Memorias del este

Verónica Prudikova
26 años. República Checa
“Lo que me sorprende, e incluso molesta, es que me pregunten si lo pasaba mal en mi país. Nos meten en el mismo saco a toda la gente del Este, cuando existen diferencias abismales. Yo soy de Karlovy Vary, una ciudad preciosa repleta de balnearios y de turistas. Mi familia goza de una buena posición y nunca me ha faltado de nada. Pero me gusta conocer mundo, y a los 18 años ya me fui a vivir a Alemania. Unos años después vine a Peñíscola para aprender español y estudié Comercio Internacional. También hablo inglés, alemán y estoy estudiando francés. Me pagué los estudios con trabajos esporádicos de modelo. A veces tengo suerte y poso un día entero; otras, hago de azafata de congresos, muchas horas de pie y siempre sonriendo. Y no desdeño ninguna tarea, como apuntar toda la noche el número de taxis que pasan ocupados y los que están libres. Comparto piso con estudiantes –los alquileres son altísimos–, y me encanta la vida nocturna de la ciudad, mucho más divertida que la de Karlovi Vary. Me encantan el mar y el clima mediterráneo.”

Baskhim Sehu, en las cercanías de su domicilio
Baskhim Shehu
52 años. Albania
“Mi padre era el primer ministro y el segundo del régimen autoritario de Enver Hoxha. El dictador, llevado por su paranoia, creyó que mi padre quería derrocarle y lo detuvo. Poco después falleció en extrañas circunstancias. La versión oficial dictaminó que se había suicidado. Mi madre fue encarcelada y murió en prisión al cabo de siete años. Mi hermano, incapaz de soportar abusos e interrogatorios, acabó suicidándose. Y yo estuve encerrado durante ocho largos años por delitos de opinión. No salí hasta 1991, cuando, con el ocaso de la dictadura, se acabó por fin el gulag albanés. Pero en 1996 y 1997 el Estado se derrumbó. No se distinguía entre fuerzas del orden y bandas armadas. En tres meses murieron tiroteadas dos mil personas. Me acogí a La Red de Ciudades Refugio para Escritores en Peligro y salí de Tirana, rumbo a España, con mi mujer, Edlira, en marzo de 1997. Nuestra intención era volver a Albania al cabo de un año, pero, por ahora, nos encontramos muy bien aquí. Obtuve la nacionalidad española por la cláusula de méritos extraordinarios y he publicado dos novelas: Confesión junto a una tumba vacía y El último viaje de Ago Ymeri. Hace cuatro años nacieron nuestras dos hijas gemelas Ioana y Edit.
”¿Aprecian los españoles lo que tienen? La libertad es como el aire que respiramos. Sólo la valoras, te das cuenta de su importancia, cuando careces de ella.”

Dimitri Tchernev
41 años. Bulgaria
“No soy el emigrante típico que tiene que trabajar en lo que sea para empezar. A los 25 años me fui a Italia, a Florencia, y de allí a Estados Unidos. En Nueva York conocí a Vicky y me vine con ella a España. Hace 14 meses que llegué y he trabajado en cámaras frigoríficas en condiciones muy duras, con temperaturas de 18 grados bajo cero. Una ocupación extraña para mis estudios universitarios. Pero ya pasé por situaciones semejantes en Italia y Estados Unidos; como emigrante, hasta que te adaptas tienes que aceptar trabajos que los locales rechazan, pero la diferencia es que aquí cuento con el apoyo de Vicky. Ahora estoy en una empresa que se dedica a la importación de caucho. Mejorar económicamente siempre es una de las causas de la emigración. Pero hay más. En mi caso, una mezcla de deseos de aventura y de realización personal. Soy de una familia de clase media y estudié Geografía y Turismo. Me encanta practicar deportes como el esquí, la natación o el fútbol.”







