Dos mujeres y una causa

La infanta Cristina, flanqueada por el presidente de La Caixa, Isidro Fainé, y Graça Machel, tras la firma del acuerdo de colaboración entre la entidad financiera y Gavi Alliance para impulsar la vacunación infant
Cuando la agricultura empieza a ser percibida en el mundo como un valor, tras la crisis de los cereales, la escasez de arroz, etcétera, ¿no sería interesante crear políticas para fomentar cultivos y, de paso, evitar el abandono de las áreas rurales?
G. M.: Sin duda. Se ha infravalorado el campo durante décadas y tampoco se han llevado a cabo las transformaciones necesarias para hacer rentables los cultivos, de tal modo que, aunque el 70% todavía viven en el campo, el éxodo se está acelerando de forma preocupante. La gente se traslada a las ciudades pensando que mejorarán sus sistemas de vida, pero muchas veces topan con una realidad peor.
C. de B.. Estoy completamente de acuerdo. Las zonas rurales requieren una atención prioritaria. Especialmente en ellas, es preciso promover iniciativas de desarrollo socioeconómico que de forma sostenible generen empleo y actividad productiva, coordinando estas acciones con la atención a las necesidades sociales básicas, como la educación, la sanidad y las infraestructuras.
G. M.: Por eso aquellos países que han sabido diversificar su economía, tanto en los núcleos rurales como en los urbanos, como es el caso de mi país, Mozambique, tienen más posibilidades de futuro. O como otro que también conozco bien, Sudáfrica, donde la estabilización política y una economía saneada están permitiendo planificar el territorio, renovar barrios enteros, generar riqueza en el campo, crear servicios sociales... Y afortunadamente no son casos aislados. Hay bastantes países con un crecimiento sostenido en la última década. África tiene muchos problemas, pero por primera vez empezamos a ver la salida del túnel. Lo conseguiremos con nuestro esfuerzo y la solidaridad de todos.
C. de B.: La solidaridad internacional debe ser el empujón definitivo que permita ampliar este proceso de mejora de las condiciones de vida al mayor número posible de comunidades. La suma de esfuerzos públicos y privados, unida a la labor de las ONG, de las órdenes religiosas, de los cooperantes, de otras instituciones sociales y a la participación de los países más desfavorecidos, debe invitarnos a mirar el futuro con compromiso y esperanza de cara a cumplir con los Objetivos del Milenio. El gran reto de todos.







