Cerco a los pederastas

Ko es un niño de 13 años que vive en un asentamiento situado en medio de la nada, a unos 35 kilómetros de Phnom Penh, la capital de Camboya. Cada día viaja a la ciudad, donde gana unos rieles limpiando zapatos y vendiendo el fuego que enciende los inciensos de los devotos que acuden a los templos budistas. Con el hablar suave y pausado, cuenta que durante una jornada saca con suerte unos tres dólares, que luego entrega a su madre. Por las calles de Phnom Penh hay decenas de niños trabajadores como Ko, que van a la escuela cuando encuentran tiempo y asumen responsabilidades de adulto, ocupándose de sus hermanos pequeños y de la supervivencia familiar.
Un día del año 2005, hasta el concurrido parque de diversiones New Garden, en la capital llegó el australiano Damien Walker, un profesor de inglés de 27 años. Allí conoció y se obsesionó con este pequeño limpiabotas, convenciéndolo para que lo acompañase a su apartamento, junto a cuatro niños más. Nadie supo lo que allí ocurrió durante muchas noches y varios meses, hasta que el australiano fue detenido y juzgado.







