08/01/2012
Tribus del pasado
Texto y fotos de Sebastiao Salgado
La región de Irian Jaya, que forma parte de las islas indonesias, acoge algunas de las tribus más primitivas de la tierra. Las más peculiares, los asmat, los stone korowai y los yali, siguen viviendo según una cultura, costumbres y tradiciones ancestrales

Miembro de la tribu korowai en una de las selvas en las que viven. Lleva un hacha hecha de piedra, madera y cuerda, y una lanza que se diferencian muy poco de las que se utilizaban en la edad de piedra
Las tribus korowai, yeli y asmat son tres de las más representativas de las muchas que habitan el extremo oriental de Papúa-Nueva Guinea (la zona occidental de Indonesia) denominada Irian Jaya. Aunque viven en ella unos tres millones de habitantes, la mayoría en las costas, los más peculiares son los que forman parte de esas tribus, que ocupan extensas zonas en las espesas selvas, en montañas remotas y en territorios de muy difícil acceso que los han mantenido al margen de la civilización.
Desconocidos hasta los años 50-60, e incluso ya en la década de los 70 –los yali–, han mantenido intactos usos, costumbres y tradiciones de lo más peculiares. Una de ellas es la de los korowai de construir sus casas en las ramas de los árboles a alturas que alcanzan hasta los 25 metros, aunque perviven algunas que llegan a los 50, edificadas cuando se sentían amenazados por sus enemigos. Otros viven en chozas y, a menudo, hombres y mujeres, lo hacen por separado. Los korowai se distinguen también por utilizar herramientas prehistóricas, mientras los asmat se hicieron famosos por su hábitos caníbales, ya abandonados, y ahora se ha reconocido su habilidad para tallar todo tipo de utensilios en madera, que son objetivo de coleccionistas de todo el mundo, por su refinamiento.
Su forma de vida les obliga a pasar buena parte del día en la selva o los ríos, donde encuentran sus alimentos, desde frutos y plantas de todo tipo, a animales de caza, peces y crustáceos, y también las fibras y hojas que les sirven para elaborar sus escasas vestimentas y sus ornamentos. Entre los alimentos preferidos de los korowai, y proteína básica de su dieta, están las larvas del escarabajo gran capricornio. En general, las tribus se alimentan de los vegetales que encuentran, ya sean helechos, frutos del árbol del pan, hojas de distintas especies de palma, como el sagú, y algunos grupos tienen cultivos de batatas o calabazas, cuya corteza seca utilizan los hombres yali para cubrirse los genitales.
Desconocidos hasta los años 50-60, e incluso ya en la década de los 70 –los yali–, han mantenido intactos usos, costumbres y tradiciones de lo más peculiares. Una de ellas es la de los korowai de construir sus casas en las ramas de los árboles a alturas que alcanzan hasta los 25 metros, aunque perviven algunas que llegan a los 50, edificadas cuando se sentían amenazados por sus enemigos. Otros viven en chozas y, a menudo, hombres y mujeres, lo hacen por separado. Los korowai se distinguen también por utilizar herramientas prehistóricas, mientras los asmat se hicieron famosos por su hábitos caníbales, ya abandonados, y ahora se ha reconocido su habilidad para tallar todo tipo de utensilios en madera, que son objetivo de coleccionistas de todo el mundo, por su refinamiento.
Su forma de vida les obliga a pasar buena parte del día en la selva o los ríos, donde encuentran sus alimentos, desde frutos y plantas de todo tipo, a animales de caza, peces y crustáceos, y también las fibras y hojas que les sirven para elaborar sus escasas vestimentas y sus ornamentos. Entre los alimentos preferidos de los korowai, y proteína básica de su dieta, están las larvas del escarabajo gran capricornio. En general, las tribus se alimentan de los vegetales que encuentran, ya sean helechos, frutos del árbol del pan, hojas de distintas especies de palma, como el sagú, y algunos grupos tienen cultivos de batatas o calabazas, cuya corteza seca utilizan los hombres yali para cubrirse los genitales.

