17/03/2013
Los rostros del poder
Beppe Grillo
Texto de Piergiorgio M. Sandri
El futuro de Italia está en sus manos. Este excómico de Génova ha arrasado en las elecciones italianas. Sus detractores le acusan de demagogo y populista. Sus partidarios, de revolucionario iluminado. Su historia personal desvela un hombre contradictorio. ¿Es de fiar?

Beppe Grillo, aclamado por sus fans, tras una campaña en la que ha convocado a miles de personas en las plazas de todo el país
Después de las últimas elecciones italianas, el cómico (“payaso”, según The Economist) Beppe Grillo tiene el destino de Italia y tal vez de Europa, en sus manos. ¿Cómo se ha llegado a esta situación? “En el extranjero no entienden que Italia está viviendo un gran proceso creativo después de décadas de estancamiento”, explica Fernando Pensosi, profesor de instituto y exvotante de izquierda. “Si EE.UU. ha tenido a Ronald Reagan y Arnold Schwarzenegger, ¿por qué nosotros no podemos tener a Beppe Grillo?”, dice Michel Mosseri, un ingeniero que en los últimos comicios también votó por el Movimento Cinque Stelle de Grillo.
Su formación es inédita, pero el cómico es un viejo conocido en su país. Tiene 64 años y una larga trayectoria a sus espaldas. Su viaje hacia la Ítaca política empieza en los años sesenta. De joven trabaja en la fábrica de su padre con más pena que gloria. Luego pasa a ser comercial de una firma de vaqueros. Entretiene a los colegas con chistes y canciones más que vender productos. Le despiden.
Un día corteja a la chica equivocada y el novio le da un cabezazo que le rompe los dientes. Tiene fama, como todos los genoveses, de agarrado. Cuentan que adopta la costumbre de ir por la calle con un chándal sin bolsillos para no tener que gastar dinero. Hay quien dice que utiliza las migas de pan que sobran de la cena para el rebozado del día siguiente.
Su formación es inédita, pero el cómico es un viejo conocido en su país. Tiene 64 años y una larga trayectoria a sus espaldas. Su viaje hacia la Ítaca política empieza en los años sesenta. De joven trabaja en la fábrica de su padre con más pena que gloria. Luego pasa a ser comercial de una firma de vaqueros. Entretiene a los colegas con chistes y canciones más que vender productos. Le despiden.
Un día corteja a la chica equivocada y el novio le da un cabezazo que le rompe los dientes. Tiene fama, como todos los genoveses, de agarrado. Cuentan que adopta la costumbre de ir por la calle con un chándal sin bolsillos para no tener que gastar dinero. Hay quien dice que utiliza las migas de pan que sobran de la cena para el rebozado del día siguiente.

Junto al actor francés Michel Coluche, en el rodaje de Scemo di guerra, de Dino Risi (1985);
Pese al fermento del movimiento estudiantil de la época, no se interesa demasiado por la política. No presume de intelectual. Se matricula en la facultad de Economía, pero abandona al cabo de meses. Decide dedicarse en cuerpo y alma al espectáculo y consigue la notoriedad cuando desembarca en la televisión pública, la RAI. Su popularidad se dispara muy rápido. Es irreverente, divertido. Con tan sólo 31 años ya logra la máxima audiencia en la televisión, con 23 millones de espectadores.
En los años ochenta, intenta la aventura en el cine. Dino Risi, quien lo dirige en la película Scemo di guerra, cuenta que Grillo se puso celoso de su compañero de reparto, el francés Michel Coluche (ex candidato a la presidencia de Francia). “Un día dijo que estaba enfermo y desapareció. Durante dos meses tuvimos que parar el rodaje. Al final le enviamos una inspección laboral a su casa, porque, si no, tendríamos que haber pagado una multa”. El veterano director declara años después: “Creo que Grillo es más actor hoy que cuando intentó hacerlo de verdad. No hay nada de verdad en el personaje que interpreta”.
En 1981, en la localidad de Limone Piemonte, el coche que conduce resbala en una placa de hielo y cae por un barranco. Mueren casi todos sus ocupantes: una pareja de amigos del cómico con su hijo de ocho años. Grillo consigue salvarse. Lo procesan por homicidio imprudente. Tiene que pagar una suma importante a la otra hija del matrimonio, que se ha quedado huérfana. En 1985 le condenan con sentencia firme, al reconocer que se lanzó a la carretera “consciente del peligro”, aunque evita la cárcel.
Tras asimilar la tragedia, vuelve a los escenarios y su caché sube. Escriben guiones para él autores de prestigio como Antonio Ricci y Stefano Benni. Protagoniza una serie de anuncios exitosos para una marca de yogur. Gana el León de Oro de publicidad en Cannes. Vive en un chalet en las afueras de Génova, ciudad que prácticamente deja de frecuentar. Se hace construir una piscina y cubre una terraza de forma ilegal (años después se acogerá a una amnistía sobre los abusos urbanísticos). Se compra coches de lujo (que luego venderá): Porsche, Ferrari... También se autorregala un barco de 12 metros de eslora, con el que se estrella contra una roca en 1997 (lo investigan por naufragio imprudente, luego archivan la causa).
En 1990 se mete contra el partido socialista de Bettino Craxi. “Si en China son todos socialistas, entonces allí no tienen a nadie a quien robar”, suelta en la RAI. Los directivos piden su cabeza y le condenan al exilio mediático.
En los años ochenta, intenta la aventura en el cine. Dino Risi, quien lo dirige en la película Scemo di guerra, cuenta que Grillo se puso celoso de su compañero de reparto, el francés Michel Coluche (ex candidato a la presidencia de Francia). “Un día dijo que estaba enfermo y desapareció. Durante dos meses tuvimos que parar el rodaje. Al final le enviamos una inspección laboral a su casa, porque, si no, tendríamos que haber pagado una multa”. El veterano director declara años después: “Creo que Grillo es más actor hoy que cuando intentó hacerlo de verdad. No hay nada de verdad en el personaje que interpreta”.
En 1981, en la localidad de Limone Piemonte, el coche que conduce resbala en una placa de hielo y cae por un barranco. Mueren casi todos sus ocupantes: una pareja de amigos del cómico con su hijo de ocho años. Grillo consigue salvarse. Lo procesan por homicidio imprudente. Tiene que pagar una suma importante a la otra hija del matrimonio, que se ha quedado huérfana. En 1985 le condenan con sentencia firme, al reconocer que se lanzó a la carretera “consciente del peligro”, aunque evita la cárcel.
Tras asimilar la tragedia, vuelve a los escenarios y su caché sube. Escriben guiones para él autores de prestigio como Antonio Ricci y Stefano Benni. Protagoniza una serie de anuncios exitosos para una marca de yogur. Gana el León de Oro de publicidad en Cannes. Vive en un chalet en las afueras de Génova, ciudad que prácticamente deja de frecuentar. Se hace construir una piscina y cubre una terraza de forma ilegal (años después se acogerá a una amnistía sobre los abusos urbanísticos). Se compra coches de lujo (que luego venderá): Porsche, Ferrari... También se autorregala un barco de 12 metros de eslora, con el que se estrella contra una roca en 1997 (lo investigan por naufragio imprudente, luego archivan la causa).
En 1990 se mete contra el partido socialista de Bettino Craxi. “Si en China son todos socialistas, entonces allí no tienen a nadie a quien robar”, suelta en la RAI. Los directivos piden su cabeza y le condenan al exilio mediático.

