06/01/2013

La reconversión de las madrastras

Texto de Ana Valls
Ilustración de Anna Llenas
Pese a que últimamente haya revivido en el cine, queda ya atrás en el tiempo la imagen de la malvada madrastra de Blancanieves. La proliferación de familias reconstituidas ha hecho evolucionar este rol. Con todo, aún presenta aspectos difusos

Claire tiene 33 años, vive en Kent, Inglaterra, y es madrastra de un niño de 10 años; no tiene hijos propios aún. Su marido tiene la custodia del pequeño desde que tenía siete años. La madre biológica del niño vive con una hija que tuvo con su nuevo marido y un hijo de este, fruto de un anterior matrimonio. El caso de Claire es común hoy en la sociedad, donde divorcios y separaciones han dado lugar a la formación de nuevas familias denominadas reconstituidas.

Como consecuencia, la imagen negativa que siempre se tuvo de la madrastra, fomentada por la literatura y el cine –Blancanieves o Cenicienta padecieron a las suyas–, ha ido evolucionando en sentido positivo, afirma Dámaris Muñoz, psicoterapeuta y profesora de la Facultad de Psicología de la Universitat de Barcelona. “Antes, la madrastra era vista como una mujer perversa, con deseos de convertir a los hijos en esclavos o de robarles a su padre. Afortunadamente, la imagen ha cambiado, y se ha adaptado a los nuevos formatos de familia, porque cada vez son más las parejas con hijos que se separan, que rehacen su vida con otra persona que tienen, a su vez, hijos, y tienen más juntos”, comenta la psicóloga.

Más allá de la normalización de su rol en la sociedad, las madrastras (y los padrastros) se enfrentan a numerosos retos. En el caso de Claire, por ejemplo, el cambio en su estilo de vida fue lo más complicado de asimilar, ya que pasó de estar sola a vivir en pareja y cuidar de su hijastro. “Los padres de mi marido quieren que ocupe el lugar de su madre y me cargan con responsabilidades –explica con cierto disgusto–. Yo trato de fomentar que el pequeño pase los fines de semana con su madre; aunque a mi pareja no le gusta demasiado la idea, creo que es positivo para él”.

El deseo de reemplazar a la madre (al padre, en el caso de los padrastros) es, según los expertos, el principal error que se comete. “La mujer –comenta Dámaris Muñoz–, que se convierte en madrastra y no tiene hijos propios puede caer en la tentación de ejercer el papel de madre, cuando ya existe una. Encontrar el equilibrio es complicado ya que entran en juego muchas variables, tanto individuales (el deseo de maternidad, el nivel de autoestima, la fortaleza del vínculo con la pareja o las necesidades de reconocimiento, entre otras), como relacionadas con la edad de los hijos o la existencia de conflictos entre el padre y la madre”.

En este sentido, Begoña Olabarría, psicóloga y presidenta de la Federación Española de Asociaciones de Psicoterapeutas, recalca la necesidad de “realizar un cierre adecuado de la primera relación para que ni los hijos ni la nueva pareja sufran situaciones confusas”. También es importante “definir nuevos límites y reglas para la familia que se acaba de formar”, añade.

En el caso de Claire, su relación con la madre biológica del pequeño es “correcta y agradable”, aunque ha tenido que lidiar con problemas. “A veces, cuando mi hijastro pasa los fines de semana con su madre –comenta–, se comporta mal, por lo que le obligan a volver a nuestra casa antes. También le han comprado un móvil, algo con lo que mi marido y yo no estamos de acuerdo, o le permiten comer muchos dulces e irse a dormir a la hora que quiera”.

Dámaris Muñoz recuerda la importancia de tratar a todos los hijos por igual y de estar atentos a sus sentimientos. “Pueden darse celos entre los niños y más si son de edades próximas. Los pequeños suelen sentirse inseguros y llegan a pensar que el vínculo con su padre o con su madre puede ponerse en peligro”, afirma. Y subraya que “no se debe caer en la permisividad, tratando de contentar tanto al hijo propio, como al hijastro”.

Aunque no todo son obstáculos. La inglesa Claire asegura que su situación la une más a su marido y le ha hecho madurar. “Y he aprendido que uno puede amar de forma incondicional existan o no lazos de sangre”, declara.

¿Y qué ocurre en casos de viudedad? Begoña Olabarría opina que si el cónyuge ha realizado un duelo “correcto” y no busca simplemente llenar el hueco dejado por la persona fallecida, no tendrían por qué surgir problemas. “Lo mejor en estos casos es no olvidar a la madre, poder hablar sobre ella y tener fotos suyas en la casa. De esta manera, se puede crear un nuevo hogar con reglas propias”, indica la psicóloga.

Cristina, una mujer que hoy tiene 61 años, se convirtió en madrastra cuando tenía 40, al contraer matrimonio con un viudo, padre de tres hijos de 15, 12 y 11 años. Hasta ese momento, ella vivía sola y tenía un trabajo bien remunerado que le permitía vivir cómodamente. Las dificultades surgieron al tener que convivir las cinco personas. Reconoce que le afectó también no tener un periodo solos con su marido “para conocernos mejor y empezar nuestra nueva vida juntos”.
Después de todos estos años, explica que valora de forma positiva la experiencia: “Los hijos, ahora mayores y ya con sus propios hijos, han recibido de mí cariño y atención, y ellos me valoran y aprecian en función de su carácter y de la edad en la que empezamos a convivir. A estas alturas, yo los considero hijos míos, y a sus hijos, mis nietos”.

Más
Libros
¡Para empezar, tú no eres mi madre! ¿Qué lugar debe ocupar una madrastra?
Marie-Claude Vallejo.
Volver a empezar.
Raimon Gaja y Marina Muñoz.

Película
Quédate a mi lado (1998).

Las claves para una relación más feliz
Lisa Doodson, psicóloga y madrastra, es autora de un libro, How to Be a Happy Stepmum, y es la fundadora de la web de ayuda Happy Steps (www.happysteps.co.uk). Estas son algunas de sus recomendaciones para una buena relación:

1. Tenga expectativas realistas y que se puedan cumplir. Es necesario un tiempo de adaptación para todos en la familia, en el que conocerse mejor y sentirse cómodos en el nuevo hogar.

2. Sea flexible. No se angustie y trate de enfrentarse a los problemas que surjan con positivismo.

3. Intente organizar actividades en familia en las que participen todos para crear así una identidad familiar y compartir recuerdos en el futuro.

4. Aprenda a querer a sus hijastros. Base su relación con ellos en la confianza mutua.

5. Acepte que a veces puede equivocarse y necesitar ayuda.

6. Practique la honestidad. Escuche sin criticar o juzgar a los demás.

7. Evite situaciones confusas dejando claro cuál es su papel en la familia.

8. Trate de mantener una relación positiva o al menos lo más neutral posible con la madre y acepte que quiera participar en la vida de sus hijos.

9. Comuníquese de forma efectiva. No se vaya a la cama con un enfado.

10. Recuerde que la vida no es perfecta ni para las familias con madrastras o padrastros, ni para las demás. Y si nada de lo anterior funciona, tenga un buen sentido del humor. Le ayudará.

de: cosmo polita | 25/01/2013
No es una madrastra sino la mujer de mi padre, solo se es madrastra si muere la madre por lo tanto no es correcta el uso del nombre en este caso.

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