Grupo de hombres durante la celebración de una ceremonia en uno de los yeus donde se reúnen sólo los varones y donde los solteros se quedan a dormir. Debajo, mujeres pescando gambas en un río. Otras capturas son pescados diversos, langostas, cangrejos, serpientes e, incluso, cocodrilos
Cazadores de cabezas
La tribu asmat, la más conocida de Irian Jaya, practicaba el canibalismo
Conocidos antiguamente como cazadores de cabezas y por su canibalismo, los miembros de la tribu asmat (denominada antiguamente irian jaya) se distinguen ahora por sus preciosos trabajos de talla de madera, un arte que ellos relacionan con su mundo espiritual y que no puede considerarse, por tanto, meramente ornamental. Sus obras abarcan todo tipo de productos, la mayor parte de ellos símbolos dedicados a la guerra, la caza de cabezas y la veneración de sus ancestros guerreros. Durante siglos, los asmat vivieron preocupados por la necesidad de apaciguar a los espíritus de sus antepasados y a ellos se debe su gran riqueza de corazas, canoas, figuras y tambores, realizados con gran habilidad y considerados los más delicados del mundo en madera.
Sus obras han atraído a coleccionistas y científicos desde los años 50-60, cuando misioneros holandeses los descubrieron y se aventuraron a penetrar en su amplio territorio (unos 27.000 km2), ocupado por más de 70.000 personas divididas en unos cien poblados. Una de las expediciones, procedente del Museo de Nueva York, de la que formaba parte Michael Rockefeller, hijo del gobernador de esa ciudad, de 23 años, desapareció en la zona sin dejar rastro y sin que se pudiera averiguar si sus componentes fueron víctimas del canibalismo, perecieron devorados por cocodrilos o se perdieron y se ahogaron en los manglares.
Hasta hace muy poco, y precisamente por lo difícil de su territorio, que durante la época de lluvias queda prácticamente anegado, permanecieron totalmente al margen de la civilización. La marea puede subir hasta dos kilómetros tierra adentro y baja otros tantos en el mar. Es la mayor zona pantanosa aluvial del mundo, una tierra baja de ciénaga y de ríos cambiantes que desembocan en el mar de Arafura. Esta orografía hace que se trasladen habitualmente en las canoas que ellos mismos fabrican y que, curiosamente, manejan de pie y no sentados, como es habitual.
Antiguamente, los asmat vivían en casas familiares denominadas yeus, que construían en los árboles a alturas de unos 28 metros. En la actualidad, se siguen utilizando en zonas remotas río arriba, pero también las emplean los hombres, que las consideran una especie de club privado donde se reúnen y donde duermen los solteros. Se alimentan de vegetales y de todo tipo de peces, gambas, langostas, cangrejos, delfines, serpientes y cocodrilos que pescan en los ríos.
La tribu asmat, la más conocida de Irian Jaya, practicaba el canibalismo
Conocidos antiguamente como cazadores de cabezas y por su canibalismo, los miembros de la tribu asmat (denominada antiguamente irian jaya) se distinguen ahora por sus preciosos trabajos de talla de madera, un arte que ellos relacionan con su mundo espiritual y que no puede considerarse, por tanto, meramente ornamental. Sus obras abarcan todo tipo de productos, la mayor parte de ellos símbolos dedicados a la guerra, la caza de cabezas y la veneración de sus ancestros guerreros. Durante siglos, los asmat vivieron preocupados por la necesidad de apaciguar a los espíritus de sus antepasados y a ellos se debe su gran riqueza de corazas, canoas, figuras y tambores, realizados con gran habilidad y considerados los más delicados del mundo en madera.
Sus obras han atraído a coleccionistas y científicos desde los años 50-60, cuando misioneros holandeses los descubrieron y se aventuraron a penetrar en su amplio territorio (unos 27.000 km2), ocupado por más de 70.000 personas divididas en unos cien poblados. Una de las expediciones, procedente del Museo de Nueva York, de la que formaba parte Michael Rockefeller, hijo del gobernador de esa ciudad, de 23 años, desapareció en la zona sin dejar rastro y sin que se pudiera averiguar si sus componentes fueron víctimas del canibalismo, perecieron devorados por cocodrilos o se perdieron y se ahogaron en los manglares.
Hasta hace muy poco, y precisamente por lo difícil de su territorio, que durante la época de lluvias queda prácticamente anegado, permanecieron totalmente al margen de la civilización. La marea puede subir hasta dos kilómetros tierra adentro y baja otros tantos en el mar. Es la mayor zona pantanosa aluvial del mundo, una tierra baja de ciénaga y de ríos cambiantes que desembocan en el mar de Arafura. Esta orografía hace que se trasladen habitualmente en las canoas que ellos mismos fabrican y que, curiosamente, manejan de pie y no sentados, como es habitual.
Antiguamente, los asmat vivían en casas familiares denominadas yeus, que construían en los árboles a alturas de unos 28 metros. En la actualidad, se siguen utilizando en zonas remotas río arriba, pero también las emplean los hombres, que las consideran una especie de club privado donde se reúnen y donde duermen los solteros. Se alimentan de vegetales y de todo tipo de peces, gambas, langostas, cangrejos, delfines, serpientes y cocodrilos que pescan en los ríos.

Mujer korowai en la selva, con la tradicional bolsa hecha con fibras de sagú, en la que lleva a su hijo. y un korowai carga a la espalda un jabalí, uno de los animales que constituyen parte de su dieta
de: Luis Mediano de la Campa | 13/01/2012
Sic transit gloriae mundi...
de: Antonio Cirera Rius | 08/01/2012
He trobat molt interessant l'article de les tribus del passat. Sembla extrany que al 2012, encara hi hagin llocs tant desconeguts







