12/04/2009

El mundo perdido de los joisán

Texto de Jordi Serrallonga
Fotos de Sebastiâo Salgado
Sebastiâo Salgado
Nacido el 8 de febrero de 1944 en Aimorés, una pequeña ciudad de 16.000 habitantes en el estado de Minas Gerais, en Brasil, Sebastião Ribeiro Salgado es uno de los fotógrafos más prestigiosos del mundo. Trabajó como economista para la Organización Internacional del Café, pero sus frecuentes viajes a África en 1971 le llevaron a tomar las primeras fotografías y en seguida decidió hacerse fotógrafo. Sus proyectos se han convertido en libros de enorme impacto: “Sahel, el fin del camino”, “Trabajadores, una arqueología de la era industrial”, “Éxodos”, “Retratos de niños de éxodos”, y otros. Sebastião Salgado es premio Príncipe de Asturias, embajador de Buena Voluntad de Unicef y miembro honorario de la Academia de las Artes y de las Ciencias de EE.UU., además de doctor honoris causa por varias universidades de distintos países.
Los hadzabe de Tanzania y los san de Botsuana pertenecen a la etnia joisán, los últimos pueblos cazadores recolectores de África, cuya forma de vida remite a la historia de la humanidad antes del neolítico
Un grupo joisán de Kalahari (Botsuana) practica una danza de trance en su campamento nómada: los hombres bailan alrededor de las mujeres sentadas. Tras unas pocas horas de trabajo diario, los cazadores recolectores disponen de mucho tiempo libre para dedicarlo a danzar, cantar, narrar historias y reír: son felices. Una realidad que se aleja de la imagen peyorativa que se había divulgado sobre estos pueblos predadores.

Hace 10.000 años, con la llegada del neolítico, la mayor parte de los seres humanos abandonamos una longeva y exitosa vida cazadora recolectora de seis millones de años desde la aparición del primer homínido africano para pasar a una economía productora –agricultura y ganadería primero– que derivó en la sociedad actual. Pero no todos.

Los hadzabe del lago Eyasi, en Tanzania, y los san del desierto de Kalahari, en Botsuana, ambos pertenecientes al grupo joisán, (también denominado khoisan o khoi-san, y mal llamados bosquimanos), mantienen una existencia como pueblos cazadores recolectores y conservan las lenguas más antiguas de la humanidad. Visitarlos permite contemplar escenas del presente que, perfectamente, podrían haber tenido lugar hace 40.000 años.

La presión de los pueblos agricultores y ganaderos en el lago Eyasi y la búsqueda de materias primas por parte de grandes empresas en el desierto de Kalahari hace cada vez más difícil la forma de vida de estos pueblos, tan Homo sapiens, tan inteligentes y tan contemporáneos como cualquier otro grupo humano. En vez de proteger este rico patrimonio, los hadzabe y los san han sido alejados de sus territorios de caza y recolección.

En Tanzania sólo quedan unos 400 hadzabe que viven en pequeños grupos nómadas distribuidos por el área más árida y deprimida del lago Eyasi. Gracias a la presión de organizaciones públicas y privadas, se ha conseguido que puedan adentrarse de nuevo en el área de conservación de Ngorongoro.

En cambio, en Botsuana, la situación de los san del desierto de Kalahari es mucho más complicada. En la década de los noventa todos los grupos fueron confinados en asentamientos donde languidecen lejos de sus costumbres ancestrales. El trabajo de diferentes organizaciones ha conseguido que unos pocos puedan abandonar estos lugares de hacinamiento para ocupar las tierras de ranchos privados donde están recuperando su forma de vida tradicional. Así lo documenta el extraordinario reportaje gráfico de Sebastião Salgado, quien, en enero del 2008, siguió a una veintena de estos cazadores recolectores san en los terrenos de la granja Trail Blazer, en la región de Ghanzi.

En Tanzania, un equipo interdisciplinar de arqueólogos y antropólogos tuvimos también el privilegio de formar una expedición con destino a un mundo perdido que nada tiene que envidiar al que inmortalizó la pluma de sir Arthur Conan Doyle.

Guiados por un rastreador e intérprete local, los wazungu (los hombres blancos en la lengua suajili) partimos antes del amanecer en busca de los hadzabe, una etnia prácticamente desconocida para la mayor parte de la población mundial. Gigantescos y antediluvianos baobabs, esos árboles que parecen crecer al revés y que hacían peligrar la supervivencia del planeta literario de El Principito, aquí son, por el contrario, los majestuosos guardianes centenarios de una región, la Gran Falla del Rift, que encierra algunos de los documentos más apasionantes del patrimonio de la humanidad.

