23/12/2007
Especial 2007
El debate político
Texto de Enric Juliana
SEGUNDA OPORTUNIDAD La legislatura que comenzó marcada por el terrorismo islamista internacional acaba afectada por el terrorismo nacional etarra. Pero no cerrando el círculo, como hubiera querido el PP, aferrado a un discurso frontal y sin matices desde la oposición. El fracaso del plan de paz, en el que el presidente Rodríguez Zapatero volcó unas muy optimistas esperanzas, no parece que vaya a tener ahora un precio electoral. Los votantes, en cualquier caso, dirán la última palabra el próximo 9 de marzo.

Un momento del debate sobre el estado de la nación, en julio, en el que Zapatero dio la vuelta a las expectativas en su contra
El cheque bebé borró de muchas mentes la foto infausta de De Juana Chaos, y los socialistas consiguieron que el debate no se centrase en ETA
Una lectura más sosegada de los resultados resultaba inquietante para el Gobierno: con la única excepción de Cataluña y Aragón y, en parte
–muy en parte–, Galicia y Andalucía, los principales núcleos de población españoles se inclinaban a favor del PP. El PSOE se hundía estrepitosamente en la Comunidad de Madrid y, sobre todo, en la Comunidad Valenciana. Zapatero, sin embargo, conseguiría reaccionar. Con todas las expectativas en su contra, el presidente del Gobierno logró salir airoso del debate sobre el estado de la nación celebrado a principios de julio en el Congreso. Volvía a demostrarse que la política se nutre básicamente de expectativas. De buenas y malas expectativas. Anclado en la cuestión de ETA, amarrado a un discurso apocalíptico de la situación española, Rajoy no consiguió propinarle el mazazo que el público de derechas tan ansiosamente esperaba. Rajoy no consiguió situarse en puertas del verano con el Gobierno en ruinas.
Con una hábil preparación del debate, que partía del principio de que la sociedad española se hallaba literalmente agotada de tanta discusión política sobre el terrorismo, el equipo de Zapatero consiguió romper el cerco y tomar la iniciativa, anunciando desde la tribuna del Congreso una generosa ayuda del Estado (2.500 euros) por cada hijo recién nacido.
El cheque bebé borró de muchas mentes la foto infausta de De Juana. Por primera vez en muchos meses, los socialistas conseguían que el debate no se centrase de una manera obsesiva en la cuestión de ETA. Con extrema agilidad, aquella misma semana Zapatero anunciaba la primera remodelación de su Gabinete, alejando del banco azul a los ministros que acumulaban un perfil más gris: María Antonia Trujillo, titular de Vivienda, que nunca había logrado levantar el vuelo; Carmen Calvo, tan locuaz como discutida al frente de Cultura, y Jordi Sevilla, relegado a un segundo plano en el polémico proceso de reformas de los estatutos de autonomía. Zapatero lograba mejorar el nivel de su Gabinete y, sobre todo, enviar un mensaje de determinación y energía a la sociedad española. Contra todo pronóstico, el de León lograba llegar vivo, muy vivo, al verano.
Cuatro meses después, a finales de año, este era el comentario de un alto dirigente de las finanzas españolas: “Increíblemente, Zapatero ha conseguido darle la vuelta a la cuestión de ETA. Pese a haber fracasado en el proceso de paz, la sociedad no parece que vaya a pasarle factura”.
Las elecciones del 9 de marzo confirmarán o no la validez de este diagnóstico, pero, sin duda alguna la perfecta continuidad de los golpes policiales, la eficacia de la colaboración con Francia –su nuevo presidente, Nicolas Sarkozy, ha enviado mensajes inequívocos al respecto– y las evidentes señales de que ETA se halla en una fase de aguda debilidad han favorecido una actitud indulgente de la sociedad.
Si ello se confirmase, el PP habría cometido un serio error táctico al centrar de manera obsesiva su política de oposición en el terrorismo y la cuestión territorial, asuntos que transmiten a la sociedad un mensaje profundamente dramático: supuesta benevolencia con los asesinos y riesgo de quiebra del Estado nacional. Si en las próximas semanas, el viento sigue soplando a favor del PSOE, dos cosas quedarán claras: la vitalidad de la economía habrá sido la verdadera clave de la legislatura. Y una mayoría social, mucho menos crispada e irritada que la política y el periodismo, habrá enviado el siguiente mensaje: vuélvela a tocar, Zapatero, pero esta vez, por favor, cuida mejor el compás.
