13/05/2012
15-M. hijos del ágora
Texto de Pedro Vallín
Fotos de Dani Duch
Un año ha pasado desde el brote del más importante movimiento social surgido en la España democrática, una emergencia de malestar que tuvo la Puerta del Sol como epicentro. Ellos seis estuvieron allí en mayo del 2011 y, en muchos sentidos, allí siguen. El 15-M fue un indicio, no un resultado, coinciden, y por tanto, Sol es el kilómetro cero de algo nuevo cuya vigencia la coyuntura política y económica parece alimentar

Óscar Rivas
Nacido en Madrid hace 40 años, estudió Ingeniería de Sonido, pero desde el comienzo de su vida laboral trabajó en periodismo. Pertenecía a DRY mucho antes del 15-M y siempre estuvo activo en los foros de discusión política y económica. Junto a Fabio Gándara, Pablo Gallego y Claudia Alvarez, publicó su experiencia en Nosotros, los indignados (Destino). Fue parte de la comisión de comunicación de la acampada de Sol. Sigue vinculado al 15-M.
Nacido en Madrid hace 40 años, estudió Ingeniería de Sonido, pero desde el comienzo de su vida laboral trabajó en periodismo. Pertenecía a DRY mucho antes del 15-M y siempre estuvo activo en los foros de discusión política y económica. Junto a Fabio Gándara, Pablo Gallego y Claudia Alvarez, publicó su experiencia en Nosotros, los indignados (Destino). Fue parte de la comisión de comunicación de la acampada de Sol. Sigue vinculado al 15-M.
Nadie contaba con que algo así pudiera pasar. Ni siquiera sus promotores. “Esperábamos que el 15-M fuera un éxito, que hubiera unas 5.000 o 6.000 personas, pero no lo que pasó después”. Lo cuenta Pablo Gallego, joven gaditano que ya participaba activamente en los foros previos a aquel domingo de mayo, en particular en Democracia Real Ya (DRY), semilla de la posterior efervescencia. Ningún asesor ni agencia demoscópica lo vio venir y, sin embargo, había algunas señales previas: el mayoritario consenso del Parlamento español, medio año antes, para aprobar la llamada ley Sinde daba a entender un asentimiento ciudadano a la ley antidescargas que poco tenía que ver con la encendida controversia que recorría la red española. En el suplemento ES de La Vanguardia del 2 de febrero, tres meses antes de la acampada de Sol, puede leerse: “Los nativos digitales que postuló el escritor Marc Prensky habitan un universo distinto del de los analógicos y, como ha revelado la vicisitud de la aprobación de la ley Sinde, el cisma entre ambos, lejos de cerrarse, cada día es más ancho. La brecha digital no es, como apuntaban los estructuralistas, otra división de clases, sino más bien uno de los mayores conflictos generacionales de la historia”.
En algún momento, el Parlamento había dejado de ser una representación fidedigna del humor de la ciudadanía, o quizá, simplemente, la novedad era que los ciudadanos digitales habían hallado otra ágora, digital e invisible a ojos de la política convencional. “Empezó a explicitarse esa fractura entre gobernantes y gobernados, sentimos que ni tenían en cuenta lo que piensa la gente ni se preocupaban por sondearlo. Fue ahí donde empecé a conocer gente por la red”. Habla Claudia Álvarez, periodista barcelonesa dedicada a la docencia, que estuvo desde los orígenes en el movimiento DRY, una página de Facebook donde desde el 2010 se animó un debate que luego habría de extenderse como la pólvora.
En los primeros momentos, cuenta Pablo Gallego, PP y PSOE, enzarzados en la pugna por las municipales del 22 de mayo, veían en el rival al instigador de aquella extraña ciudad de tiendas Quechua que ocupaba la plaza donde se comen las uvas. El gobierno socialista temió que esa agitación de izquierdas estuviera malévolamente inspirada por el partido conservador para desmadejar su electorado, mientras que los medios de la derecha madrileña señalaban al ministro del Interior, a la sazón Alfredo Pérez Rubalcaba, como Maquiavelo de la insurrección. ¿Quién está detrás?, se oía en las tertulias. La respuesta, una página de Facebook, resultaba decepcionante para los analistas de la actualidad, pero daba la razón al filósofo Juan Cueto, quien postulaba, allá por los años ochenta, que la única crisis verdadera de los últimos dos siglos ha sido la causada por la revolución científico-técnica.
