06/12/2009

Sebastião Salgado

"Hay esperanza para la Tierra"

Texto de Lluís Uría
Fotos de Marc Arias
Sebastião Salgado habla de la fotografía con entusiasmo juvenil, aunque ha captado durante más de tres décadas la realidad dolorosa del ser humano. Él dice que no busca hacer arte, sino sólo mostrar la vida, las cosas que le interesan, la historia de los seres humanos. Ahora fotografía los últimos paraísos del planeta con el fin de preservarlos.
“No soy un fotógrafo militante. Es mi vida la que es así. Yo voy siguiendo la vida y voy fotografiando. Tengo un gran entusiasmo por las cosas. Vengo de un país de contradicciones”

¿Qué busca mostrar en sus fotos?
Busco mostrar el momento histórico que estoy viviendo. Mis fotografías son mi vida, son las cosas que me interesan. Mucha gente ha dicho que yo soy un fotógrafo militante… No es verdad, no soy un fotógrafo militante. Es mi vida la que es así. Yo voy siguiendo la vida y voy fotografiando. Tengo un gran entusiasmo por las cosas. He hecho mucha fotografía social, fotografía de trabajo, fotografía de contraste y de contradicción…, porque vengo de un país de contradicciones. Nací en una realidad en plena mutación. Cuando yo era niño, Brasil tenía un 90% de población rural, hoy tiene el 90% de población urbana. Yo he vivido esta mutación. Cambios y cambios y cambios. Son esto mis fotografías: todos los cambios que yo he vivido.

¿Una imagen puede cambiar el mundo?
La imagen tiene un poder colosal. Es un lenguaje universal que no precisa traducción. No hay texto escrito que tenga ese poder. Hay imágenes, como la del coronel Tejero pistola en mano en el Parlamento español, que han pasado a ser referentes. Pero no creo que una imagen aislada, fuera de un contexto, pueda cambiar nada.

Usted ha sido testigo de injusticias, de violencia, de brutalidad. ¿Es posible permanecer neutral ante la realidad que uno ve?
¡No! De ninguna forma. La imagen no es objetiva, es profundamente subjetiva. Yo voy a fotografiar  con mi ideología, con mis motivaciones, con mi historia, con mis pasiones… Ponga a diez fotógrafos a fotografiar la misma realidad y harán diez fotos diferentes. Yo no he ido a fotografiar la pobreza, la miseria, la lucha… He ido a fotografiar nuestra historia, la historia de los seres humanos.

¿Su idea del ser humano ha cambiado con todo lo que ha visto?
Sí, ha cambiado, ha evolucionado. Cuando hacía las fotografías de las migraciones en África, trabajando en los campos de refugiados, tuve la certeza de que no había esperanza para el ser humano. Después, he cambiado. Empecé a trabajar en un proyecto medioambiental en Brasil que me ha devuelto una gran esperanza, la convicción de que es posible reconstruirse a partir de la educación, de la información. Hemos logrado cambiar una gran región que estaba totalmente destruida, muerta, con la tierra infértil y una erosión brutal. La gente necesita información, y cuando la tiene, la toma en consideración y es posible hacer cosas. No hay gente reaccionaria y gente de buena conciencia, hay gente más informada y gente menos informada.

Cuente ese proyecto.
Se trata del Instituto Tierra. Empezamos en 1990. No veníamos del movimiento ecologista, pero sí partíamos de la convicción de que existe una correlación entre la degradación humana y la degradación del planeta. Un día, de regreso a Brasil, mi padre nos comunicó que iba a vender la hacienda familiar y que yo tenía que comprarla. Yo nunca protesté a mi padre –un hombre estricto, que nunca contó una mentira, una persona entera– y no iba a protestarle entonces. Así que compramos la tierra. Una tierra que era fabulosa cuando yo era niño
–más de la mitad era entonces bosque tropical, con ríos y caimanes, un paraíso– y que cuando la compramos era un desastre ecológico. Todo estaba destruido. La región entera había pasado de un 60% de bosque a sólo el 3%. Todo fue destruido en nombre del desarrollo. Y entonces Lélia vino con la idea: ¿y si replantamos el bosque? Era un desafío, porque la finca es grande, unas 700 hectáreas. Consultamos con un ingeniero experto en bosque tropical y nos dijo que harían falta dos millones y medio de árboles. Hoy ya tenemos cerca de millón y medio plantados y a finales del año que viene alcanzaremos el objetivo.

Parece un milagro…
Hemos recreado el ecosistema. Ahora hay pájaros, monos, hasta un puma, y tenemos agua. Ha vuelto la vida. Disponemos del mayor vivero de plantas nativas del estado de Minas Gerais, producimos cada año 1,2 millones de plantas de más de 100 especies diferentes. A partir del año próximo vamos a trabajar con el Estado en la regeneración de parques nacionales. Y tenemos un centro de educación medioambiental sin igual, donde formamos a técnicos agrícolas, muchos de ellos hijos de propietarios rurales, y los transformamos en técnicos ambientales. Un proyecto fabuloso que ha sido posible gracias al Gobierno de Asturias, que nos financia desde hace muchos años y es nuestro principal socio en Europa.
 
