23/12/2012

"Los gobiernos podían haber hecho mejor sus deberes"

Saskia Sassen

Texto de Marta Ricart
Fotos de Ana Jiménez
Un tiempo revuelto como el presente necesita reflexión, y esta socióloga y pensadora de origen europeo y afincada en EE.UU. es una de las voces más autorizadas para este análisis, al que lleva dedicados más de 20 años. Profesora en la Universidad de Columbia, ha recorrido mucho de este mundo que disecciona


Los 15 años, Saskia Sassen ya hablaba cinco idiomas. Nacida en Holanda (La Haya, 1949), se crió en varios países y vivió en ciudades como Buenos Aires y Roma. Aunque durante un tiempo dio guerra a su familia porque quería ir a estudiar a Rusia, a los 19 años se fue a Estados Unidos “con 50 dólares en el bolsillo, a la aventura”, dice. Y se quedó. Es profesora de Sociología en la Universidad de Columbia y vive entre Nueva York y Londres, donde impartió clases en la London School of Economics.

Hace más de 20 años que se dedica al estudio de la sociedad, desde el uso de las nuevas tecnologías hasta el terrorismo, pero, sobre todo, las dimensiones política, social y económica de la globalización. Cuenta que no tiene la facilidad de su marido, el también sociólogo Richard Sennett, para plasmar en libros sus investigaciones. A cada una dedica años. Su trabajo más conocido lo recogió en La ciudad global (de 1991, reeditado el 2001).

Sus libros se han traducido a una veintena de lenguas, y ella es requerida en muchos puntos del planeta para repensar el mundo actual. Comenta que cuando pasa más de un día en una ciudad, se enamora del lugar, y que podría vivir, por hablar de dos sitios, tanto en Kampala (donde, de hecho, residió) como en Barcelona, donde estuvo este otoño para participar en un congreso del Banco Mundial. A la vez, lo que muestra cómo es, no quiso renunciar a una charla organizada por una pequeña entidad de mujeres, Col·lectiu Punt 6.

No se permite una vaguedad ni una broma mientras desenmaraña el recorrido de la crisis actual. Fecha su inicio cuando la mayoría aún creía que todo iba bien.
 
Esta debe de ser una época interesante para hacer sociología, ¿no? ¿El mundo del último siglo o siglo y medio cambia? En efecto. Una variable para mí es la noción de que algunos conceptos que habían adquirido significados estables, como la economía, el gobierno, la clase media…, en 20 años, pero sobre todo en los últimos años, se ha agudizado su cambio, se han desestabilizado. Ya no está claro qué es el gobierno nacional, por ejemplo en España, donde tienen tanta interferencia de las instituciones europeas. Lo mismo ocurre con lo social. ¿Qué es hoy lo social? ¿Quién tiene la capacidad de construirlo? Porque yo creo que se hace, no es un atributo que viene dado de grupos, familias, de la calle. A medida que nos hicimos una sociedad de clase media, esta es la que más se ha beneficiado del Estado del bienestar, del Estado que tiene un proyecto social, no sólo militar o de construcción de infraestructuras. Nos hemos vuelto consumidores de lo social. Pero hoy, en este mundo que está desestabilizado comparado con los significados que aparecieron en la posguerra, ¿qué sectores construyen lo social?

¿Cuáles, según usted?
Por un lado, las élites, que no son lo mismo que simplemente los ricos; las élites tienen un proyecto social. Y el otro agente son los pobres. No los pobres almacenados en guetos o slums, pasivos, sino los de lo que yo llamo working slums, sean de India o de favelas brasileñas, los que han hecho sus casas con sus manos, han construido una subeconomía, enseñan a sus hijos porque no pasan por el sistema formal de educación… Ellos construyen lo social pedacito a pedacito. Cuando los inmigrantes llegan a un país, algunos quedan reducidos a no hacer nada, pero hay comunidades que sí construyen tejido social, una economía de vecindario…