En algún momento, el Parlamento había dejado de ser una representación fidedigna del humor de la ciudadanía, o quizá, simplemente, la novedad era que los ciudadanos digitales habían hallado otra ágora, digital e invisible a ojos de la política convencional. “Empezó a explicitarse esa fractura entre gobernantes y gobernados, sentimos que ni tenían en cuenta lo que piensa la gente ni se preocupaban por sondearlo. Fue ahí donde empecé a conocer gente por la red”. Habla Claudia Álvarez, periodista barcelonesa dedicada a la docencia, que estuvo desde los orígenes en el movimiento DRY, una página de Facebook donde desde el 2010 se animó un debate que luego habría de extenderse como la pólvora.
En los primeros momentos, cuenta Pablo Gallego, PP y PSOE, enzarzados en la pugna por las municipales del 22 de mayo, veían en el rival al instigador de aquella extraña ciudad de tiendas Quechua que ocupaba la plaza donde se comen las uvas. El gobierno socialista temió que esa agitación de izquierdas estuviera malévolamente inspirada por el partido conservador para desmadejar su electorado, mientras que los medios de la derecha madrileña señalaban al ministro del Interior, a la sazón Alfredo Pérez Rubalcaba, como Maquiavelo de la insurrección. ¿Quién está detrás?, se oía en las tertulias. La respuesta, una página de Facebook, resultaba decepcionante para los analistas de la actualidad, pero daba la razón al filósofo Juan Cueto, quien postulaba, allá por los años ochenta, que la única crisis verdadera de los últimos dos siglos ha sido la causada por la revolución científico-técnica.

Francisco Miñarro
Filólogo madrileño de 33 años, trabaja para una fundación y da clases de posgrado de Lengua y Literatura Españolas. No estuvo en Democracia Real Ya, pero su relación con el 15-M fue intensa desde el inicio, en ese modo difuso de pertenencia/independencia que permite la sociedad virtual. Sigue vinculado al 15-M.
Lourdes Hernanz, trabajadora social de 25 años, confiesa su sorpresa al contemplar cómo una manifestación derivaba en la construcción de una ciudad de cartón y lona, novísima y precaria pero funcional, un gigantesco brainstorming de política y economía en el que ella trabajó desde las comisiones destinadas a evitar cualquier altercado y garantizar la continuidad de la acampada: “La verdad es que me parecía estar participando en algo inédito, no en cuanto a la historia de las movilizaciones ciudadanas, porque en ese sentido me parecía inevitable, pero fue una sorpresa enorme que explotase de la manera que lo hizo. Me acuerdo de cuando paseaba por las calles cercanas a Sol a medianoche y veía las asambleas de política o de economía trabajando hasta la madrugada. Fue un chorro de esperanza, de ideas”.
Óscar Rivas, ingeniero de formación y periodista de profesión, estuvo también desde los primeros momentos en los acontecimientos de Sol que hicieron de súbito patente aquella intensa actividad de discusión que bullía por cables de ADSL: “La gente salió a la calle porque era necesario verse, había una necesidad de encontrarse. El mismo domingo por la tarde ya vimos que aquello necesitaba un empujoncito y que la gente había venido a algo más que a una manifestación”.
Rivas acudió a la concentración del 15-M y, aunque no fue uno de los cuarenta acampados de la primera noche, regresó el lunes y sí asistió al desalojo de la madrugada del 17 de mayo, a la postre la chispa que incendió la situación. Ese martes, tras saberse del levantamiento forzoso del campamento, “la gente empezó a llegar desde por la mañana, pero masivamente a partir de las siete, cuando salían de trabajar”. Pablo Gallego recuerda que aquel día las redes sociales ardieron, literalmente. Pasado el mediodía de ese martes no había más que asomarse a algún agregador de noticias o echar un ojo a Twitter para saber que algo realmente gordo se estaba cociendo. Por la noche, varios miles de personas tomaron Sol, más incluso que los que se habían dado cita el domingo. Y venían con tiendas y sacos. La presión de la olla fue subiendo durante toda la semana, y el viernes 20 por la tarde eran varios cientos de miles las personas que tomaban Sol y todas las calles y plazas aledañas. Para entonces, el campamento ya tenía servicio sanitario, biblioteca, servicio de comidas, departamento de comunicación, unidades de limpieza y hasta equipos de seguridad que mantenían la calma y evitaban los altercados o los daños al mobiliario urbano. Una revolución amable, una hermoso oxímoron en su propia imposibilidad.
