23/12/2007

Especial 2007

Sociedad

Texto de Miquel Molina
DOLOR EN PANTALLA El caso de la pequeña Madeleine, la agresión a una joven en un tren de cercanías grabada por las cámaras de seguridad, la joven Svetlana asesinada por su ex novio tras salir en un programa de televisión. Todos estos sucesos se convirtieron este año en imágenes habituales en los televisores y en internet. Sucesos filmados a los que se han añadido las agresiones realizadas con el único propósito de exhibirlas.

La imagen captada por la cámara de seguridad en la que Sergi Xavier M.M. agredía a una joven ecuatoriana en un tren en Sant Boi de Llobregat se reprodujo en todas las televisiones el pasado octubre

¿Hubiera tenido el caso Madeleine tanta repercusión de no haberse convertido los fotogénicos padres de la niña desaparecida en la pareja de a pie más fotografiada de la historia? ¿Habría muerto la joven Svetlana de no haberse sentido su ex novio públicamente humillado ante la negativa de ella a reconciliarse en el programa El diario de Patricia? ¿Hasta qué punto tuvo que ver nuestra súbita preocupación por la violencia racista y sexista con el hecho de que una cámara filmara la brutal agresión sufrida por una joven ecuatoriana en un tren de Barcelona? ¿Cuántas agresiones a chavales nos estaríamos ahorrando de no haberse extendido la moda de filmar con la cámara del móvil las collejas entre alumnos?
Este año, la crónica de sucesos ha sido más que nunca la crónica del suceso filmado. Algunas veces, las cámaras han servido para ayudar a que una investigación policial llegara a buen puerto o, como en el caso de algunos de los ejemplos precedentes, para evitar que comportamientos intolerables quedaran impunes. En otros, los objetivos ocultos pueden haber motivado conductas negativas que de otro modo no se hubieran producido o que hubieran tardado más en desencadenarse. Pero todos estos ejemplos de suceso filmado tienen algo en común: denotan que aún no somos plenamente conscientes del poder delator, del poder de indiscreción y del poder de influir en las conductas que tiene la imagen.
Veamos cómo los tres factores, para bien y para mal, entran en concurrencia en un caso concreto: la agresión continuada a la niña ecuatoriana en un tren de Ferrocarrils de la Generalitat por parte de un energúmeno. Gracias al vídeo captado por la cámara del vagón, el agresor pudo ser rápidamente detenido. Un gran avance respecto al pasado no tan remoto, cuando no estábamos televigilados: el poder de desenmascarar un delito. Si además se extiende entre los violentos la sensación de que todos los vagones están vigilados y de que difícilmente las agresiones van a quedar impunes, el efecto positivo se multiplica.
Pero la imagen tiene en este caso otros efectos no tan deseables. De entrada, puede condicionar la conducta. Es decir, no podemos descartar que el agresor del tren se recreara en su violencia precisamente porque sabía que le estaban filmando, dando rienda suelta a un tipo de exhibicionismo que ya detectaron los expertos en comportamientos agresivos de resultas del ataque mortal a una mendiga en un cajero de Barcelona.
Y por último tenemos el poder de indiscreción. En el caso de la agresión en el tren barcelonés, la víctima de este efecto negativo no fue ninguno de los protagonistas principales, sino el tercer hombre: el joven que fue testigo de la agresión y no salió en defensa de la víctima. Su conducta, que fue objeto de punzantes críticas –llegó a ser increpado por algunos de sus vecinos–, no difiere mucho de la que hubieran adoptado muchas de las personas que utilizan este tipo de transporte de haberse encontrado en una situación similar. Sólo que la actitud pasiva de este joven en concreto fue televisada por cadenas de todo el planeta y acabó convertida, para su desgracia, en un éxito de YouTube.
¿Acaba aquí el parte de víctimas? No. Los estamentos judiciales en los que recayó la agresión no tuvieron probablemente en cuenta la repercusión que acabaría teniendo ésta por culpa de la maldita cinta, y no acertaron a reaccionar con contundencia, por lo que se convirtieron en blanco de las críticas…

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7 de septiembre
7 de septiembre

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