30/01/2011

Tan directivos como padres

Texto de Mar Galtés
Fotos de Kim Manresa
Tener vida personal no es un lujo. Cada vez más hombres entienden que conciliar la vida laboral y la privada ya no es sólo un debate de género. Creen que el éxito también reside en una vida personal que funcione y que esto no está reñido con la productividad. La opinión de algunos de estos hombres es más relevante si cabe porque son altos cargos en sus empresas

JOSEP SANTACREU Consejero delegado de DKV. 52 años. Cuando no está de viaje, acompaña a sus dos hijas mayores (en la foto, con otras dos niñas) al colegio. "No me pongo reuniones –cuenta– antes de las 9, y por la noche intento llegar antes de las 20 horas. Los fines de semana me encargo de los desayunos, vestirlas... A mí me ha cambiado totalmente el ritmo. Viajo mucho, pero intento estar en casa tanto como puedo".

El jefe de ventas de una pequeña empresa química (43 años, casado, un hijo) ha superado con éxito el proceso de selección para ser director comercial en una multinacional. Es una importante promoción, profesional y económica. Pero de repente, rechaza la oferta por una razón personal: su mujer espera el segundo hijo, es un embarazo de riesgo, y el médico le ha recomendado reposo. El nuevo puesto requeriría viajes y una intensa dedicación, y él sabe que ahora necesita dar apoyo en la familia. Decide dejar pasar esta oportunidad profesional, consciente de que quizás no se le vuelva a presentar. El empresario que le iba a contratar se enfada: lo considera un “marujo y calzonazos”, y añade: “Mejor habernos enterado ahora, un tipo así no lo quiero en la empresa. Buscaremos otro que no tenga imponderables familiares”. Esta historia pasó hace unos meses en el despacho de una empresa de selección de directivos.

Un empleado o un jefe que tiene imponderables familiares, que se preocupa por el delicado embarazo de su mujer, que recoge a sus hijos en el colegio o va al supermercado, ¿es peor empleado o peor jefe? Nadie se atrevería a decirlo. Pero todavía, socialmente, resulta difícil asumir que un hombre conceda tanta importancia a su vida personal como para no aceptar un ascenso profesional. Para una gran mayoría, especialmente de hombres, hay todavía ciertas actividades pertenecientes a la vida privada que se perciben en el trabajo como síntomas de debilidad.
Aunque cada vez hay más hombres que entienden que la conciliación de la vida personal y profesional también va con ellos. Sea cual sea su escalafón profesional, y también independientemente de a qué se dediquen sus mujeres, de si ellas trabajan o no. El modelo de hombre que triunfa ya no es el Clint Eastwood de los setenta, sino más bien el George Clooney redimido del final de Up in the Air.

“Durante muchos años viajé mucho y me dediqué más al trabajo que a la familia. Ahora me he dado cuenta de la importancia de estar cerca de los hijos, de lo que me he perdido”, dice Giorgio Maritan. Fue director general de Chupa Chups, ahora es emprendedor en otro sector. Tiene dos hijas de 17 y 20 años, y un niño de cinco: “Estoy viviendo cosas que no había vivido, y ahora busco más tiempo para compartir con ellos”. Y apunta una reflexión interesante: “Hay cierta sensación egoísta, lo hago porque yo quiero, el que se ha perdido algo importante he sido yo. Creo que a nuestros hijos no les ha afectado, porque mi mujer siempre ha estado cerca de ellos, ha tenido un trabajo más flexible. Ahora soy yo el que quiero esta flexibilidad: es un tiempo que, más que perjudicar al desarrollo profesional, me ayuda a equilibrar”.

Tener éxito profesional demanda una gran cantidad de esfuerzo, tiempo y trabajo. “Para el hombre está estandarizado que el éxito en la vida es tener un alto cargo, ganar mucho dinero y visibilidad profesional. Pero creo que es un error: para mí el éxito es que mi vida personal también funcione”, explica Xavier Pascual, vicepresidente de Toshiba para el sur de Europa. Hace unos años, se planteó el reto de asumir el desarrollo de la compañía en Latinoamérica: “Pero tendría que haber viajado mucho más, o llevarme a la familia. Lo valoramos..., y dije que no. Tengo dos hijos adolescentes, y no puedo educarlos a distancia”.

Durante años, Vicente Sánchez Villares reconoce que “fui un workaholic”. “Trabajaba –cuenta– de lunes a domingo, hacía cuatro días de vacaciones al año”. Fue durante su etapa en LG, en la que llegó a director general para España. En esa época nacieron sus dos hijos, que ahora tienen ocho y cinco años. “Llega un momento en el que tienes que parar, no tienes vida privada, te das cuenta de que te estás perdiendo a los niños. Acabé cansado físicamente, esa experiencia me acabó costando el matrimonio; asumo yo buena parte de la culpa”, añade.

