12/05/2013

Sobre ellos...

"Son auténticos maestros en esquivar el enfrentamiento"

Texto de Juan Luís Álvarez
Foto de Dani Duch
Gracia Querejeta. Hija de diseñadora de vestuario y de productor de cine, se inició en la dirección hace treinta años y ha hecho historia en el reciente Festival de Málaga al ganar su segunda Biznaga de Oro a la mejor película: en el 2004 con Héctor y ahora con 15 años y un día. Madrileña, de 50 años, remarca las diferencias de trato a la mujer según las costumbres de distintas culturas, un asunto “espinoso” y presente en su filme
Con apenas 20 años, Gracia Querejeta ya había encontrado su lugar tras las cámaras, ayudando a Carlos Saura con Dulces horas, que producía su padre, Elías. Tres décadas después, la cineasta ha recibido todo tipo de reconocimientos para sus filmes Héctor, Cuando vuelva a tu lado o Siete mesas de billar francés. El último, 15 años y un día, mejor película en el último Festival de Málaga, narra la adolescencia de un chaval problemático, criado sin padre y al que envían a vivir con su hermético abuelo para ver si es capaz de avenirse.

“El filme surge para exorcizar mi preocupación como madre cuando mi hijo estaba en esa edad, y yo me preguntaba qué hacía y adónde iba. Conocía a sus amigos, pero el miedo a que le ocurriera algo estaba ahí. Y es muy difícil colocarse en ese punto en el que te interesas por sus cosas, sin inmiscuirte demasiado, que sirve para obtener una información que te tranquilice, sin que se sientan controlados. Si se dan cuenta, se acabó lo que se daba”.

Cree que esas preocupaciones por el aprendizaje de los hijos a punto de convertirse en adultos es algo que comparten hombres y mujeres por igual, “aunque existe la creencia de que la figura paterna está por encima en cuanto a capacidad de protección. Parece que está en el ADN del sexo masculino. Si es así, no me parece mal. Aunque todos queremos sentirnos protegidos a veces; también los hombres”.

“Cuando el río suena, algo de agua lleva”, responde sobre esa especial conexión de los hijos con las madres y las hijas con los padres. “En mi caso, esto está subrayado porque con mi padre me une lo personal y lo profesional y son relaciones intensas en ambos ámbitos. La sabiduría popular al final suele tener razón. Los tópicos son tópicos por algo”. En ese terreno sitúa lo que diferencia a hombres y mujeres.

“No todos y no siempre, pero sí es cierto que el hombre tiende a mostrarse huidizo en asuntos emocionales. Y que son auténticos maestros en esquivar los enfrentamientos. No siempre lo logran, claro”.  Le gusta el hombre “compañero, que te hace sentir que es alguien con quien puedes caminar a lo largo del tiempo y es tu mejor amigo. Es lo que me gustaría en una pareja. Alguien que te quiera y te respete, que lo paséis bien juntos. Sobre el físico... No me gustan en general los feos, pero eso es una tontería que en cualquier momento puede cambiar. Ah, y no me va el seductor en plan lobo. Por Dios, ¡qué antigüedad!”.

Si hubiese nacido varón, habría querido ser como Sydney Pollack. “No he conocido a este grandísimo director y actor, pero la imagen que transmitía era de ser un tipo maravilloso, listo, amable, cariñoso y simpático. Habría podido ser el hombre de mi vida”, comenta divertida.

Con 50 años, ve a las mujeres de su edad “jóvenes, en mitad de la vida, y en plena actividad y rendimiento, aunque obviamente los de 30 no las perciban así”. A los hombres de su edad los ve “haciendo balance, como también muchas mujeres. Es el momento de hacer recuento de lo vivido y pensar cómo se quiere vivir el resto”.

Le hace gracia que los hombres sean incapaces de hacer dos cosas a la vez –“está científicamente demostrado, más o menos”– y les envidia el no tener que batallar contra las discriminaciones de género. “Siguen existiendo, y no sé cuántas generaciones tienen que pasar para que se extingan, si es que sucede”, afirma.

Otro aspecto del filme que atañe a las relaciones entre hombres y mujeres, adolescentes en este caso, se centra en las formas de relacionarse, según la cultura a la que pertenezcan. “He observado muy de cerca a los chavales y sé que resulta espinoso, pero sería pusilánime e idiota no decirlo. Vivimos en un mundo pluricultural en el que coexisten usos que contemplan su trato a la mujer de diversa manera. Convivimos con eso. Hay colectivos, procedentes de la inmigración en muchos casos, que tratan a la mujer de unos modos que reflejan que han sido educados en otras costumbres. Esto no es un planteamiento racista. Es algo que está ahí, es lamentable y hay que hablar de ello con sensatez y naturalidad”.°
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