05/07/2009

La vida por un disparo

Texto de Josep Massot
Llegaron a París huyendo del nazismo y encarnaron el mito del fotoperiodista de guerra. Robert Capa y Gerda Taro ilustraron episodios cruentos de la historia desde la línea de fuego. Una exposición (MNAC de Barcelona, del 7 de julio al 29 de septiembre) rinde tributo a una labor que les costó la vida y rescata la obra de la fotógrafa, hasta ahora ignorada.

Robert Capa,. en el frente de Segovia. Mayo-junio de 1937

Endre Friedmann había aprendido fotografía desde el subsuelo, como chico de los recados de la agencia Dephot en el Berlín prenazi. Cuando tuvo que huir por piernas de Alemania, en París nadie tuvo que enseñarle a moverse como una anguila entre el compromiso socialista y la picaresca del que tiene que vivir a salto de mata: hizo de modelo para ilustrar el folletín El asesino del bumerán, fotografió el tour de Francia, al boxeador Paulino Uzkudun o al aeróstata Emilio Herrera. Hasta que con Gerda Taro inventaron a Robert Capa: un excéntrico fotógrafo norteamericano, al que –aseguraba ella a los editores de revistas– podía convencer para que les vendiera, por un “módico” precio, 150 francos, el triple de la tarifa habitual, sus preciadas fotografías. La trola no se la tragó ninguno de los avispados editores: “Díle a ese ridículo chaval Friedmann que anda por ahí tomando fotos con una sucia chaqueta de cuero que se presente en mi oficina por la mañana a las nueve”, le dijo a Taro el editor de Vu, Lucien Vogel. La fama de irresponsable –vendió una magnífica Plaubel Makina prestada por la revista que le encargó un reportaje sobre Saint-Tropez– quedó olvidada cuando fue enviado a cubrir la guerra española.

Capa y Taro –amiga de Willy Brand, enlace entre los socialistas alemanes (el SAP) y el POUM catalán– utilizaron la cámara como arma política para recabar apoyos internacionales a la República. Capa tenía como precedentes a Jimmy Hare, Solomon o Martin Munkacsis. En Europa dominaba la escuela de la nueva visión, la estética de los cineastas soviéticos y los postulados del constructivismo, las visiones oblicuas, los ángulos inesperados. Rodchenko había sido uno de los primeros en utilizar la Leica, una nueva cámara de 35 mm que se había deshecho ya del lastre de las pequeñas placas de cristal gracias a los rollos de celuloide que permitían una exposición rápida y celeridad de disparo. Fue la que utilizó Capa en su primer viaje a España, mientras Taro manejaba una Rolleiflex. Gracias a que la Leica daba negativos rectangulares y la Rolleiflex, cuadrados, Richard Whelan ha podido identificar qué fotos eran de Capa y cuáles de Taro. Muchas revistas no firmaban las fotos –como Ce soir, dirigida por Louis Aragon–, y el membrete común Reportage Capa & Taro no ayudaba. Whelan sostiene que, cuando Capa se hizo con una Contax, regaló su vieja Leica a su novia: estaban enamorados y respiraban una atmósfera colectivista, en pie de igualdad, al contrario que otra famosa pareja de fotógrafos: Man Ray y Lee Miller, en la que la ex modelo estaba subordinada al surrealista.

Taro fotografió para Regards la victoria republicana en Guadalajara, los bombardeos a los miles de civiles que huían de Málaga, la conversión de las milicias en ejército regular, y también los primeros momentos de euforia en la retaguardia catalana, cuando creían que el golpe militar había fracasado. Siguió a los dinamiteros asturianos de Carabanchel, participó en el congreso de escritores antifascistas, compuso las poses heroicas de campesinos según la épica soviética. Con su arrugado mono azul y alpargatas o con boina sobre su pelo rubio rojizo, pantalones, tacones y un pequeño revólver en su cinturón, Gerda Taro vivía la guerra con ardor romántico, sin saber que su trato con anarquistas o con el POUM podría acarrearle la ejecución, como a tantos voluntarios extranjeros que fueron a España para luchar por sus ideales y acabaron exterminados por el terrorismo estalinista.

ROBERT CAPA

Se llamaba Endre Freidmann, un húngaro judío en fuga de los nazis. Sus fotos de la Guerra Civil, en primera línea de combate, sirvieron de icono internacional de la tragedia española, y su valentía el día D le convirtió en el corresponsal más célebre del mundo. Fundó con Cartier-Bresson la agencia Magnum.

Soldados republicanos en el río Segre, en el frente de Aragón. 7 de noviembre de 1938.

 Niño soldado en Hankou (China), a finales de marzo de 1938

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de: Vaya miliciana | 09/07/2009
Así le fue a la República Española, si las milicianas combatían con tacones. La primera imagen es más propia de un cartel de James Bond que no de la Guerra Civil.

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portada 21 de marzo
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