18/11/2012
Un debut modelo
Texto de Salvador Llopart
Andrés Velencoso, el top-model, debuta en el cine con su participación en Fin, una película coral basada en la novela de David Monteagudo y dirigida por el también debutante Jorge Torregrosa. El actor tiene ganas de triunfar en esta profesión

Andrés Velencoso, junto a Blanca Romero, en el rodaje de una escena de la película
Todo estaba a punto, las cámaras, las luces, el plató, todo. Los técnicos iban y venían de un lado a otro mientras los demás actores, alguno de ellos al menos, se situaban discretamente alrededor de un coche. Andrés Velencoso, el top-model de Tossa de Mar de cuerpo espigado y fibroso, famoso por una sonrisa luminosa y franca y por su simpática desfachatez de guapo consciente de serlo (bueno, y también por ser el novio de la cantante Kylie Minogue), iba a rodar, junto a ese coche destartalado, la primera escena de su vida…
“Hoy vas a perder la virginidad como intérprete”, recuerda Velencoso que le dijo entonces Jorge Torregrosa, el director de la película. “¿Perder la virginidad? ¡Aquello fue para mí un autentico gatillazo!”, bromea el modelo, meses después del rodaje, hablando ya de forma distendida de su primera experiencia como actor. “¡Qué desastre!”, apuntilla.
“Todo estaba a punto, efectivamente. La cámara, las luces, incluso yo mismo pensaba que lo estaba, hasta que Jorge gritó ‘¡acción!’, y entonces, ya ves, me di cuenta de que todo estaban a punto, sí; todo, menos yo”. De aquel incidente recuerda Velencoso el silencio que siguió a su propio silencio, la inmovilidad en el plató. Allí no se meneaba nada, ni las moscas, tan habituales en el verano de la costa valenciana donde estaban rodando. “No conseguía que me saliera la voz”.
El top-model acostumbrado a las pasarelas de Nueva York, París y Milán, el rostro de Chanel y el cuerpo de Louis Vuitton, uno de los diez primeros modelos del mundo según la lista Top Icons Men models, sólo sentía en aquel momento el sudor frío correr sobre su frente, y aquella garganta suya que se negaba a articular palabra.
“Aquello fue una cura de humildad –afirma ahora con un sonrisa–. Porque gracias a la ayuda de todos, especialmente de Jorge, el director, el recuerdo de ese mal trago se convirtió desde entonces en un acicate para poder continuar”.
Aquel incidente, afortunadamente, no fue el temido fin de su participación en Fin, la película basada en la novela homónima de David Monteagudo, una obra imprevisible y compleja, llena de matices y de giros inesperados, como la propia presencia de Velencoso en el rodaje.
Una película en la que, según las notas de producción, el actor en ciernes “colabora de forma especial”, pero en la que, por supuesto, a sus 35 años, y todavía modelo en activo y por mucho tiempo –“no, no me pienso retirar de las pasarelas todavía”, dice–, tiene un verdadero protagonismo. El mismo, prácticamente, que todos los demás en esta película, absolutamente coral, dirigida por el también debutante, como Andrés Velencoso, pero en su caso en la dirección de un largometraje, que es Jorge Torregrosa.
“Hoy vas a perder la virginidad como intérprete”, recuerda Velencoso que le dijo entonces Jorge Torregrosa, el director de la película. “¿Perder la virginidad? ¡Aquello fue para mí un autentico gatillazo!”, bromea el modelo, meses después del rodaje, hablando ya de forma distendida de su primera experiencia como actor. “¡Qué desastre!”, apuntilla.
“Todo estaba a punto, efectivamente. La cámara, las luces, incluso yo mismo pensaba que lo estaba, hasta que Jorge gritó ‘¡acción!’, y entonces, ya ves, me di cuenta de que todo estaban a punto, sí; todo, menos yo”. De aquel incidente recuerda Velencoso el silencio que siguió a su propio silencio, la inmovilidad en el plató. Allí no se meneaba nada, ni las moscas, tan habituales en el verano de la costa valenciana donde estaban rodando. “No conseguía que me saliera la voz”.