Óscar Rivas, ingeniero de formación y periodista de profesión, estuvo también desde los primeros momentos en los acontecimientos de Sol que hicieron de súbito patente aquella intensa actividad de discusión que bullía por cables de ADSL: “La gente salió a la calle porque era necesario verse, había una necesidad de encontrarse. El mismo domingo por la tarde ya vimos que aquello necesitaba un empujoncito y que la gente había venido a algo más que a una manifestación”.
Rivas acudió a la concentración del 15-M y, aunque no fue uno de los cuarenta acampados de la primera noche, regresó el lunes y sí asistió al desalojo de la madrugada del 17 de mayo, a la postre la chispa que incendió la situación. Ese martes, tras saberse del levantamiento forzoso del campamento, “la gente empezó a llegar desde por la mañana, pero masivamente a partir de las siete, cuando salían de trabajar”. Pablo Gallego recuerda que aquel día las redes sociales ardieron, literalmente. Pasado el mediodía de ese martes no había más que asomarse a algún agregador de noticias o echar un ojo a Twitter para saber que algo realmente gordo se estaba cociendo. Por la noche, varios miles de personas tomaron Sol, más incluso que los que se habían dado cita el domingo. Y venían con tiendas y sacos. La presión de la olla fue subiendo durante toda la semana, y el viernes 20 por la tarde eran varios cientos de miles las personas que tomaban Sol y todas las calles y plazas aledañas. Para entonces, el campamento ya tenía servicio sanitario, biblioteca, servicio de comidas, departamento de comunicación, unidades de limpieza y hasta equipos de seguridad que mantenían la calma y evitaban los altercados o los daños al mobiliario urbano. Una revolución amable, una hermoso oxímoron en su propia imposibilidad.

Pablo Gallego
Este gaditano de 23 años estudió en el elitista Icade la especialidad Investigación y Técnicas de Mercado. Trabaja como técnico de marketing. Es uno de los primeros y más activos miembros de DRY. Escribió un texto tres meses antes del 15-M en el que anunciaba un Mayo del 68 español. Sigue vinculado al 15-M.
Este gaditano de 23 años estudió en el elitista Icade la especialidad Investigación y Técnicas de Mercado. Trabaja como técnico de marketing. Es uno de los primeros y más activos miembros de DRY. Escribió un texto tres meses antes del 15-M en el que anunciaba un Mayo del 68 español. Sigue vinculado al 15-M.
Al filólogo y docente Francisco Miñarro, que formó parte de la comisión de comunicación, el 15-M lo pilló en Italia. Llegó el miércoles para incorporarse a su trabajo, pero en cuanto concluyó la jornada se fue directo a Sol: “Me acerqué a verlo y ya no me moví más. Se estaba organizando todo ese miércoles, se creaban comisiones y se iban pensando las necesidades de la acampada. Se pedía lo que hacía falta, y la gente se regulaba, se organizaba. El primer día, la comisión de comunicación tenía trazas de tiza en el suelo, como en Dogville, y una noche después era una comisión de doscientas personas con un stand de atención a prensa y doce grupos trabajando”.
Miñarro no oculta la satisfacción que producía ver aquella extraña y resistente aldea gala funcionando como un reloj: “Es la historia de un éxito, se mantuvo la calma en todo momento, era emocionante ver a la gente limpiando por las mañanas, no dejaba de trabajar”.
Durante dos semanas, a los acampados los acompañaban cada tarde numerosos simpatizantes de todas las edades y condiciones, movidos por un mínimo común denominador ideológico y emotivo: el 15-M se reveló como primer afloramiento de un fenómeno político de izquierdas alimentado por el creciente convencimiento de que las superestructuras de la política convencional no son permeables al humor social, pero que la palanca tecnológica puede articular otros mecanismos de participación y debate social. Miñarro lo resume gráficamente cuando alude a la gestión política de la crisis: “Es un timo, es injusto y es distinto a lo que me enseñaron cuando me enseñaron lo que era la democracia”.
