18/05/2008

El valle que encierra el mayor secreto del Tíbet

Texto y fotos de Rafael Poch
La CIA utilizó el sufrimiento tibetano contra China para alentar una guerrilla, pero  no tuvo grandes resultados militares. El deshielo entre Washington y Pekín acabó con ella en 1974. El Magazine ha viajado al valle de Mustang, en la frontera de Nepal, donde se asentaron aquellos guerrilleros. Los testimonios de los excombatientes permiten reconstruir  un episodio poco conocido de la historia que tuvo como escenario un rincón olvidado al pie del Himalaya.

Vea el blog Diario de Pekín

Tsering Karma, vecino de Lo Manthang (en la imagen junto a su compañero Tharchin): "A los americanos nunca los vimos..., pero los oíamos".

La CIA preparó a los guerrilleros en las montañas Rocosas, donde se daban condiciones similares a las de Tíbet. Nadie en los alrededores sabía que era un campo de adiestramiento
 “Fue poco después de la huida del Dalai Lama; llegamos a India en condiciones miserables. En la frontera había que entregar las armas a los guardias indios, no teníamos nada, y nos pusimos a trabajar en la construcción de carreteras, en el estado de Assam. Era un trabajo duro.” Organizados por los hermanos del Dalai Lama, los reclutadores del futuro ejército de Mustang llegaron y se los llevaron. “Marchamos a pie desde India Occidental hasta la frontera con Nepal, y desde allí, medio en autobús, medio a pie, hasta llegar a Mustang. Fue un viaje de muchos meses”, explica.
 Champa Naman, de 65 años, llegó a Nepal con 15 años desde Nagsam, en Kham, junto con toda su familia. Lo encuentro en Marpha, un pintoresco pueblo thakalo del bajo Mustang, donde vive en una casa que es casi una choza, con su mujer y dos hijas. “Escapamos de Tíbet por el monte Kailash, llevábamos todo nuestro ganado, pero los chinos nos lo confiscaron. Una vez en India, vinieron a reclutarme para ir a Mustang”, recuerda.
 Norbu Phuntsok, otro khampa residente en Jomson (Mustang), que regenta una tienda de souvenirs, explica que su familia no sufrió directamente la represión. “Mi familia era nómada y pobre, pero mi abuelo era monje. Oímos que habían matado a lamas en Lhasa, y eso nos decidió a huir”, dice. El primer invierno fue muy duro, el dinero y los suministros de la CIA tardaron en hacer su aparición –la población recuerda la llegada de caravanas de mulas inusitadamente largas, de “hasta 50 o 60 mulas” que llegaban a Mustang desde India cargadas de provisiones para los khampas–. “Vivíamos en tiendas de campaña y precarias barracas de madera improvisadas”, recuerda Tega.
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de: Jaume | 23/05/2008
Molt bo aquest reportatge, és estrany comprovar que el diari està ple de comenaris sobre notícies fluixes o directament d'agència i, en canvi aquí, amb una sentència final "cinco de esas organizaciones fueron las que organizaron la revuelta tibetana del pasado mes de marzo" que, si es certa, ajuda a entendre molt les coses d'avui. Sense cap comentari. Estrany. Segurament manquen links directes entre el Magazine i les pàgines de La Vanguardia. En qualsevol cas, enhorabona als autors.
17 de agosto
17 de agosto

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