22/06/2008
Entre el cielo y la tierra
Jesuitas
Texto de Cristina Jolonch
Fotos de Carlos González Armesto
Constituyen la orden religiosa masculina más numerosa del mundo. Tienen una formación exquisita y vocación de vivir en las fronteras sociales, culturales y religiosas. Con el nombramiento de su nuevo Papa negro, el español Adolfo Nicolás, los jesuitas empiezan una nueva etapa
en la que prevalecen sus objetivos de servir a la fe y promover la justicia.

Estudiosos de las más variadas disciplinas consultan los archivos de la curia jesuítica, que contienen una crónica anual de cada comunidad
En los años sesenta, durante el mandato de Pedro Arrupe, la Compañía dio un giro radical para adaptarse a la etapa posconciliar, y la promoción de la justicia acaparó la atención de los seguidores de Ignacio. Fueron los tiempos en que los jesuitas de Centroamérica se comprometieron con la causa de los pobres a través de la teología de la liberación. En 1989, en El Salvador asesinaron a Ignacio Ellacuría junto a otros cinco religiosos y dos trabajadoras de la Universidad Salvadoreña. Tanto el teólogo Jon Sobrino como Rodolfo Cardenal, hoy vicerrector de aquella universidad, se libraron de la muerte por casualidad. Este último no cree que la teología de la liberación haya desaparecido del todo, pero sabe que no es lo mismo y que no volverá a serlo. “No hay un reemplazo de esos teólogos como Gustavo Gutiérrez, que está muy mayor, o como Jon Sobrino.” Aquel movimiento inspiró a grupos de cristianos a comprometerse con la lucha política, pero cambió la realidad sociopolítica, y “queda una experiencia de comunidades, pero como fenómeno masivo ya no existe”.
Durante aquellos años, la versión española de aquel compromiso social desde la orden la impulsó el padre Llanos, un hombre con genio y carisma, que se instaló en el madrileño Pozo del Tío Raimundo para estar al lado de los más desprotegidos y poner en marcha una serie de reivindicaciones sociales que impulsaron el proceso de urbanización de aquel barrio marginado. El superior de esta comunidad, Higinio Pi, muestra el lugar donde se construyó una guardería, una escuela de formación profesional o la escuela nocturna y las casas de protección oficial –las mejores de España– que se levantaron gracias a la batalla emprendida por los jesuitas que se pusieron al lado de los obreros y les ayudaron a organizarse.
Durante aquellos años, la versión española de aquel compromiso social desde la orden la impulsó el padre Llanos, un hombre con genio y carisma, que se instaló en el madrileño Pozo del Tío Raimundo para estar al lado de los más desprotegidos y poner en marcha una serie de reivindicaciones sociales que impulsaron el proceso de urbanización de aquel barrio marginado. El superior de esta comunidad, Higinio Pi, muestra el lugar donde se construyó una guardería, una escuela de formación profesional o la escuela nocturna y las casas de protección oficial –las mejores de España– que se levantaron gracias a la batalla emprendida por los jesuitas que se pusieron al lado de los obreros y les ayudaron a organizarse.
de: Enrique Colón | 30/06/2008
La profundidad del artículo, considerando la amplitud del tema, cubriendo institucionales y criticos, me parece excelente y un gran reto para los seguidores de Jesús. Les felicito.
de: Elena Martinez | 22/06/2008
Gracias por este reportaje.