Veremos qué pasa el 9 de marzo, pero, a finales de año, una suave música apunta en esa dirección.
–muy en parte–, Galicia y Andalucía, los principales núcleos de población españoles se inclinaban a favor del PP. El PSOE se hundía estrepitosamente en la Comunidad de Madrid y, sobre todo, en la Comunidad Valenciana. Zapatero, sin embargo, conseguiría reaccionar. Con todas las expectativas en su contra, el presidente del Gobierno logró salir airoso del debate sobre el estado de la nación celebrado a principios de julio en el Congreso. Volvía a demostrarse que la política se nutre básicamente de expectativas. De buenas y malas expectativas. Anclado en la cuestión de ETA, amarrado a un discurso apocalíptico de la situación española, Rajoy no consiguió propinarle el mazazo que el público de derechas tan ansiosamente esperaba. Rajoy no consiguió situarse en puertas del verano con el Gobierno en ruinas.
Con una hábil preparación del debate, que partía del principio de que la sociedad española se hallaba literalmente agotada de tanta discusión política sobre el terrorismo, el equipo de Zapatero consiguió romper el cerco y tomar la iniciativa, anunciando desde la tribuna del Congreso una generosa ayuda del Estado (2.500 euros) por cada hijo recién nacido.
El cheque bebé borró de muchas mentes la foto infausta de De Juana. Por primera vez en muchos meses, los socialistas conseguían que el debate no se centrase de una manera obsesiva en la cuestión de ETA. Con extrema agilidad, aquella misma semana Zapatero anunciaba la primera remodelación de su Gabinete, alejando del banco azul a los ministros que acumulaban un perfil más gris: María Antonia Trujillo, titular de Vivienda, que nunca había logrado levantar el vuelo; Carmen Calvo, tan locuaz como discutida al frente de Cultura, y Jordi Sevilla, relegado a un segundo plano en el polémico proceso de reformas de los estatutos de autonomía. Zapatero lograba mejorar el nivel de su Gabinete y, sobre todo, enviar un mensaje de determinación y energía a la sociedad española. Contra todo pronóstico, el de León lograba llegar vivo, muy vivo, al verano.
Cuatro meses después, a finales de año, este era el comentario de un alto dirigente de las finanzas españolas: “Increíblemente, Zapatero ha conseguido darle la vuelta a la cuestión de ETA. Pese a haber fracasado en el proceso de paz, la sociedad no parece que vaya a pasarle factura”.
Las elecciones del 9 de marzo confirmarán o no la validez de este diagnóstico, pero, sin duda alguna la perfecta continuidad de los golpes policiales, la eficacia de la colaboración con Francia –su nuevo presidente, Nicolas Sarkozy, ha enviado mensajes inequívocos al respecto– y las evidentes señales de que ETA se halla en una fase de aguda debilidad han favorecido una actitud indulgente de la sociedad.
Si ello se confirmase, el PP habría cometido un serio error táctico al centrar de manera obsesiva su política de oposición en el terrorismo y la cuestión territorial, asuntos que transmiten a la sociedad un mensaje profundamente dramático: supuesta benevolencia con los asesinos y riesgo de quiebra del Estado nacional. Si en las próximas semanas, el viento sigue soplando a favor del PSOE, dos cosas quedarán claras: la vitalidad de la economía habrá sido la verdadera clave de la legislatura. Y una mayoría social, mucho menos crispada e irritada que la política y el periodismo, habrá enviado el siguiente mensaje: vuélvela a tocar, Zapatero, pero esta vez, por favor, cuida mejor el compás.
Veremos qué pasa el 9 de marzo, pero, a finales de año, una suave música apunta en esa dirección.
de: Marimar | 13/01/2008
Vaya semblante que tiene ZP frente a la cara de estar haciendo acto de presencia el Marianito. Se nota que tiene ganas de retirarse a cenar, y también se refleja la cara de preocupacion de ZP.








