lo que a los orígenes de nuestros hijos se refiere. Lo que denuncio es este reportaje maniqueo, en el que no aparece alusión alguna a las investigaciones llevadas a cabo por el gobierno etíope a mediados de año para asegurar la claridad del proceso en ese país. Denuncio el abuso de influencias de la Sra. San Román, no sólo periodista, sino también vocal de Cora en plena campaña de desacreditación de ECAIS ante la plantá que le prodigaron recientemente. Denuncio la falta de objetividad y la falta de ética de esta persona al utilizar un medio serio para su campaña particular.
de: Patricia Garcia | 26/12/2009
Los padres que adoptan no son culpables del problema, ellos desean un hijo para satisfacer sus necesidades primero y las del niño después (exactamente igual que las del padre biológico, no es una acusación), y el tercer mundo se los da. La culpa es de los gobiernos, que permiten que los niños se vayan o vengan (es tan cómplice el que da como el que acoje) y no luchan por mejorar las condiciones en su país. ¿Qué opinamos de aquellos españoles que se fueron a Rusia, se separaron de sus familias, etc, etc...?? está claro que fueron muy bien tratados, recibieron formación, pero a lo mejor hubiesen preferido quedarse con sus familias.
de: J.L.V. | 26/12/2009
Por fin un periódico se atreve a hablar claro del negocio que hay montado en torno a la adopción. Es verdad que hay niños que pasan hambre, pero la solución de hacerlos nuestros hijos (siempre que sean pequeños y estén sanos) y abandonar a su suerte al resto de su familia, a sus padres, a sus hermanos mayores... eso no es generosidad, eso es egoísmo que sólo se sostiene porque los ricos queremos ser padres. Por mucho que lo disfracemos de altruismo.
de: Arístides Caup | 22/12/2009
A Gemma García. Parece que usted no ha entendido el problema. Lo malo no es que una madre dé su hijo en adopción. Lo malo es que lo haga engañada, pensando que va un tiempo para estudiar y regresar convertido en un próspero abogado, médico, empresario... Los niños que pasan hambre necesitan comida, no que se les arranque de su familia para darlos a otra.
de: Raimundo García | 22/12/2009
Gema Garcia. Si tanto amáramos a esos niños, les ayudaríamos a ser felices con sus famílias. Los separamos a miles de kilómetros de sus gentes, de su cultura de su raza, en nombre de la generosidad y del amor. Entiendo que se quiera dar una vida mejor a un ser humano, pero de la manera que se está haciendo, no es lo mejor. La adopción internacional debe cambiar, por el bien de los niños de los padres biológicos y de los adoptantes.
de: Amanda Codina | 22/12/2009
Totalmente de acuerdo. He vivido dos años en centro-Asia. La adopción, allí, es un negocio lucrativo. Los directores de orfanato, gente rica. Y muchos niños, cuyo expediente era de hijo sin padres, los tenía,n y eran amantes de sus hijos, pero extremadamente pobres. Gracias por escribir esta realidad, dolorosa para todos, pero que conviene que sepamos.
de: Daniel Montes | 21/12/2009
A Enrique Sánchez: muchas familias son engañadas para que entreguen a sus hijos, no los entregan por amor ni mucho menos. En ese sentido, el artículo de la señora San Román está bien documentado y da en el clavo. La Administración no garantiza nada desde el momento mismo en que se desentienden de las denuncias de los adoptantes, que cada vez son más numerosas. Ojalá CORA logre poner sobre la mesa la urgente reforma que necesita el sistema de adopciones internacionales en nuestro país.
de: Daniel Montes | 21/12/2009
A David Rodríguez le diré que, para salvar a esos 10 millones de niños que mueren de hambre, hay que hacer programas de ayuda y cooperación, no adopciones. Mezclar adopción y solidaridad sí es demagógico. Nadie ha nombrado a Ana Picazo, excepto usted. Es posible que esta señora y otros tengan buena intención en su labor, pero es el sistema desde su base el que está corrupto respecto a la adopción en Etiopía: se buscan bebés sanos para padres, no padres para los niños que lo necesitan. Por eso, da igual que los adoptantes sean americanos o españoles: la corrupción parte de los propios etíopes que se enriquecen con el engaño. Esto lo saben las Ecai y la Administración, y lo consienten.