La experiencia del Instituto Tierra en su Brasil natal insufló a Sebãstiao Salgado una nueva esperanza. Y le empujó a concebir una gran tarea: ir a la búsqueda de los últimos paraísos intactos en el planeta para mostrarlos al mundo y promover su protección. Es el proyecto Génesis, en el que el fotógrafo brasileño lleva trabajando desde el año 2005 y cuyos reportajes son publicados regularmente por el Magazine. Las islas Galápagos, los gorilas de montaña, las ballenas de la Patagonia, la Antártida, las tribus amazónicas de Brasil, los himba de Namibia, Bután, los dinkas de Sudán, el Okavango, los paisajes jurásicos de Venezuela, el mundo perdido de los joisán en Tanzania y Botsuana… forman parte de este particular catálogo de tesoros.

“Queríamos –cuenta él– hacer algo ligado al planeta, al medio ambiente. La primera idea que nos vino a la mente fue fotografiar lo que iba mal, la polución…, pero de esto hay ya muchas fotos. Ahora bien, resulta que casi la mitad del planeta, el 46%, está como en el día del Génesis, y hemos de procurar que se mantenga así. Y la única manera de que se mantenga así es hacer un amplio reportaje sobre estas zonas, mostrando a la gente que este es nuestro verdadero patrimonio. Alaska, la Antártida, los bosques de Siberia, de Brasil, las altas montañas, los grandes desiertos…, tenemos la obligación de protegerlos. Nuestra idea es hacer una gran exposición del proyecto Génesis en el 2012, difundir la información para contribuir a preservar estas zonas del planeta.”

¿Cómo?
Estamos pensando en hacer exposiciones en espacios públicos, como jardines. Hicimos un proyecto piloto hace tres o cuatro años en Asturias, en la plaza central de Oviedo, donde expusimos cien fotografías de gran tamaño, y funcionó muy bien. A partir del 2012 crearemos un sistema de exposiciones a través de todo el planeta, en espacios públicos, para que millones de personas lo vean. Estamos hablando con Wim Wenders para hacer una película de cine con las fotografías y estamos trabajando con el compositor norteamericano Jonathan Elias,
que está creando la música para Génesis. Podría aprovecharse el tiempo previo al inicio de un partido de fútbol, por ejemplo, para proyectar las imágenes en una pantalla gigante durante dos minutos… Pensamos en editar libros, que puedan ir a cada casa, a cada hogar, en el mundo. No sé. Es un material tan grande, tan rico, que ofrece muchas posibilidades para hacer cosas.

De todas las regiones del mundo que ha visitado para el proyecto Génesis, ¿cuál es la que más le ha impactado?
Es difícil de decir. ¡Hay lugares tan lindos, tan maravillosos! El año pasado hice un viaje fabuloso. Salí de la ciudad de Lalibela, en el norte de Etiopía, y me fui hasta Gondar. Organizamos una expedición, con 15 personas y 18 mulas, y fuimos a pie. Empleamos 55 días en atravesar la región caminando, hicimos más o menos 800 kilómetros a pie, a través de una región muy accidentada, con montañas muy altas –pasé tres veces a altitudes por encima de 4.200 metros–, sin carreteras, donde hay tribus que viven como en la época del Antiguo Testamento. Son comunidades cristianas de hace 2.000 años, comunidades judías de hace 2.500 años, los falashas. En realidad es una sociedad judeocristiana exactamente como la nuestra, y sus reacciones son exactamente como las nuestras. Fuimos muy bien recibidos. Fue un viaje maravilloso. Ha sido tal vez el viaje más fabuloso de toda mi vida. Pero en Alaska o en el Amazonas he tenido experiencias maravillosas.

¿Hay esperanza para la Tierra?
La hay. Hay una gran esperanza para la Tierra. El calentamiento ha hecho sonar la alarma, y la gente empieza a comprender que es necesario hacer algo. Y es posible hacerlo. Nuestro proyecto en Brasil lo prueba. Cuando plantamos nuestro primer árbol, el suelo estaba tan cansado, tan muerto, que yo creía que no iba a nacer absolutamente nada. Y nació, y creció. Hoy tenemos 1,5 millones de árboles, con insectos, pájaros, animalillos… Es como Barcelona, ¡hay tanta vida! Es posible hacer algo. Ahora bien, todos tenemos que participar. Si trabajamos todos en la misma dirección, tenemos recursos para conseguirlo. Para plantar 50 millones de árboles hacen falta 200 millones de dólares. Parece mucho, pero es lo que cuesta un cazabombardero moderno. El presupuesto militar de Estados Unidos, de 500.000 millones de dólares anuales, permitiría reconstruir el planeta. Dinero hay, tecnología hay, necesidad de actuar existe, entonces las condiciones están sobre la mesa.

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de: Lourdes Verónica dip | 14/06/2010
Necesito ver una foto de salgado, "La barca".
de: Roberto Andía Benítez | 04/02/2010
Felicitaciones por la revista virtual que a todos nosotros, los interesados en el arte fotográfico, nos llega gracias a esa magia del internet y esta nota sobre un gran fotógrafo como Sebastiao Salgado. Me parece muy interesante.

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20 de mayo
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World Nature

wore natureFundación naturaleza del mundo
Los lectores pueden colaborar con las labores de recuperación forestal y agrícola del Instituto Terra, creado por Sebastião Salgado y su esposa, Lélia Deluiz, en Aimorés, pueblo natal del fotógrafo, a través de su web
http://www.world-nature.org
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