El top-model acostumbrado a las pasarelas de Nueva York, París y Milán, el rostro de Chanel y el cuerpo de Louis Vuitton, uno de los diez primeros modelos del mundo según la lista Top Icons Men models, sólo sentía en aquel momento el sudor frío correr sobre su frente, y aquella garganta suya que se negaba a articular palabra.
“Aquello fue una cura de humildad –afirma ahora con un sonrisa–. Porque gracias a la ayuda de todos, especialmente de Jorge, el director, el recuerdo de ese mal trago se convirtió desde entonces en un acicate para poder continuar”.
Aquel incidente, afortunadamente, no fue el temido fin de su participación en Fin, la película basada en la novela homónima de David Monteagudo, una obra imprevisible y compleja, llena de matices y de giros inesperados, como la propia presencia de Velencoso en el rodaje.
Una película en la que, según las notas de producción, el actor en ciernes “colabora de forma especial”, pero en la que, por supuesto, a sus 35 años, y todavía modelo en activo y por mucho tiempo –“no, no me pienso retirar de las pasarelas todavía”, dice–, tiene un verdadero protagonismo. El mismo, prácticamente, que todos los demás en esta película, absolutamente coral, dirigida por el también debutante, como Andrés Velencoso, pero en su caso en la dirección de un largometraje, que es Jorge Torregrosa.

Varias imágenes del filme, que empieza con una reunión de un grupo de amigos, que llevan años sin verse, y deriva en una misteriosa historia, al estilo de la exitosa teleserie Perdidos
“A mi también me entró un sudor frío –recuerda el director–. Menos mal que yo tengo mis horas de vuelo, y aunque Andrés lo pasó mal (todos lo pasamos mal), vimos como supo sacar las fuerzas necesarias para seguir adelante y hacerlo cada día mejor, tal como suponíamos que lo haría”.
Ahora Velencoso sólo quiere una cosa; bueno, dos. La primera, que la gente vea su trabajo en Fin, que se prevé estrenar el próximo viernes; el trabajo de todos los que han participado en el filme, que, aunque se llama Fin, para él ha sido nada más el principio, o eso espera, de lo que está por llegar. Y ese es el segundo deseo del modelo metido a actor: seguir haciendo películas. “Tenía que haber empezado a actuar mucho antes”, afirma.
¿Qué es Fin, la película? “Algo diferente y, al mismo tiempo, muy fiel a la novela de Monteagudo en la que se basa”, dice Jorge Torregrosa, un veterano de 39 años de la ficción televisiva en series como Gran Hotel, 14 de abril, Tierra de lobos o Imperium, por citar sólo algunos de sus trabajos. Licenciado en Cine por la Universidad de Nueva York, ciudad en la que vivió diez años antes de volver a España para perseguir un sueño, y, casi sin darse cuenta, darse de bruces con la realidad. Un enamorado del cine que desde siempre quiso dar el salto a la gran pantalla (ese era el sueño), “mientras todos los proyectos, uno tras otro, y ha habido unos cuantos, se iban desmoronando sin llegar a buen puerto, y esa es la cruda realidad”.
Hasta llegar a Fin: “Cuando yo llego al proyecto, porque Fernando Bovaira, uno de los productores, ha visto mis cortos y sabe de mi trabajo, ya existe un primer tratamiento de guión realizado por Jorge Guerricaechevarría, el guionista de Celda 211, entre muchas otras películas. Una adaptación que era muy fiel a la, digamos, tendencia hiperrealista de la novela de Monteagudo”, señala Torregrosa. Es decir, fiel a esa novela donde lo que se sabe se sabe a través del diálogo y la acción de los personajes. Sin la explicación del cómo y del porqué. “Aquella era una buenísima adaptación de la que nos quedamos muchas cosas, una adaptación colosal. Pero Sergio Sánchez (Lo imposible, El orfanato) y yo decidimos ser menos fieles a la letra y destacar mucho más la épica y la aventura, y de paso plantearnos también unas cuantas preguntas más: ¿por qué ocurre lo que ocurre? ¿Quiénes son esa gente? La fidelidad, para nosotros, pasaba a un segundo plano”, explica el director.