de: Julio Barranco | 21/12/2009
Sin comentarios.
de: Gemma García | 21/12/2009
(continuación) Por desgracia vivimos en el mundo en que vivimos. Trataremos de lograr un mundo mejor, pero eso, lamentable. No dará un futuro a los niños que en estos momentos, aunque no sean huérfanos, viven en situación de desamparo. Los padres adoptantes lo único que ofrecemos a nuestros hijos es el calor de una familia y un futuro, ese que lamentablemente no pueden ofrecer sus familias biológicas. Llámelo como quiera, pero yo sólo veo un acto de amor por parte de unas madres, que no pudiendo tener a sus hijos, los entregan en adopción, y de nosotros, padres adoptantes, que tomamos su relevo para hacernos cargo y amar a ese bien tan preciado: sus hijos biológicos, nuestros hijos del corazón.
de: Gemma García | 21/12/2009
Efectivamente, en un mundo ideal propio de Disney, la madre biológica de mi hijo (porque mi hijo al igual que otros muchos no es huérfano, sino que tiene familia biológica que por desgracia no puede hacerse cargo de él) no habría tenido que darlo en adopción, porque ella podría hacerse cargo de él y de sus otros hijos, con menos de un euro diario. Tiene razón, seguramente mi hijo habría sido mucho más feliz trabajando a los cinco años para poder comer. Y eso, si hubiera llegado a superar los tres años, porque no he visto en su reportaje ningún tipo de referencia a los datos de mortalidad infantil en los países, que menciona en menores de tres años. (Sigue)
de: Juan G. | 21/12/2009
Lo que dice Beatriz San Román es la mejor descripción de la realidad actual de la adopción. Los gobiernos occidentales tienen mucha culpa de lo que pasa por no tomar cartas en el asunto y mirar para otro lado ante las denuncias. Lo dice un padre adoptivo que hace meses ha denunciado y documentado irregularidades graves y aún está esperando a que la Administración simplemente acuse recibo de las denuncias.
de: Enrique Sánchez | 21/12/2009
La Administración garantiza la adoptabilidad. No la edad, la salud, los plazos. Te aconsejan países que cumplen normativas internacionales, agencias que siguen la vía legal. Después de años de espera, un proceso muy duro, ¿estamos engrasando el tráfico de niños al adoptarlos? Esta corriente ideológica en contra de las adopciones las ven como una expoliación. Pero hay algo más importante que las naciones, idiomas y culturas. La vida digna. La felicidad de mis hijos, y el día que marchen espero que sean felices y libres. Si tuviese que darles en adopción para salvarles lo haría. La gente entrega a sus hijos por amor, no por dinero.
de: David Rodríguez | 20/12/2009
(cont.) Conozco personalmente a Ana Picazo, dudar veladamente de su honorabilidad y su honestidad es vergonzoso. Ella es clara y trata de buscar una vía de solución a niños que de otra manera no tendrían ninguna posibilidad. Ya que utiliza tantos datos confusos de niños adoptables, le daré uno que no lo es. Al año mueren en el mundo 10 millones de niños, según la organización Save de Children. Sólo piense que alguno de ellos ha tenido una oportunidad.
de: David Rodríguez | 20/12/2009
Me parece demagógica la forma y el uso que se hace de la información. Un trabajo serio de investigación debería haber contemplado los mecanismos y medios que cada comunidad autónoma pone para que no se produzcan irregularidades. Estos mecanismos dotan de garantía al sistema. En otros países con sistemas de adopción completamente diferentes al de España, como en EE.UU., se producen situaciones de sobra conocidas por todos, pero no sólo en el ambito de las adopciones. (sigue)

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