Especial 2007
Ave cara y cruz

En pleno verano, Barcelona sufrió un apagón general. Viviendas, oficinas y locales, como el bar de la foto, se quedaron a oscuras y sin aire acondicionado
Todo eso ocurría en pleno periodo estival, en el punto álgido de visitantes de una ciudad que sigue gozando del reconocimiento internacional como uno de los mejores destinos turísticos del mundo. El fin de semana que se iniciaba el 3 de agosto se iba a convertir en el paradigma de la crisis de las infraestructuras a causa de tres acontecimientos sucesivos. Ese viernes, medio millar de personas tuvieron que escapar por las vías tras pasar casi dos horas encerradas en un tren averiado. Y el sábado 4, los responsables de las autopistas tuvieron que levantar por primera vez en la historia las barreras de dos peajes para paliar el monumental atasco de la salida de vacaciones. Pero aún hubo más, porque el domingo 5, el aeropuerto de El Prat rozó el desastre por la acumulación de viajeros. Y todo eso, amenizado por el tormento de los generadores en las calles de Barcelona a causa de la chapuza eléctrica.
Que el AVE tuviera fecha para su entrada en la capital catalana precipitó que se programara también el calendario para la puesta en servicio de los enlaces de Madrid con Valladolid –22 de diciembre– y Málaga, el 23. El mapa radial, el de la Puerta del Sol kilómetro cero que diseñó el ejecutivo del PP, empezaba a plasmarse. Pese a la declaración de Rodríguez Zapatero, Barcelona siguió sumida en la depresión. La desconfianza se constataba en las conversaciones en las que se ponía en duda el calendario de la alta velocidad. Se cruzaban apuestas, pero en la porra ferroviaria, no en la futbolística. ¿Llegará o no llegará? Esta era la cuestión el pasado verano.
Aparecieron vallas y carteles en los que, antes de cazar el oso, Renfe se felicitaba por el logro, sobre todo por la conexión en escasamente dos horas y media entre Madrid y Barcelona, quince años después de la puesta en marcha de la conexión sevillana. En esta ocasión, se insistió, a la segunda ciudad de España no se le iba a agraviar dejándola de nuevo en el furgón de cola.









