Tutankamon desvela sus secretos
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El descubrimiento de la tumba de Tutankamon llevado a cabo por Howard Carter el 4 de noviembre de 1922 convirtió a ese prodigioso adolescente en el faraón más famoso de cuantos reinaron en el antiguo Egipto (lo hizo c. 1333-1323 a.C.). Sin embargo, ese fabuloso hallazgo también puso de manifiesto que era uno de los monarcas menos comprendidos del Imperio Nuevo (c. 1550-1070 a.C.). Tutankamon y su familia siguen constituyendo un enigma para los investigadores y el público en general, al igual que su misteriosa muerte prematura, ocurrida cuando sólo tenía 19 años.
Empecé a interesarme por ese faraón en el 2005, cuando mi proyecto Momias Egipcias recibió un escáner donado por la National Geographic Society y la casa Siemens, su fabricante. En enero de ese año, llevé el aparato, montado en un remolque, hasta el Valle de los Reyes para realizar el primer escáner de una momia real egipcia. En el análisis de las 1.700 imágenes que se utilizaron para elaborar una reconstrucción tridimensional de los restos, nos centramos en la edad del rey en el momento de su muerte, que quedó confirmada en torno a los 19 años, y en las posibles causas de su fallecimiento.
Con anterioridad, las especulaciones de los investigadores y los aficionados, realizadas sobre todo a partir de las borrosas radiografías hechas en las décadas de 1960 y 1970, habían conducido a creer en un asesinato como consecuencia de un golpe en la parte posterior de la cabeza. El escáner mostró con claridad la existencia de una fractura en el foramen magnum, pero que fue producida por los embalsamadores para extraer el cerebro y verter ungüentos en la cavidad craneal.
Nuestros radiólogos, dirigidos por el doctor Ashraf Selim, apreciaron también una fractura no curada en la parte inferior del fémur izquierdo (ya registrada por el equipo forense de Carter) y lograron descubrir que se había producido poco antes de la muerte del rey. Ahora bien, esa lesión, por sí sola, no habría bastado para provocarle la muerte, y su existencia creaba más misterios que los que resolvía. ¿Tuvo el rey un accidente poco antes de morir? ¿Había otras heridas que no aparecían en el escáner? ¿Se trató de una herida no accidental? ¿Cuál fue la causa exacta de su muerte?

Visita al faraón en su tumba
Hawass, egiptólogo jefe, dirigió (y muy de cerca, como se observa en la primera imagen) el estudio para intentar desvelar algunos de los misterios que rodean a Tutankamon y sobre los que los arqueólogos han debatido durante décadas. Para el proyecto, se tomaron muestras de diez momias para analizar su ADN. Para tomar las muestras biológicas de los restos de Tutankamon, Yehia Gad y otros expertos se desplazaron a su tumba en el Valle de los Reyes. Hawass, que les acompañó, confiesa que años atrás se habían hecho pruebas radiológicas, pero que esta vez contuvo el aliento por temor a que se dañara la momia.Esta descansa ahora protegida de los efectos ambientales en un sarcófago de cristal. Abajo, un primer plano de la cabeza del faraón. En una fractura en su parte posterior se había buscado una posible causa para su prematura muerte: un asesinato. Hawass asegura que su estudio muestra que el joven faraón era de salud frágil, sufrió malaria, necrosis de un pie y una fractura en una pierna poco antes de morir.
En los textos que nos han llegado de su reinado, Tutankamon se refiere a Amenofis III como su “padre”, pero esa palabra también puede referirse a un abuelo o a otro antepasado. Las posibilidades respecto a la madre de Tutankamon son: Nefertiti, la gran esposa real de Akenatón; Kiya, su esposa secundaria; Tiye, la principal consorte de Amenofis III; Meritatón, una de las seis hijas de Akenatón y Nefertiti, que pudo haberse casado con Semenejkara, u otra reina o princesa. Hasta ahora nos había resultado imposible responder a esa pregunta.
Iniciamos el proyecto Familia de Tutankamon, una parte del más amplio proyecto Momias Egipcias, con el apoyo de Discovery Channel y creamos en el Museo Egipcio de El Cairo un nuevo laboratorio dedicado al estudio del ADN antiguo. El ADN de las momias nunca se había extraído y analizado con éxito antes. Además, siempre me había mostrado reacio a ello, porque la mayoría de los análisis se llevaba a cabo en distantes laboratorios modernos, y los resultados nunca eran fiables. Sin embargo, expertos egipcios y alemanes me convencieron de que el campo había avanzado mucho y de que los análisis eran ya posibles, de modo que acepté la propuesta. A modo de control, creamos un segundo laboratorio de ADN en el Centro Médico Qasr el Aini.
Decidimos combinar los análisis de ADN con los radiológicos para obtener la mayor cantidad de información posible del grupo de momias que considerábamos relacionadas de un modo u otro con Tutankamon.
Además del joven rey, elegimos diez momias. De ellas, cuatro estaban identificadas con seguridad: Yuya y Tuya, el padre y la madre de la reina Tiye; el propio Amenofis III; y, por supuesto, Tutankamon, cuya momia se encontró en el interior de féretros y sarcófagos en su tumba intacta. A ellas añadimos la momia masculina procedente de KV55, una pequeña tumba sin inscripción que contenía una colección de materiales aparentemente reunidos de la tumba real de El Amarna, la ciudad de Akenatón, y vueltos a enterrar en el Valle de los Reyes.
A continuación, incluimos dos momias femeninas no identificadas, apodadas la Dama Anciana (KV35EL, clave que incluye la sigla de Elder Lady) y la Dama Joven (KV35YL, iniciales estas últimas de Younger Lady), procedentes de la tumba de Amenhotep II en el Valle de los Reyes, donde fueron escondidas durante el Tercer Periodo Intermedio junto con los cuerpos de nueve faraones del Imperio Nuevo.

Las imágenes se realizaron con la máquina de Siemens, una unidad multicorte móvil de tomografía computarizada Somatom Emotion 6 (130 kV, 124-130 mA y cortes de 0,4-3 mm). Se llevaron a cabo tres tipos de análisis de ADN usando muestras de médula extraídas bajo medidas extremas de control. Para estudiar la línea paterna, los científicos analizaron secuencias específicas del cromosoma Y, que se transmite directamente de padre a hijo. Se utilizó el ADN mitocondrial, un ADN extracromosómico transmitido por la madre, para estudiar la línea materna. Por último, se hizo una identificación de la huella genética utilizando el ADN autosómico del genoma nuclear, que no está relacionado con el sexo de la persona.
Mostré una gran preocupación por el hecho de que el estudio del ADN se llevara a cabo de la forma más científica y precisa posible, de manera que no hubiera margen para posibles críticas de los resultados. Nombramos a científicos diferentes en los dos laboratorios para que los resultados del primero pudieran ser confirmados de manera independiente por el segundo. En ambas instalaciones se mantuvieron las condiciones de esterilidad, se siguieron todos los protocolos habituales y se extrajeron muestras de todo el personal para descartar la contaminación. Los principales investigadores del laboratorio 1 fueron el doctor Yehia Z. Gad y Somaia Ismail; y, en el laboratorio 2, Sally Wasef y Mohamed Fateen; asimismo contamos con dos asesores alemanes, los doctores Carsten Pusch y Albert Zink. Nuestros radiólogos fueron Ashraf Selim, Hany Amer y el doctor Sahar Seleem.








