15/06/2008

En los ojos de Sebastião Salgado

Okavango

Texto de Meritxell Margarit
Fotos de Sebastião Salgado

El gran río Okavango desemboca en el Kalahari, donde se extingue formando el mayor delta interior del planeta. Ese oasis, cuyas dimensiones varían según la estación, reúne una lista inacabable de especies. Es un verdadero paraíso de biodiversidad concentrada en 15.000 kilómetros cuadrados que se van estrechando por el calentamiento global. El fotógrafo Sebastião Salgado le dedica el noveno capítulo de su proyecto Génesis.


Las jirafas, que se distinguen por su largo cuello con siete vértebras cervicales, las mismas que los humanos, parecen torpes, pero son sorprendentemente veloces. Las que acaban de parir se defienden por sí mismas de los leones y pueden llegar a matarlos dándoles violentas coces con sus pezuñas posteriores

Aun eligiendo la estación seca, un paseo en mokoro permite saborear la vida del delta. A bordo de esta pequeña canoa, hecha de madera e impulsada con una percha, se circula en silencio. De repente, una rana diminuta salta dentro de la embarcación. Con la atención puesta en esa imagen minimalista, sorprenden las carreras y los saltos de los lechwe rojos, unos esbeltos antílopes acuáticos que realizan acrobacias por encima del agua. Detrás de esa escena, podría haber un león nadador, el rey de una selva húmeda que se ha adaptado al medio aprendiendo a nadar para dar alcance a sus presas favoritas. Si no hay suerte, todavía queda la esperanza de localizar un esquivo leopardo descansando en tierra firme o vislumbrar un licaón, el perro salvaje africano, entre las acacias. Este animal, con un aspecto parecido al de una hiena y unas costumbres algo curiosas (se mueven en manadas muy numerosas), es uno de los más difíciles de avistar en África.
Entre las más de cien especies de mamíferos que encierra el delta, los ojos del blanco occidental continúan buscando los animales más típicos, aquellos que aúnan el exotismo de la fauna africana y el espíritu salvaje de este continente, siempre admirado por aventureros y anhelado por aquellos cazadores de grandes piezas que dinamitaron los alrededores de la desembocadura del Okavango en los siglos pasados. Pero a ningún aficionado a los pájaros le pasa por alto que las casi quinientas especies de aves que se concentran en estos humedales son, igual que los antílopes de agua o ese perro de aspecto tristón, un gran tesoro. Algunas de las más representativas, como la grulla carunculada, la más grande y singular del continente, o la garceta gorgirroja (ambas, especies vulnerables), despiertan curiosidad. Rapaces como la enorme águila marcial encarnan la fuerza área del delta y provocan admiración Preservar este espacio natural es uno de los cometidos del Gobierno de Botsuana, que restringe la entrada al delta tanto como puede utilizando los precios desorbitados como una de sus principales estrategias. No es difícil entender que se trata de un ecosistema cerrado, donde cada una de las piezas que lo componen ayuda a mantener un frágil equilibrio. Una nuez repleta de vida en medio del desierto, a la cual sólo se puede acceder por agua o por aire. Lo habitual es hacerlo desde Maun, al sur, yendo a parar al corazón de la Moremi Wildlife Reserve, un espacio protegido situado al noreste del delta donde hay presencia de agua durante todo el año y que, por esa razón, reúne la mejor representación de la fauna autóctona.

Parte central del Okavango, cerca del canal de Jao. En estas islas, creadas por las aguas del delta, se pueden ver grupos de mopanes (árboles), que en algunas zonas forman auténticos bosques

Allí hay algunos lodges bastante lujosos y también zonas de acampada que, a pesar de la cercanía de hipopótamos y cocodrilos, permiten dormir como si se estuviera en el mejor camarote del barco. Muy cerca están las montañas Tsodilo: una puerta al Kalahari, un lugar sin agua donde los bosquimanos de antaño, considerados uno de los pueblos más antiguos de África, dejaron unas cuatro mil pinturas rupestres que perpetúan los antepasados de muchos de esos animales que todavía habitan el delta. Hace miles de años, cuando la desembocadura del Okavango doblaba su superficie actual, todos ellos debían de campar a sus anchas sin tener que preocuparse demasiado por el agua. Hoy la lista de lugares donde buscarla se ha reducido considerablemente: debido al calentamiento global, el Okavango va estrechando sus límites y advierte a quien quiera escucharlo que las arcas llenas también pueden vaciarse.

Los ñus manchados son habituales en el parque Savuti, al norte de la reserva de Moremi. Estos animales se distinguen por su color gris y las rayas verticales más oscuras de sus cuellos y flancos. Cara, crin, barba, el pelo de la garganta y la cola –larga como la de los caballos–son negros

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de: Antonio Navarro Ortiz | 08/08/2008
Qué puedo decir de uno de los mejores fotógrafos que existen. Sebastiao Salgado ha demostrado a lo largo de su carrera que con voluntad y paciencia, no sin correr peligros en tierras hostiles, se puede conseguir todo cuanto un fotógrafo pueda desear. Sencillamente, magnífico. Bravo, Sebastiao
17 de agosto
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