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de: Lourdes | 06/02/2011
"No me pongo reuniones –cuenta– antes de las 9, y por la noche intento llegar antes de las 20 horas. Los fines de semana me encargo de los desayunos, vestirlas..." Je, je ¿y a esto se le llama conciliación? Sería interesante que publicaran otro reportaje sobre la conciliación, pero esta vez, los protagonistas podrían ser los empleados/as de estos directivos, tal vez esas secretarias que llegan a la oficina antes de la nueve y vuelven a sus casas a las ocho de la tarde, ¿también concilian? Necesito que el Sr. Santracreu me explique cómo concilia su vida laboral con la personal trabajando de 9 a 20h, más que nada para organizar mejor la mía... je, je
de: dserrano | 01/02/2011
Comparto y me creo la frase "Hay cierta sensación egoísta, lo hago porque yo quiero, el que se ha perdido algo importante he sido yo". Cada uno dentro de sus posibilidades si lo percibe como importante , intentará disfrutar con y de sus hijos el máximo tiempo posible.
de: MARÍA DEL CARMEN GONZÁLEZ GARCÍA | 31/01/2011
Yo también opino como Teresa. Creo que el artículo no muestra una visión generalizada del mundo laboral y profesional masculino.¿ que pasa con el resto de los mortales masculinos con una carrera profesional mediocre, muchas horas de trabajo y reducido sueldo? ¿ Se pueden permitir una conciliación familiar y renunciar al trabajo ,si fuera necesario ,en beneficio de los hijos o deben seguir aguantando todas las horas de trabajo y más aunque no vean ni a sus hijos para poder ganar lo mínimo necesario para mantenerlos? Creo que esta última es la verdadera realidad que afecta a más del 90 % de la población masculina en activo de nuestra sociedad española actual.
de: Teresas | 30/01/2011
Perdón, pero estos tipos son altos ejecutivos, con sueldazos los cuales les permiten mantener varias casas, coger aviones, asistentas... esto no es la mayoría... así de claro... dile tú al pobre que viaja toda una semana y gana 1500 euros que concilie...
de: Joaquim Carandell Tañà | 30/01/2011
Soy empresario y separado. Los días que me toca cuidar a mi hijo estoy con él en casa y conectado a la oficina compatibilizando así la función de padre con la de directivo. Estoy de acuerdo que presencia y eficiencia no son sinónimos: presencia no garantiza eficiencia y eficiencia no requiere presencia. Espero que muchos padres crean en esta filosofía y que hagan lo posible por ponerla en práctica. Atender a los hijos es la mejor inversión de la vida. Felicidades por el artículo.
de: Nanda Santana Cruz | 30/01/2011
Felicito al Magazine por la elección del tema, porque contribuye a visibilizar esa minoría de hombres que hacen de su vida personal una cuestión de importancia. Que cunda su ejemplo. Y a los de esa empresa de selección de directivos que tildaron de marujo y calzonazos a quien rechazó el puesto, hacerles llegar el clamor social de que son una especie en extinción.
de: Desde USA con amor | 30/01/2011
Tengo dos cuñados directivos, uno con 5 hijos y el otro con 2 hijas. Los dos han sabido asumir sus responsabilidades como padres y maridos, los dos son un ejemplo de hombres que no han renunciado a su familia con la excusa del trabajo, hombres de nuestra era. Mis felicitaciones a los dos y a todos los hombres que de verdad quieren a sus hijos!!!!
de: Montse Nafría | 29/01/2011
Aquest reportatge l'haurien de llegir força persones... què ens està passant?? Felicitats a aquests homes valents... estic totalment d'acord amb la frase de que no és més feliç el que més té... sinó el que menys necessita. A veure si van canviant els standars i ens tornem una mica més persones...
de: Maria | 29/01/2011
Han intercambiado los textos entre Pascual y Azcárate!!!
de: Jahve | 29/01/2011
Lo entiendo perfectamente. Me pasa exactamente lo mismo y el miedo a parra la carrera personal crea ese sacrificio en balancear la vida privada con la profesional. Hay que hacer maravillas con la mujer, para conseguir un balance razonable a la situación. Solución: buscar modelos nórdicos de familia para poder controlar lo que queremos para el futuro en este aspecto.
de: Toni | 29/01/2011
Mú, pero que mú bonito !!! Ahora que se lo cuenten a mi jefe... con un par... Si es que... ¡¡qué bonito es todo... con la cartera llena!!
de: Clara R.P. | 28/01/2011
La racionalización de los horarios es una asignatura pendiente en nuestro país, trabajar de 8 a 5 debería ser lo normal. Y nos hace falta un cambio cultural enorme: en Estados Unidos y países del norte de Europa, el que se marcha a su hora queda como un inútil que es incapaz de hacer su trabajo en sus horas. Aquí queda mal q se te "caiga el boli" a tu hora. Creo que los horarios racionales y la verdadera conciliación revertirían en empresas más productivas y con mejores resultados... Trabaja mejor alguien descansado, feliz y con equilibrio familiar que el que se machaca mil horas en el curro o calienta la silla mientras se le refríe el cerebro frente al ordenador!
de: Raquel | 28/01/2011
Viajar mucho, y cuando no viaja llega a las 20h, ¿eso es conciliar? Los niños se van a dormir a las 20.30 o las 21... ¿ver a sus hijas 1 hora al día es conciliar??? Miren, en realidad todos los trabajos se pueden hacer trabajando de 8 a 15h, y si no, es que se necesitan más personas para desarrollar ese trabajo. Muchas empresas explotan a sus trabajadores para ahorrarse sueldos de puestos de trabajo que no cubren.

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