16/06/2013
Sobre ellos...
"Me fascina el sentido práctico de los hombres"
Texto de Alicia Jasanada
Foto de Pedro Madueño
Ingrid Rubio. Una treintena de filmes y un Goya a actriz revelación avalan la carrera de esta barcelonesa de 37 años de rostro expresivo y hablar pausado y firme. En su nuevo filme, La estrella, compone un retrato femenino ejemplar, el de una potencial víctima del maltrato. La actriz aboga por huir del amor tóxico, escucharse a una misma y ser libre en compañía. Y envidia la capacidad masculina para no complicarse la vida

Estrella es una joven alegre, positiva, entregada. Una joven con duende, que vive en Santa Coloma, en el extrarradio barcelonés, se vuelca en los demás y se escucha poco a sí misma. Es el último personaje cinematográfico de Ingrid Rubio y una perfecta excusa para abordar el grave problema del maltrato que, en su opinión, “va a más y entre gente más joven”. En el filme –dirigida por Alberto Aranda sobre la novela de Belén Carmona–, la actriz dibuja ese prototipo de persona –“hombre o mujer”– que se anula a sí misma, ignora sus necesidades y se deja atrapar por un amor tóxico hasta que el dramático ejemplo de su amiga (Carmen Machi) la hace reaccionar.
Es una película femenina, que no feminista, señala. “Es evidente que el maltrato físico ataca fundamentalmente a la mujer, pero el psicológico es más amplio, porque también hay mujeres manipuladoras natas y hombres algo peleles que ceden y ceden”. En el filme, sin embargo, el retrato masculino es poco edificante, por su egoísmo y escasa empatía: focalizan su interés en su profesión y su mundo, y ellas se dejan dominar. “La educación, ese patrón femenino de cuidadora heredado de madres y abuelas, influye en que algunas mujeres olviden su propia felicidad, y sobre ello reflexiona la película”.
Una actitud bien alejada de sus prioridades vitales: “Yo necesito a un hombre, pero un hombre libre, que me escuche, me respete y se respete a sí mismo. Alguien inteligente, con sentido del humor, con el que exista un punto de admiración mutua, como persona y como profesional. Y con aficiones comunes, como caminar por la montaña, hacer submarinismo, leer, compartir amigos y mantener los propios. Que camine a mi lado, en paralelo, no enganchado a mí. Un compañero, en fin”. Desde hace ocho años, el también actor Unax Ugalde encarna ese compañero idóneo en su vida.
La convivencia no es, para ella, fuente de conflictos. “Soy mujer de estar en pareja. Me gusta compartir. Soy independiente, necesito mi espacio, pero me gusta mucho convivir”. Y tener la misma profesión ayuda. “Lo hace más fácil, compartimos más cosas”.
Pero para una convivencia sana, la comunicación debe ser fluida, y la división de tareas, igualitaria. “En mi caso funcionamos a medias: un 50-50. Hay que llevarlo así; si no, es insoportable. Ahora la mujer tiene que ser superwoman. Trabajar, llevar la casa, tener hijos y ¡además estar supersexy!”. Ella creció en un hogar equilibrado en ese sentido. “Somos dos hermanas, y en casa mis padres funcionaban a medias en el trabajo y en el hogar”. Lamentablemente, la igualdad aún no es un hecho, y algunos hombres “no llevan muy bien que la mujer tenga su independencia”.
Piensa que hay diferencias evidentes entre hombres y mujeres, aunque la mayoría son tópicos: el egoísmo, la sensibilidad, la fidelidad o la forma de entender el sexo son cuestiones que dependen de la personalidad. “Uno es egoísta o no lo es; es muy sexual o lo es menos, al margen de si es hombre o mujer”.
Sobre la fidelidad tiene clara su postura. “Para mí es básica en una pareja. A no ser que pactes una situación en la que puedas hacer lo que quieras. Yo no lo he pactado nunca. Doy por hecho que si comienzo un camino con alguien es porque estoy bien y ya está”, afirma.
Se enorgullece de mantener amistad con anteriores parejas. “Siempre aprendes de la experiencia. Tras esa etapa de enamoramiento fantástica y horrible a la vez, donde no ves nada, descubres lo que quieres e intentas no repetir errores”.
