22/06/2008

Entre el cielo y la tierra

Jesuitas

Texto de Cristina Jolonch
Fotos de Carlos González Armesto

Constituyen la orden religiosa masculina más numerosa del mundo. Tienen una formación exquisita y vocación de vivir en las fronteras sociales, culturales y religiosas. Con el nombramiento de su nuevo Papa negro, el español Adolfo Nicolás, los jesuitas empiezan una nueva etapa
en la que prevalecen sus objetivos de servir a la fe y promover la justicia.


CELEBRACIÓN DE LA VICTORIA

Al igual que los futbolistas de elite, novicios españoles se arrojan sobre el césped (convertido en barro) para celebrar la victoria en el triangular de fútbol entre España, Portugal e Italia que se celebra en Manresa (Barcelona). El trofeo es un modelo de austeridad: una botella de plástico forrada de papel de aluminio que el próximo año volverá a Manresa, uno de los centros más importantes de la ruta ignaciana

Cuando a los 20 años Cristóbal Andrade le dijo a su padre que quería hacerse jesuita, el hombre tuvo el disgusto de su vida y lo intentó todo para evitarlo: desde regalarle un coche estupendo a ofrecerle un buen puesto en su empresa. Promesas que no sirvieron para retener a un chico que vivía a cuerpo de rey, sobre todo desde que sus padres se separaron y ambos competían para complacer al hijo único. Practicaba rugby, era un buen surfero y se le daba bien el karate; había estudiado informática, tenía novia y muchos amigos.
 Todavía ahora una chica reza cada día para que este joven portugués abandone la vocación mientras él sigue haciendo lo mismo para llegar a ser un buen sacerdote. Todavía ahora, después de nueve años, no poder coger el coche e irse de viaje sigue siendo una de las cosas que echa de menos desde que se marchó de casa. Para alguno de los compañeros que han seguido su mismo camino, como el mexicano Luis Arturo, lo más difícil es la convivencia en comunidad y la falta de un espacio íntimo. Para otros, lo peor es cumplir el voto de castidad. Esas cuestiones a menudo son tema de conversación entre la cincuentena de jóvenes de todo el mundo que residen temporalmente en el Gesù, en Roma, la casa en la que murió san Ignacio, hoy convertida en colegio para jóvenes que completan su formación como jesuitas.
Tomaron la decisión más importante de su vida porque sintieron lo que ellos explican como una llamada de Dios que te habla directo al corazón, “como cuando te enamoras y sabes que has hecho la opción correcta”. Ese sentimiento, su fe y la ilusión de pertenecer a la Compañía de Jesús, la orden religiosa masculina más numerosa –con 18.815 miembros dispersos por todo el planeta– les ayudan a superar las dificultades que supone dejar atrás muchas cosas. El contacto con la realidad, el no vivir en un mundo aparte y adaptarse adonde quiera que vayan es una de las características de quienes integran la comunidad que fundó san Ignacio y, como él, quieren encontrar a Dios en la vida.
Los jesuitas fueron los primeros en dejar de llevar sotana o en empezar a vivir en pisos comunitarios y han ejercido siempre las profesiones más diversas. Los hay médicos, ingenieros, arquitectos, pintores, químicos, fotógrafos. La fama de situarse en los límites, ya sea en la frontera de la ciencia –para demostrar que no hay oposición entre fe y razón– o la de la justicia social, para trabajar junto a los más necesitados, son algunos de los aspectos que más siguen seduciendo a quienes quieren ser uno de ellos.
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de: Enrique Colón | 30/06/2008
La profundidad del artículo, considerando la amplitud del tema, cubriendo institucionales y criticos, me parece excelente y un gran reto para los seguidores de Jesús. Les felicito.
de: Elena Martinez | 22/06/2008
Gracias por este reportaje.
30 de noviembre
30 de noviembre
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