22/06/2008

Una pasión andaluza

Texto de Raquel Benjumeda
Fotos de José María Alguersuari
La tradición ecuestre, ligada en muchos casos a la cría del toro bravo, ha permitido mantener el caballo de pura raza española en todo su esplendor. Las ferias en el sur de España y la labor de la Real Escuela Andaluza del Arte Ecuestre animan la equitación como una pasión fuera del tiempo.


Los jinetes profesores José Gutiérrez, a la derecha, y José Ignacio López hacen que el caballo Zahíno, de pura raza española, ejecute la cabriola en mano que realiza en el espectáculo Cómo bailan los caballos andaluces, en la Real Escuela Andaluza de Arte Ecuestre, en Jerez
El caballo español es fácil de montar, noble y fogoso a la vez, muy demandado para las disciplinas de doma y rejoneo

La historia de Andalucía está marcada por la presencia del caballo, aunque hay un hecho fundamental que da origen al legado ecuestre actual, que puede presumir de ser uno de los más ricos del mundo. En el siglo XIV, en la provincia de Cádiz, concretamente en Jerez, la orden de los cartujos, fundada en Francia por San Bruno siglos antes, levantó el monasterio de la Cartuja, donde introdujo una partida de ganado de especiales características y de hermosa estética que hoy da nombre a la estirpe cartujana, la línea más importante y reconocida del caballo de pura raza española.
Aunque no existe unanimidad al respecto, lo más probable es que el caballo de pura raza española tenga su origen en la raza árabe, gracias a la considerable aportación que hizo la cultura musulmana en Al Ándalus.
Es en las provincias de Cádiz, Sevilla y Córdoba, el área geográfica que concentra la mayoría de los grandes latifundios andaluces, donde la tradición ecuestre se manifiesta con mayor fuerza, y en determinados casos, la historia ecuestre ha ido muy ligada a la del toro bravo.
Así, el caballo español, como se llama popularmente a esta raza, se ha mantenido a salvo de la revolución industrial gracias a su importante carga genética e histórica y a su indiscutible capacidad de generar riqueza. Además, el pura raza española ha tenido un papel fundamental en la formación de otras razas equinas europeas y americanas, como el caballo hispano-árabe, el hispano-bretón, el frisón, el lipizzano, el paso fino peruano, el mustang o el lusitano.
El español es un caballo fácil de montar, noble y fogoso a la vez, muy demandado para las disciplinas de doma clásica, doma vaquera y rejoneo. Gracias a su buena cabeza y a su excelente aptitud para los ejercicios elevados (pasaje, piaffé, piruetas, corbetas, levadas o cabriolas) el pura raza española se ha hecho un importante hueco en la plantilla olímpica, logrando incluso una medalla por equipos en Atenas 2004.
El caballo español se cría en manadas de yeguas que viven sueltas en régimen de semilibertad. Los potros se separan de las madres al destete (seis meses), momento en el que se venden o se incorporan al grupo de productos jóvenes de la explotación. Normalmente los machos comienzan a ser domados a partir de los tres años, mientras que las hembras se reservan sólo para los concursos de morfología.
La capa más característica del caballo español es la torda (gris), pues está demostrado que es la mejor adaptada a una zona castigada por las altas temperaturas. En el libro del pura raza española, también se aceptan la negra, la castaña o la alazana, aunque es la torda la principal y la mejor seleccionada.

Eduardo Mellado realiza ejercicios con

Banquero, un pura raza español de ocho años, en su hípica de Rota

Abajo, una yegua con su potro delante de un bar en la localidad de Algar, en la provincia de Cádiz

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