Memorias del este

Miroslaw Jozef Sroka
49 años. Polonia
“Nací en Silesia, al sur de Polonia. Soy diseñador gráfico y estudié Bellas Artes en Lodz. A finales de los ochenta mis amigos empezaron a irse a trabajar a Estados Unidos o Inglaterra, donde conseguían buenos empleos debido al prestigio de la Escuela Polaca de Diseño. Yo me ganaba muy bien la vida, pero en unas vacaciones en España, tomando copas en un bar, ya me ofrecieron un empleo. En 1989 dejé Polonia, monté mi propio estudio y he trabajado para algunas de las editoriales más importantes. Mi especialidad son los libros históricos y de arte. Al cabo de cuatro años llegaron mi mujer y nuestros dos hijos. Practico deporte con asiduidad; en Polonia participaba en competiciones oficiales de pentatlón y natación. También pinto y hago grabados. Pronto obtendré la doble nacionalidad, porque ya llevo aquí 19 años. Mis amigos polacos han empezado a regresar, pero yo estoy bien aquí. Mis hijos ya emprenden el vuelo; el mayor, Milos, trabaja en Tokio, y Daniel estudia ingeniería.”

A la hora de conformar estereotipos sobre la gente del Este, tampoco hay que desdeñar la influencia de los gitanos rumanos pidiendo en la calle y la consiguiente idea de que esa es toda la inmigración rumana, como explica Miguel Pajares, autor del libro Inmigrantes del Este. Procesos migratorios de los rumanos (Icaria Editorial). “Alguna gente piensa que si eres rumano, eres gitano. Aunque, cuando te conocen y saben que trabajas, que estás integrada, la percepción es buena”, dice Claudia Circur, una rumana de 30 años a la que siempre le gustó Barcelona y que está casada con un catalán. Claudia no piensa en volver. “Es difícil plantearse el regreso cuando tienes una hipoteca a 30 años”, bromea.
Los rumanos son los europeos del Este con mayor presencia en España y, hace apenas un año, se han convertido en la segunda colectividad por cifras (son un total de 510.983 residentes censados), todavía por detrás de los marroquíes (621.295), pero sobrepasando en número a los ecuatorianos (434.673).









