07/02/2010

Terenci en negro

Texto de Pedro Víllora
Fue Ray Sorel antes de consagrarse como Terenci Moix. Un jovencísimo escritor que, allá por los años sesenta, debutaba, bajo seudónimo, con dos novelas de género policiaco, Besaré tu cadáver y Han matado a una rubia. Una faceta voluntariamente silenciada por el prolífico y venerado autor que ahora cobra actualidad con su reedición.

Terenci Moix en el paseo marítimo de Sitges, en 1959

Después de haber sido Ramón Dean, y antes de ser Terenci Moix, Ramón Moix Messeguer (1942-2003) fue Ray Sorel. Como Dean firmó hacia 1959 algunas colaboraciones en la revista ilustrada Pic-Nic, y es obvio que tomaba su apellido del James Dean protagonista de Rebelde sin causa, si bien andando el tiempo precisaría que su principal referente en aquella película, y aun en toda su juventud, había sido Sal Mineo (quienes se acercasen a rendir respeto a Terenci en su funeral pudieron ver prendida en el pecho la chapa insignia del Club de Fans de Sal Mineo).

Casi una década después, Moix homenajeaba a Terence Stamp adoptando el sobrenombre de Ramón-Terenci. Su primer libro oficial, Introducció a la història del cinema (1967), lleva en el lomo y la portada el nombre de Ramón Moix, pero en el interior aparece como Ramón-Terenci Moix. Así firmaría los siguientes –La torre dels vicis capitals (1968) y Los cómics, arte para el consumo y formas pop (1968), abandonando el Ramón a partir de Onades para una roca deserta (1969).

El de Ray Sorel fue un nombre que en su momento tuvo poca repercusión, pero que hoy día es venerado por los devotos del mito Moix. No en vano es el que utilizó para firmar sus dos primeras novelas, auténticas rarezas de género negro en las que Moix camufló su nombre entregándose a sus propios mitos: por influjo del cine americano transformó Ramón en Ray, mientras que el apellido lo tomó del arribista y seductor Julien Sorel creado por Stendhal en Rojo y negro.

Es posible que la primera vez que se diese a conocer el nombre de Ray Sorel fuese en La Vanguardia. En la edición del 6 de febrero de 1963 hay un módulo publicitario de Besaré tu cadáver dentro de una tal Colección Fleuve Noir en la que, de creer al publicista, aparecían “los autores más leídos de la nouvelle vague del género policiaco”. Se señala que el libro en cuestión es el número 8 de la colección y se informa de que “acaba de ponerse a la venta en librerías y quioscos al precio de 14 pesetas”. Y sin duda lo más cinematográfico es el pie del anuncio donde, a la manera hollywoodiense, se precisa: “Es una producción de Editorial Mateu”. ¿Cómo no sospechar que detrás de semejante frase esté un mitómano Terenci de ¡21 años!?

La juventud y la productividad de Terenci Moix serían ampliamente comentadas cuando, a finales de la década, publicase los libros citados, seguidos de inmediato por El día que va morir Marilyn (1969), El sadismo de nuestra infancia (1970) y Terenci del Nil (1970). La mezcla de calidad y cantidad, a lo que se unía la osadía de su edad, generó tanta admiración como estupefacción, que continuaron con Món Mascle (1971), Crónicas italianas (1971) y Siro o la increada consciència de la raça (1972). Cabe imaginar, pues, qué se habría dicho si se hubiese sabido la existencia no ya de una, sino de dos novelas más publicadas y voluntariamente relegadas al olvido por un autor instalado con firmeza en el éxito.

En efecto, aunque en el tercer volumen de sus memorias, Extraño en el paraíso (1998), reconociese la existencia de Besaré tu cadáver, lo cierto es que hubo una segunda novela de Ray Sorel que Terenci jamás se permitió comentar en público más que de pasada y con sobreentendidos. Se trata de Han matado a una rubia (1964), que, como la anterior, apareció en la misma Colección Angustia de Mateu donde se editaban algunas traducciones de las aventuras del comisario San Antonio que en Francia publicaba la editorial Fleuve Noir (de ahí tal vez el error en el anuncio de La Vanguardia).

De Besaré tu cadáver se hicieron, al menos, dos tiradas con portadas distintas. Una, diseñada por Acosta Moro, se basa en una gran mancha negra en la que flotan las letras del título en amarillo. La otra muestra una ilustración de Ezquerro con un hombre que sostiene un puñal mientras besa a una mujer muerta. En ambas se incluye el siguiente texto: “¡Una nueva dimensión de la novela policiaca! La exploración del alma de un maniático cuyo sádico crimen tiene por fondo una corrompida visión de la dolce vita romana”.
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