¿Comprende a los hombres? “Uf, hay cosas que me fascinan de ellos. Envidio esa manera de gestionar sus cosas, son mucho más prácticos. Nosotras damos mil vueltas, hablamos y hablamos, somos más complicadas. Ellos no sufren tanto. Quizás lo han tenido más fácil... y lo siguen teniendo, porque igualdad aún no tenemos. Hay mujeres que funcionan como ellos, pero son muy pocas”.
Si algo le molesta es que pervivan prejuicios absurdos. “Los hombres siguen diciendo que las mujeres conducimos fatal, cuando lo hacemos mucho mejor que ellos. O que no sabemos mirar un mapa...que te ríes, pero ya vale”.
Es una película femenina, que no feminista, señala. “Es evidente que el maltrato físico ataca fundamentalmente a la mujer, pero el psicológico es más amplio, porque también hay mujeres manipuladoras natas y hombres algo peleles que ceden y ceden”. En el filme, sin embargo, el retrato masculino es poco edificante, por su egoísmo y escasa empatía: focalizan su interés en su profesión y su mundo, y ellas se dejan dominar. “La educación, ese patrón femenino de cuidadora heredado de madres y abuelas, influye en que algunas mujeres olviden su propia felicidad, y sobre ello reflexiona la película”.
Una actitud bien alejada de sus prioridades vitales: “Yo necesito a un hombre, pero un hombre libre, que me escuche, me respete y se respete a sí mismo. Alguien inteligente, con sentido del humor, con el que exista un punto de admiración mutua, como persona y como profesional. Y con aficiones comunes, como caminar por la montaña, hacer submarinismo, leer, compartir amigos y mantener los propios. Que camine a mi lado, en paralelo, no enganchado a mí. Un compañero, en fin”. Desde hace ocho años, el también actor Unax Ugalde encarna ese compañero idóneo en su vida.
La convivencia no es, para ella, fuente de conflictos. “Soy mujer de estar en pareja. Me gusta compartir. Soy independiente, necesito mi espacio, pero me gusta mucho convivir”. Y tener la misma profesión ayuda. “Lo hace más fácil, compartimos más cosas”.
Pero para una convivencia sana, la comunicación debe ser fluida, y la división de tareas, igualitaria. “En mi caso funcionamos a medias: un 50-50. Hay que llevarlo así; si no, es insoportable. Ahora la mujer tiene que ser superwoman. Trabajar, llevar la casa, tener hijos y ¡además estar supersexy!”. Ella creció en un hogar equilibrado en ese sentido. “Somos dos hermanas, y en casa mis padres funcionaban a medias en el trabajo y en el hogar”. Lamentablemente, la igualdad aún no es un hecho, y algunos hombres “no llevan muy bien que la mujer tenga su independencia”.
Piensa que hay diferencias evidentes entre hombres y mujeres, aunque la mayoría son tópicos: el egoísmo, la sensibilidad, la fidelidad o la forma de entender el sexo son cuestiones que dependen de la personalidad. “Uno es egoísta o no lo es; es muy sexual o lo es menos, al margen de si es hombre o mujer”.
Sobre la fidelidad tiene clara su postura. “Para mí es básica en una pareja. A no ser que pactes una situación en la que puedas hacer lo que quieras. Yo no lo he pactado nunca. Doy por hecho que si comienzo un camino con alguien es porque estoy bien y ya está”, afirma.
Se enorgullece de mantener amistad con anteriores parejas. “Siempre aprendes de la experiencia. Tras esa etapa de enamoramiento fantástica y horrible a la vez, donde no ves nada, descubres lo que quieres e intentas no repetir errores”.
¿Comprende a los hombres? “Uf, hay cosas que me fascinan de ellos. Envidio esa manera de gestionar sus cosas, son mucho más prácticos. Nosotras damos mil vueltas, hablamos y hablamos, somos más complicadas. Ellos no sufren tanto. Quizás lo han tenido más fácil... y lo siguen teniendo, porque igualdad aún no tenemos. Hay mujeres que funcionan como ellos, pero son muy pocas”.
Si algo le molesta es que pervivan prejuicios absurdos. “Los hombres siguen diciendo que las mujeres conducimos fatal, cuando lo hacemos mucho mejor que ellos. O que no sabemos mirar un mapa...que te ríes, pero ya vale”.
Le invitamos a que sea el primero en comentar esta información.