El resultado, sorprendentemente, y a pesar de un final radicalmente distinto, es fiel al espíritu del relato. La película habla de “esa gente”, como dice Jorge Torregrosa, los protagonistas de la historia. Un grupo de amigos que, tras años sin verse, queda un fin de semana en una casa de montaña, como antes hacían, aunque han pasado veinte años desde la última vez. La sombra del pasado pesa sobre ellos tanto como la alegría luminosa del reencuentro, y entre la ilusión de volverse a ver y los reproches por viejas rencillas, o sea, lo que siempre pasa cuando se reencuentra en el cine un grupo de viejos amigos, empiezan a pasar también cosas inesperadas y nunca vistas…
Ahora Velencoso sólo quiere una cosa; bueno, dos. La primera, que la gente vea su trabajo en Fin, que se prevé estrenar el próximo viernes; el trabajo de todos los que han participado en el filme, que, aunque se llama Fin, para él ha sido nada más el principio, o eso espera, de lo que está por llegar. Y ese es el segundo deseo del modelo metido a actor: seguir haciendo películas. “Tenía que haber empezado a actuar mucho antes”, afirma.
¿Qué es Fin, la película? “Algo diferente y, al mismo tiempo, muy fiel a la novela de Monteagudo en la que se basa”, dice Jorge Torregrosa, un veterano de 39 años de la ficción televisiva en series como Gran Hotel, 14 de abril, Tierra de lobos o Imperium, por citar sólo algunos de sus trabajos. Licenciado en Cine por la Universidad de Nueva York, ciudad en la que vivió diez años antes de volver a España para perseguir un sueño, y, casi sin darse cuenta, darse de bruces con la realidad. Un enamorado del cine que desde siempre quiso dar el salto a la gran pantalla (ese era el sueño), “mientras todos los proyectos, uno tras otro, y ha habido unos cuantos, se iban desmoronando sin llegar a buen puerto, y esa es la cruda realidad”.
Hasta llegar a Fin: “Cuando yo llego al proyecto, porque Fernando Bovaira, uno de los productores, ha visto mis cortos y sabe de mi trabajo, ya existe un primer tratamiento de guión realizado por Jorge Guerricaechevarría, el guionista de Celda 211, entre muchas otras películas. Una adaptación que era muy fiel a la, digamos, tendencia hiperrealista de la novela de Monteagudo”, señala Torregrosa. Es decir, fiel a esa novela donde lo que se sabe se sabe a través del diálogo y la acción de los personajes. Sin la explicación del cómo y del porqué. “Aquella era una buenísima adaptación de la que nos quedamos muchas cosas, una adaptación colosal. Pero Sergio Sánchez (Lo imposible, El orfanato) y yo decidimos ser menos fieles a la letra y destacar mucho más la épica y la aventura, y de paso plantearnos también unas cuantas preguntas más: ¿por qué ocurre lo que ocurre? ¿Quiénes son esa gente? La fidelidad, para nosotros, pasaba a un segundo plano”, explica el director.
El resultado, sorprendentemente, y a pesar de un final radicalmente distinto, es fiel al espíritu del relato. La película habla de “esa gente”, como dice Jorge Torregrosa, los protagonistas de la historia. Un grupo de amigos que, tras años sin verse, queda un fin de semana en una casa de montaña, como antes hacían, aunque han pasado veinte años desde la última vez. La sombra del pasado pesa sobre ellos tanto como la alegría luminosa del reencuentro, y entre la ilusión de volverse a ver y los reproches por viejas rencillas, o sea, lo que siempre pasa cuando se reencuentra en el cine un grupo de viejos amigos, empiezan a pasar también cosas inesperadas y nunca vistas…
Le invitamos a que sea el primero en comentar esta información.







