El primer dilema
El tiempo de los hijos

Nuria Piferrer y Oriol Teixidor, con su hija, Greta, en un espacio infantil del barrio de Gràcia, en Barcelona
"Necesitan mucho amor y mucha tranquilidad"
Nuria y Oriol son autónomos: ella es cantante de fados; él, pintor y escultor. Ser padres ha supuesto para ellos, si no un parón, sí cuando menos una desaceleración de su trayectoria profesional. "Salvo cuando tengo actuaciones, lo normal es que uno trabaje por la mañana y el otro por la tarde. Al trabajar media jornada, es todo mucho más concentrado. Es cierto que ya no puedes avanzar al ritmo de antes, pero ya nos lo habíamos planteado así desde el principio."
Criar a su hija en casa les ha proporcionado la oportunidad de disfrutar día a día de sus progresos. "Su padre y yo estamos atentos a su evolución, a lo que ella necesita en cada momento, a ir proporcionándole nuevos estímulos. Es agotador, pero es una gozada. Da gusto verla tan relajada y tan feliz. Está en esa edad en que los niños necesitan amor y tranquilidad, la confianza de saber que hay alguien siempre detrás. Cuando cuentan con ese colchón emocional, afrontan luego los retos de la vida con mayor seguridad y más garantías de éxito."
Nuria –que estudió magisterio y pedagogía– es una apasionada de la educación. "Si no me he dedicado a ello, es en parte porque no he encontrado un espacio en el que poderme realizar como a mí me gustaría, no comparto el enfoque que se da a la escuela infantil. Un crío absorbe muchísimo y, por buenísimas que sean las intenciones, es imposible que una persona pueda ocuparse de quince a la vez. Siempre te dicen que los niños tienen que socializarse, pero, cuando son tan pequeños, en la guardería juegan en paralelo, ¡apenas se relacionan!"
Ahora que Greta ya está a punto de cumplir los dos años, participan en una interesante iniciativa vecinal que les permite ofrecer a su hija un espacio alternativo de relación y estimulación. Junto con otras diez familias, alquilan una vez por semana un local en el que se reúnen con sus hijos. "Organizamos actividades conjuntas en torno a un tema distinto cada vez: un instrumento musical, el color azul, las cajas… Lo esencial es que los niños jueguen y pasen el rato juntos, nada más."
Confiesa que tanto ella como su pareja van muy cansados, que tienen que arañar horas al trabajo y al sueño para compaginarlo todo, pero el balance es claramente positivo. "Sé que no todo el mundo tiene la posibilidad de hacerlo, pero nosotros no querríamos desperdiciarla por nada del mundo."
Nuria Piferrer 36 años. Una hija: Greta (21 meses)
“Somos esclavos de una sociedad consumista y de sus hipotecas. Si las familias pueden prescindir de algunas de sus necesidades y recuperar algo de sencillez, los hijos podrán pasar más tiempo con sus padres”, sostiene Ana Kay desde Mallorca. En la misma línea, M.ª José Irlem reflexiona: “Hoy en día parece que lo material es lo importante. Delegamos la crianza de nuestros hijos alegando que necesitamos trabajar para pagar hipotecas, colegios, canguros y los últimos modelos en tecnología del hogar o de ocio. Es una lástima perder parte de la infancia de nuestros hijos y sustituirla por cosas tan banales”.
Tener hijos es un acto biológico, pero ser padres es mucho más. Es una experiencia que nos aporta grandes satisfacciones, pero a la que necesitamos hacer un hueco en nuestras ajetreadas vidas. Quienes han decidido levantar el acelerador en otras parcelas para poder cuidar de sus retoños lo viven más como un privilegio que como una renuncia. Eva Fargas nos cuenta que ha cambiado su empleo por uno a tiempo parcial, que ella y su marido ya no van al gimnasio ni al cine, que sus estudios en la universidad a distancia han quedado aparcados. Ha cambiado su vida porque quería hacerlo y ha reajustado sus prioridades porque en esta etapa nada le parece tan importante como la crianza de su pequeño: “Si uno decide tener un hijo, debería ser porque está dispuesto a disfrutar de él y con él”.










