23/12/2007

Especial 2007

El debate político

Texto de Enric Juliana
SEGUNDA OPORTUNIDAD  La legislatura que comenzó marcada por el terrorismo islamista internacional acaba afectada por el terrorismo nacional etarra. Pero no cerrando el círculo, como hubiera querido el PP, aferrado a un discurso frontal  y sin matices desde la oposición. El fracaso del plan de paz, en el que el presidente Rodríguez Zapatero  volcó unas muy optimistas esperanzas, no parece que vaya a tener ahora un precio electoral. Los votantes, en cualquier caso, dirán la última palabra el próximo 9 de marzo. 

José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy, en el funeral por el guardia civil Fernando Traper

Tras la bomba de Barajas se puso en marcha uno de los mecanismos clásicos de la política española: la agresividad sin matices, la tromba, el torbellino

El año que ahora termina podía haber sido el del descalabro de José Luis Rodríguez Zapatero. El 2007 empezó políticamente con el bombazo de Barajas, que envió una señal muy contundente a toda la sociedad española: el final pactado de ETA no era tan fácil como en un primer momento había sugerido el presidente del Gobierno, tantas veces interpretado como un optimista antropológico. Como un ingenuo, en el mejor de los casos, según sus encarnizados adversarios.
Durante unos días, Rodríguez Zapatero parecía medio noqueado. No tuvo reflejos para abandonar inmediatamente sus vacaciones navideñas en Doñana y en su primera comparecencia pública no quiso dar por cerrado el proceso de paz, cosa que sí había hechos unos días antes, con más reflejos, el ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba. Zapatero parecía sorprendido por la magnitud del atentado. O a los terroristas se les había ido la mano, o se había producido un cambio brusco en la hoja de ruta concebida desde el Gobierno tras sus contactos secretos con la banda terrorista. Alguna pieza no encajaba, y el presidente del Gobierno así lo dejaba traslucir.
Se puso entonces en marcha uno de los mecanismos clásicos de la política española: la agresividad sin matices; la tromba; el torbellino. El Partido Popular, pilotado ideológicamente por el sector más duro de la derecha española, creyó ver a los socialistas atrapados en su propia trampa. Creyó ver un círculo que se cerraba; un círculo simbólico, un círculo mágico y trágico a la vez: los socialistas, que habían llegado al poder gracias a un atentado terrorista, iban a ser desalojados del poder también por obra y gracia del terrorismo. La oposición aceleró inmediatamente su severa campaña de acoso a la línea negociadora de Zapatero, teniendo como principal alfil a la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT). 
Mientras el Gobierno se reponía de la sorpresa e intentaba recomponer la situación, la oposición acentuaba su presión mediática y callejera. En el horizonte, las elecciones municipales y autonómicas previstas para el mes de mayo.
El episodio De Juana Chaos acentuó inmediatamente la sensación de que el Gobierno se había metido involuntariamente contra las cuerdas, víctima de su propia línea estratégica. Sin aparente conexión con la dirección de la banda, el preso de ETA Juan Ignacio de Juana Chaos se declaró en huelga de hambre, para conseguir una interpretación benévola de su situación penal. Agotada la condena por los 25 asesinatos cometidos, después de 18 años de prisión, De Juana seguía en la cárcel por un delito de exaltación del terrorismo. Su huelga no parecía pilotada por ETA, pero el Gobierno temía que su muerte en prisión disparase una oleada violenta en el País Vasco. Tras múltiples forcejeos judiciales, en los que, de nuevo, volvería a hacerse patente la extrema conexión de la magistratura con los vaivenes de la política, De Juana era trasladado a un hospital de San Sebastián. Su imagen  aparecería pronto en las televisiones y en los diarios paseando tranquilamente por las inmediaciones del centro médico. El mensaje implícito era simple y a la vez eficaz: un asesino andaba suelto, gracias a un antiguo Código Penal benevolente y a la laxitud del Gobierno socialista. Las encuestas volvían a señalar una temperatura muy desfavorable para Rodríguez Zapatero.
A mediados de marzo, el PP lograba congregar a centenares de miles de personas en el centro de Madrid bajo el lema “España por la libertad, no más cesiones de ETA”. Fue todo un éxito de convocatoria. Causaba impresión ver buena parte del paseo de la Castellana inundado de banderas españolas. La derecha sociológica conseguía dominar la calle, como cuatro años atrás lo había hecho la izquierda con motivo de la guerra de Iraq. El rostro fiero de De Juana se convertía en un peligroso icono para los socialistas. Así lo certificaron las elecciones municipales y autonómicas. El Partido Popular logró ganarlas por más de 150.000 votos de ventaja, pese a que el balance territorial era más favorable para los socialistas: el PSOE conseguía articular una mayoría alternativa en Baleares y tenía la posibilidad de hacerlo también en Navarra, posibilidad que en estos momentos está congelada.
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de: Marimar | 13/01/2008
Vaya semblante que tiene ZP frente a la cara de estar haciendo acto de presencia el Marianito. Se nota que tiene ganas de retirarse a cenar, y también se refleja la cara de preocupacion de ZP.
30 de noviembre
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