Cazar no es fácil. Un 80% de la dieta de los pueblos joisán se basa en la recolección de vegetales (tubérculos, raíces, frutos, etcétera). Cuando un gran mamífero no se pone a tiro de las flechas envenenadas hay que capturar pequeños animales: insectos, aves, ratones, puercoespines y liebres. Para ello no dudan en cavar o introducirse en las madrigueras.
El control del fuego fue uno de los grandes avances de la humanidad. Los joisán de Tanzania y Botsuana hacen fuego en segundos frotando un bastón contra una base de madera. Lo utilizan para cocinar, calentarse y prender sus pipas. A la izquierda se observa un contenedor de agua: un huevo de avestruz vaciado.
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de: Cristina Trujillo | 11/08/2009
Gracias al Magazine y Gracias al señor Salgado, sus fotografías hablan por sí solas, remiten a los orígenes, a lo más primigénio que hay en cada uno de nosotros. Allí donde toda barrera de tiempo y espacio es superada, donde todos somos uno solo, un solo ser. Sus fotos tienen vida y magia, me ha hecho llorar la foto de las mujeres y los niños con los hombres de pie alrededor, describiendo la escena diaria de la comunicación entre el grupo... así de simple la felicidad completa. Que bien... sublime! Gracias.
de: Duiscñirudes Ortuño Martínez | 28/05/2009
Desde que ví, hace muchos años, un reportaje fotográfico del señor Salgado sobre los mosquitos, estoy prendado de su fotografía. Sólo puedo decir que respira por todos sus poros justicia social. Tengo varios de sus trabajos en mi biblioteca y su fotografía me traslada al mundo real, pero al que no queremos reconocer. Acabo de alzar la mirada y leo el post de Carlos Herrera, que considera un desperdicio describir lo pobre y descocado. Quien desprecia la miseria, lo siento, lo considero un miserable.
de: Gonzalo Deval | 24/04/2009
Genial.
de: Eva | 19/04/2009
Hola, Estoy muy interesado en estos reportajes. ¿Dónde puedo conseguir verlos? Gracias y un saludo.
de: Eva González | 15/04/2009
Me encantó este reportaje. Un pelín corto, pero muy bueno. Menudo mundo el de Joisán, creo que nos vendría bien a muchos pasar por ahí. Me encantaría ver más fotos, gracias.
de: Silvia Barjacoba Bennasar | 15/04/2009
¡Ojalá hubiera más personas dedicadas a apreciar los detalles realmente importantes de la vida, como estos fotógrafos y cronistas que gastan su tiempo en conocer culturas casi inexistentes y ancentrales, de las cuales todos venimos, y no personajillos como Carlos Herrera que más arriba se dedica a menospreciar el duro trabajo de otras personas y criticarlas! Si el mundo se llenara de más indígenas y menos chulos que creen saberlo todo, posiblemente las personas no tendríamos tantos problemas y seriamos más felices. ¡Qué pena de gente y qué maravilla de reportaje! Enhorabuena a Jordi Serrallonga y a Sebastião Salgado.
de: Antonio Cuadrado | 14/04/2009
El diálogo nos debe guiar. El colonialismo arrogante tachó a estos pueblos de bárbaros, salvajes. En vista de como esta el mundo, hay que preguntarse qué significa ser salvaje o incivilizado. Brillante reportaje.
de: Mercè Crespi | 13/04/2009
Tan de bo els Wazungu aprenguem dels Hazdabe. El "no se come", contundent, hauria de ser una manera de viure en el món actual. Gràcies per transmetre'ns el missatge i felicitats, tant pel reportatge, com per la fotografia. Sensacional!
de: Plácido Navarro | 12/04/2009
Un reportaje espléndido. Hay que descubrirse ante su autor, capaz de contarnos tantas cosas en tan poco espacio. Resulta sorprendente el mundo de los Joisán o, tal vez, sea más sorprendente el mundo que nosotros, los Wazungu, nos hemos diseñado y que ahora no sabemos muy bien como hacer para arreglarlo. Las fotografías son de una gran calidad. Espero tener la oportunidad de ver más fotos y más reportajes como éste. Gracias.
de: Carlos Herrera | 11/04/2009
Me parece un desperdicio haber estado ahí con esta gente recóndita y escribir algo tan pobre y descocado. Deberíais leer un poco "Ébano" de Kapuscinski para ver qué es un reportaje, qué es una crónica y más sobre África o una tribu africana. Lástima.

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20 de mayo
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World Nature

WNFundación naturaleza del mundo
Los lectores pueden colaborar con las labores de recuperación forestal y agrícola del Instituto Terra, creado por Sebastião Salgado y su esposa, Lélia Deluiz, en Aimorés, pueblo natal del fotógrafo, a través de su web
http://www.world-nature.org

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