19/11/2006

Vida a las puertas del desierto

Namibia

Fotos de Sebastião Salgado
Texto de Pere Ortín
Sebastião Salgado ha viajado a Namibia dentro de su proyecto “Génesis” para acercarse a la tribu de los himba, que habitan un territorio árido, de sierras escarpadas y mesetas agrestes que se extiende a las puertas del desierto de Namib, en el norte del país. Los himba afrontan ahora una nueva amenaza: la construcción de una gran presa hidráulica pone en peligro las tierras, la forma de vida y la supervivencia de los últimos 12.000 pastores nómadas del pueblo Himba que quedan en Namibia

El grupo de himbas de Orutanda está formado casi exclusivamente por mujeres. Sus compañeros están lejos, con el ganado, en busca de agua y pastos

La escasez de la población ha provocado que muchos animales salvajes, elefantes del desierto, cebras de montaña, kudus, leopardos o los reconocibles oryx (que aparecen en el escudo del país) encuentren en esta parte del norte de Namibia un lugar relativamente seguro y tranquilo. Pero en esta aislada agrupación de diversos territorios montañosos y mesetas elevadas por encima del cercano océano Atlántico, el pueblo himba se enfrenta a la posible desaparición de su cultura bajo las aguas de una gran presa. Namibia y Angola Þ rmaron el pasado mes de octubre un acuerdo para la construcci ón de una central hidroeléctrica en Baynes, unos cuarenta kilómetros río abajo de las espectaculares cataratas Epupa, en pleno corazón de las tierras himba. Es un territorio que esta tribu ocupa desde hace cinco siglos aproximadamente, pero los gobiernos y las empresas implicadas en el desarrollo hidroeléctrico, tanto en Namibia como en Angola, llevan años, desde 1998, buscando la manera de construir una presa que ya en ese momento provocó una gran polémica internacional. A pesar de que la polémica continúa y de que los gobiernos de Namibia y Angola han cambiado el proyecto ?con ayuda de técnicos escandinavos? para tratar de minimizar sus grandes impactos, las dos administraciones africanas han sido muy rotundas en sus argumentaciones: Angola y Namibia necesitan más energía para su desarrollo. Los argumentos oÞ ciales aseguran que, si se quiere continuar con el desarrollo de esta zona fronteriza entre ambos países, hasta hace pocos años un área de guerra, árida, deprimida, aislada, de difícil acceso y afectada históricamente por periódicos y prolongados periodos de sequía, la infraestructura hidroeléctrica es fundamental. Más allá de que el nuevo embalse vaya a inundar alrededor de unos 350 kilómetros cuadrados de los mejores pastos de las tierras del pueblo himba, además de algunos de sus lugares sagrados, sus detractores aducen que una presa en el río Kunene supondr ía un grave impacto ecológico para las gentes y los paisajes. La vida ha sido posible en esta área gracias al agua de uno de los únicos cinco ríos de curso permanente en un país como Namibia, que tiene una superÞ cie mucho más extensa que la de Espa ña y Portugal juntos, pero poco más de dos millones de habitantes. En este sentido, el río Kunene es clave para el país y no sólo para los himba, que basan su existencia actual en las periódicas ß uctuaciones del río, que hacen aß orar zonas agrícolas cultivables y pastos cambiantes con los que han deÞ nido su forma de vida durante cinco siglos. En Namibia se habla ya de que, cuando se empiece a construir la presa, una gran parte de los doce mil supervivientes del pueblo himba serán forzados por las autoridades a trasladarse a las zonas centrales del Kaokoland, lejos de su río. Pero este hecho provoca entre los jefes himba y sus defensores internacionales más preguntas que respuestas. La más importante de ellas es: ¿continuarán siendo himbas cuando ya no vivan en sus territorios tradicionales de los márgenes del río Kunene?
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de: M Candelaria de Armas Padron | 11/10/2008
Hola soy una apasionada de los animales, paisajes, creo que ese país brilla por sus costumbres y naturaleza. Tendrían que dejarlos como está, respetando ante todo a sus gentes, y luego a la naturaleza. Pues ya se sabe que donde entra la mano del hombre blanco, casi siempre destruye todo lo maravilloso que hay en ese país. Aunque sea repetitiva, desde sus gentes a su naturaleza, Dios quiera que nunca se realice nada, para que todo siga igual, y lo podamos disfrutar através de este fotógrafo tan maravilloso, o también viéndolo como turistas. Un saludo de alguien que ama la naturaleza y quiere lo mejor para ella.
30 de noviembre
30 de noviembre
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