Grillo muestra un iPad durante la reciente campaña electoral: la plataforma del Movimento Cinque Stelle funciona mediante la web y la interacción con las nuevas tecnologías
Le hacen un favor: según un sondeo del instituto Abacus, en 1991 es el cómico más popular de Italia. Para el presentador Pippo Baudo, su descubridor, “en este momento saborea el gusto del destierro. Se convierte en un excluido de profesión”.
Empieza entonces una gira por Italia con sus espectáculos teatrales. Ataca los privilegios del establishment con descaro y éxito. Pero no faltan los patinazos. En los escenarios llega a sostener que el VIH no es responsable del sida y después tacha a la premio Nobel Rita Levi Montalcini de “vieja puta” al afirmar que ganó el galardón con la ayuda de una firma farmacéutica (un tribunal le condenará a pagar una multa de 8.400 euros). Llega a comparar los gases contaminantes de los coches con los gases de los campos de exterminio. “Hitler era un loco enfermo, pero detrás de su idea de eliminar a los judíos había la intención de eliminar su dictadura financiera”. Otros chistes rozan la xenofobia. “Los marroquíes que vienen aquí, que respeten las reglas o si no, que se vayan. Aunque siempre te los puedes meter en el coche y, sin que nadie te vea, le das un par de cachetes”. Él se defiende: “Para ser un cómico se precisa mucha desesperación, si no, no haces reír a nadie”.
Su verborrea es imparable. En sus espectáculos revienta un ordenador en mil pedazos lanzándolo al suelo para denunciar la obsolescencia tecnológica de los productos de consumo. Acumula decenas de denuncias por atentado al honor. Grillo se documenta, estudia, analiza los archivos bursátiles. Y saca a la luz escándalos empresariales. Actúa como un paladín de la justicia. En 1993 se presenta en la asamblea de la sociedad telefónica Stet para denunciar el negocio de los prefijos eróticos 144, según él un sistema para evadir impuestos.
Empieza entonces una gira por Italia con sus espectáculos teatrales. Ataca los privilegios del establishment con descaro y éxito. Pero no faltan los patinazos. En los escenarios llega a sostener que el VIH no es responsable del sida y después tacha a la premio Nobel Rita Levi Montalcini de “vieja puta” al afirmar que ganó el galardón con la ayuda de una firma farmacéutica (un tribunal le condenará a pagar una multa de 8.400 euros). Llega a comparar los gases contaminantes de los coches con los gases de los campos de exterminio. “Hitler era un loco enfermo, pero detrás de su idea de eliminar a los judíos había la intención de eliminar su dictadura financiera”. Otros chistes rozan la xenofobia. “Los marroquíes que vienen aquí, que respeten las reglas o si no, que se vayan. Aunque siempre te los puedes meter en el coche y, sin que nadie te vea, le das un par de cachetes”. Él se defiende: “Para ser un cómico se precisa mucha desesperación, si no, no haces reír a nadie”.
Su verborrea es imparable. En sus espectáculos revienta un ordenador en mil pedazos lanzándolo al suelo para denunciar la obsolescencia tecnológica de los productos de consumo. Acumula decenas de denuncias por atentado al honor. Grillo se documenta, estudia, analiza los archivos bursátiles. Y saca a la luz escándalos empresariales. Actúa como un paladín de la justicia. En 1993 se presenta en la asamblea de la sociedad telefónica Stet para denunciar el negocio de los prefijos eróticos 144, según él un sistema para evadir impuestos.
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