¿Cree que en el futuro se dirá que este tiempo marcó un cambio de época?
Ahora se está volviendo visible un proceso que en mis estudios ya veía en los años 80: que íbamos a una creciente desigualdad. Yo veía eso en una época que era de gentrificación (aburguesamiento), en que donde había un viejo edificio se construía uno renovado y hermoso, de grandes arquitectos. Entonces, muchos no entendieron mi trabajo; hoy me comentan: “Ahora entiendo qué decías”. Un orden visual señalaba unas clases medias cada vez más ricas, nuevas infraestructuras y tecnologías, modernización. Había un 20% de la población de las ciudades que se volvía más rica de lo que jamás habría esperado. Yo lo expliqué como que se necesitaba un sector intermedio de gente extremadamente especializada, con muchos conocimientos (inteligencia activa), y era un sector altamente pagado de la clase media, pero al mismo tiempo ya había un empobrecimiento de las tradicionales clases medias. Lo que ocurría era que el Estado aún cumplía con todas las funciones sociales, los sindicatos estaban todavía en condiciones de organizar y proteger, y los gobiernos aún creían que la clase media era el gran sector al que debían responder. Esa visión de prosperidad se concentraba en el centro de las ciudades, lejos de los guetos. Y empezó a generar mucha ansiedad a la gente que veía esos jóvenes con ropa y coches increíbles mientras ellos se volvían más pobres y se decían: ¡si a todos les está yendo bien…! Pero la clase media ya empezaba a perder, poquito a poquito, como una casa vieja que empieza a desmoronarse. En los años 90, se dio bastante en Sudamérica que las clases medias tradicionales, profesores, amas de casa…, iban vendiendo todo, su casa empobrecía por dentro, y llegaron a salir a la calle a protestar que no tenían para comer. Ahí empezó todo. Me pregunta si estamos entrando en una nueva época, y yo digo sí, todo eso ahora se ha vuelto muy visible. Pero quiero hacer hincapié en que este es un proceso que no cae del cielo, porque el euro no funciona, por el déficit de los estados… No; uno ya lo podía vislumbrar hace años, cuando parecía que a todos les iba bien. Sólo que llega un momento de intersección con la crisis financiera, con las prácticas de los estados que se habían endeudado porque ellos gastan dinero, pero también porque el sector financiero les empujó a hacerlo, porque les daba lo que parecían préstamos, pero no lo eran, eran derivados, productos financieros cuyo valor se relaciona con lo que ocurra vaya a saber dónde…

Lo que hasta ahora no se ha sabido.
Hay municipios en Italia, por ejemplo, que están en bancarrota por préstamos cuyo valor venía derivado por condicionantes muy alejados de ese municipio. Se desmorona un sistema que no fue la invención de gente o de gobiernos corruptos, eso es muy simplista como explicación, se requiere una más profunda y estructural. Una manera breve de decirlo es que se tendió a la financialización de todo. Va con el capitalismo transformar todo en algo que se pueda vender; pero financializar, transformar todo en un derivado… Su pensión ya no es simplemente dinero que se guarda; está titulizada y financializada. La primera crisis de este tipo fue en EE.UU. en los años 90 en Orange County (California), donde de pronto se supo que las pensiones de todo el sector público estaban financializadas y se fue a la bancarrota. Ahí había una lección muy grande que aprender…

¿Y no se aprendió?
No. Lo mismo le ocurrió a Grecia. Es un abuso, y el criminal –y digo criminal, no confundo términos– tiene nombre: hay dos: por un lado, los ricos, lo que incluye gente del gobierno, que sacaron su dinero del país y no pagaron impuestos, y, por otro lado, el sector financiero, que supuestamente venía con soluciones. Goldman Sachs diseñó un producto financiero para que Grecia pudiera entrar en el euro, pero a la vez, desarrolló otro derivado para vender a otros inversores que iban a ganar si el gobierno iba a la bancarrota. Durante 20 años, gente brillantísima crea una narrativa complicada que van comprando inversores y políticos, y encima deciden que es una materia tan compleja que la dejan en manos de los expertos. País tras país, los ejecutivos –que han ganado poder frente al legislativo y un poder judicial más ambiguo– crean comisiones especializadas para manejar las finanzas, les ceden la función regulatoria. ¿Y quienes son los expertos en finanzas?, pues el mismo sector financiero. Lo mismo pasó con las telecomunicaciones. Los gobiernos podían haber hecho un poco mejor sus deberes.

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