23/12/2007

Especial 2007

Ave cara y cruz

Texto de Francesc Peirón
AVE A CARA Y CRUZ La llegada del AVE a Barcelona, Valladolid y Málaga es la cara y la cruz de la operación ferroviaria DEL 2007. Era el año para tender un puente con aquel 1992 en que el AVE unió Madrid y Sevilla. Ha pasado mucho tiempo, pero las prisas y la improvisación, los males de siempre, han partido el mapa en dos sentimientos radicalmente opuestos. La alegría de Valladolid y Málaga contrasta con la indignación de una Barcelona sin AVE y conducida hasta el diván del psicoanalista a costa del caos de las infraestructuras

A mediados de noviembre, la ministra Magdalena Álvarez se subió al AVE para recorrer
un trayecto sin problemas hasta Málaga

No habían pasado ni 24 horas cuando unas inyecciones de hormigón para fortalecer el subsuelo estuvieron a punto de hundir el túnel que utilizan los Ferrocarrils de la Generalitat, y bajo el cual ha de circular la alta velocidad. Esta circunstancia obligó a cortar ese tramo de los Ferrocarrils, que no está previsto recuperar hasta el próximo febrero, y a dejar fuera de servicio  la línea del Garraf de Renfe, la línea de cercanías más densa de España.
Fue la guinda de un desastre que a lo largo del año 2006 ya empezó a ser cotidiano. Durante 42 días, miles de ciudadanos tuvieron que hacer transbordo a los cerca de 300 autocares que dispuso la compañía.
Las obras de la esperada modernización ferroviaria todavía no han concluido, a la espera de una nueva fecha. Por el camino, sin embargo, sus daños colaterales han provocado un estropicio histórico en las cercanías del área metropolitana y en el espíritu de Cataluña como pueblo. Sólo así se puede entender que centenares de miles de ciudadanos salieran a la calle en el centro de Barcelona el primer sábado de diciembre para hacer patente el enfado condimentado a fuego lento en el mal funcionamiento de las infraestructuras en general, y de las ferroviarias en particular. Como se observó en la calle esa jornada, el malestar ha traspasado cercanías y ha llegado a ser una reivindicación de largo recorrido político en la que toma cuerpo el concepto de soberanismo.
Si a la ministra de Fomento se la vitorea en su ciudad, en Málaga, en Cataluña se ha consolidado como la sombra del diablo. En la Cámara parlamentaria autonómica, pese a carecer de potestad alguna, se aprobó una resolución en la que se pedía la dimisión de Magdalena Álvarez. Todos, salvo sus compañeros del PSC, coincidieron en la petición. Dos patas del Gobierno –ERC e ICV– votaron contra ella. Estas mismas dos patas también llevaron la pancarta en la manifestación de Barcelona.
Algo se mueve, y no sólo son los trenes.
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30 de noviembre
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