Sin embargo, el caso del joven economista Alberto Garzón, hoy diputado de IU por Málaga, es bien distinto. Garzón ya era militante de IU antes del 15-M, aunque seguramente IU no habría echado mano de él para lograr el diputado por Málaga en noviembre de no ser por la tremenda popularidad que su actividad digital había logrado. Titular del blog crítico y divulgativo Pijus Economicus e investigador de la Universidad Pablo Olavide de Sevilla, Garzón participaba en los foros de DRY desde mucho antes del 15-M, una actividad paralela a su relación con otros colectivos como la Asociación por la Tasación de las Transacciones Financieras y por la Ayuda a los Ciudadanos (conocida como Attac, una de las organizaciones derivadas de los movimientos antiglobalización de hace una década). “Participé en la creación de nodos, y tenía sensación de que éramos los mismos de siempre, los que nos movíamos en torno a los movimientos sociales…, todo muy difuso. Sabíamos que la gente estaba frustrada y se trataba de encontrar el cauce para activar esas movilizaciones”. Garzón estuvo en asambleas y conferencias económicas en campamentos de diversas ciudades tras el 15-M, multiplicando su actividad.
Transcurrido un año, el movimiento 15-M se ha demostrado como un auténtico ser vivo: ha madurado, ha perdido la inocencia y el vigor juvenil, pero se ha reproducido e incluso ha inseminado la política convencional. El 15 de octubre, para celebrar los cinco meses del movimiento, se realizó una convocatoria mundial y más de un millar de ciudades de todo el mundo se sumaron a las concentraciones convocadas en España, manteniendo el espíritu de la convocatoria inicial: la no violencia y el rechazo de las soluciones políticas que se estaban aplicando a la crisis en todo el mundo occidental.
Miñarro no oculta la satisfacción que producía ver aquella extraña y resistente aldea gala funcionando como un reloj: “Es la historia de un éxito, se mantuvo la calma en todo momento, era emocionante ver a la gente limpiando por las mañanas, no dejaba de trabajar”.
Durante dos semanas, a los acampados los acompañaban cada tarde numerosos simpatizantes de todas las edades y condiciones, movidos por un mínimo común denominador ideológico y emotivo: el 15-M se reveló como primer afloramiento de un fenómeno político de izquierdas alimentado por el creciente convencimiento de que las superestructuras de la política convencional no son permeables al humor social, pero que la palanca tecnológica puede articular otros mecanismos de participación y debate social. Miñarro lo resume gráficamente cuando alude a la gestión política de la crisis: “Es un timo, es injusto y es distinto a lo que me enseñaron cuando me enseñaron lo que era la democracia”.
Sin embargo, el caso del joven economista Alberto Garzón, hoy diputado de IU por Málaga, es bien distinto. Garzón ya era militante de IU antes del 15-M, aunque seguramente IU no habría echado mano de él para lograr el diputado por Málaga en noviembre de no ser por la tremenda popularidad que su actividad digital había logrado. Titular del blog crítico y divulgativo Pijus Economicus e investigador de la Universidad Pablo Olavide de Sevilla, Garzón participaba en los foros de DRY desde mucho antes del 15-M, una actividad paralela a su relación con otros colectivos como la Asociación por la Tasación de las Transacciones Financieras y por la Ayuda a los Ciudadanos (conocida como Attac, una de las organizaciones derivadas de los movimientos antiglobalización de hace una década). “Participé en la creación de nodos, y tenía sensación de que éramos los mismos de siempre, los que nos movíamos en torno a los movimientos sociales…, todo muy difuso. Sabíamos que la gente estaba frustrada y se trataba de encontrar el cauce para activar esas movilizaciones”. Garzón estuvo en asambleas y conferencias económicas en campamentos de diversas ciudades tras el 15-M, multiplicando su actividad.
Transcurrido un año, el movimiento 15-M se ha demostrado como un auténtico ser vivo: ha madurado, ha perdido la inocencia y el vigor juvenil, pero se ha reproducido e incluso ha inseminado la política convencional. El 15 de octubre, para celebrar los cinco meses del movimiento, se realizó una convocatoria mundial y más de un millar de ciudades de todo el mundo se sumaron a las concentraciones convocadas en España, manteniendo el espíritu de la convocatoria inicial: la no violencia y el rechazo de las soluciones políticas que se estaban aplicando a la crisis en todo el mundo occidental.
de: | 14/05/2012
Tú lo flipas, Otro Comentario. Cómo se nota que lo has visto todo por la tele desde tu sofá y no te has enterado aún de qué va la cosa. Seguro que hasta te gusta la situación actual.
de: Savina Mañanes | 13/05/2012
La crisis ha afectado hasta a los marcianos.
de: Otro Comentario | 13/05/2012
Bien, han sacado a los 4 que han estudiado y han hecho algo con su vida. Pero la gran mayoría son de otro tipo: personas sin formación que se dedican a birrear día tras día, fumar canutos e ir a casas okupas o locales sociales de extrema izquierda.







