20/07/2008
Cerco a los pederastas
Texto de Gabriel Díaz
Fotos de Juan Díaz García
Es fácil acercarse a niños que están trabajando en la calle vendiendo desde libros a golosinas. Los pederastas se saben a cubierto y engatusan a los pequeños y a menudo a sus familias. No es fácil, en cambio, combatir esta situación. En Camboya están logrando, con el impulso de organizaciones humanitarias, denunciar los abusos, que se juzgue a los culpables y que les condenen

El seguimiento de presuntos pederastas se realiza en dos turnos, durante el día y la noche. Los jóvenes investigadores han desarrollado distintas técnicas para obtener información.
“Creo que me gusta ir al límite de las posibilidades del ser humano. Siempre he intentado vivir cosas excitantes. Me he arriesgado a caer al más bajo fondo. Ahora estoy allí”, asegura Hens Ulrich, carnicero suizo de 69 años, en una entrevista realizada poco antes de que un tribunal camboyano lo condenara a 11 años de prisión por abusar de una menor. Ulrich había llegado a Camboya en el 2003 en busca de “nuevas experiencias”, según relata, desencantado con su familia y otras desdichas que le había deparado la vida en Suiza. Se instaló en un hotel del paseo que bordea el río en Phnom Penh, donde al cabo de poco tiempo conoció a una mujer que vendía pasteles y golosinas. Era la madre de Reaksmey, una niña delgada y tímida que la ayudaba en la venta callejera.
A partir de ese día, Ulrich desplegó toda clase de artimañas hasta alcanzar su propósito. Invitó a la familia de excursión, se encargó del alquiler de la casa, pagó la escuela de la niña. Esta denodada generosidad económica le permitió estar cada vez más cerca de Reaksmey y durante más tiempo, hasta quedarse a solas con ella y cometer los abusos sexuales que hoy continúa disfrazando de afecto paternal. “Ella me amaba a su manera de media mujer”, sostiene sin titubeos.
La afinidad que el suizo había cosechado con esta familia quedó plasmada en el Tribunal Municipal de Phnom Penh, cuando el día del juicio la hermana más pequeña de la víctima abandonó los brazos de su madre y echó a correr hacia los de Ulrich. La madre observó la escena de lejos, con aspecto compungido y contrariado; el padre, con actitud ausente, permaneció inmutable. Tampoco los guardias se movieron ni abandonaron su conversación mientras el pederasta jugaba con la hermana de Reaksmey en su regazo. Minutos más tarde, Ulrich ofreció una veleidosa y confusa declaración, que estuvo acompañada de las jocosas intervenciones de su abogado y el intérprete. Entretanto, la víctima era emplazada por la jueza a dar detalles de los abusos cometidos por el suizo, quien la contemplaba lascivamente a escasos dos metros.
de: Miriam Solans y Sergio Martinez | 01/08/2008
El reportaje nos ha parecido sobrecogedor. La imfancia tendría que ser lo más protegido, y en partes del mundo como Camboya es lo más vulnerable. Sus familias, los pederastas, e incluso en los juzgados no los protegen. Es una vergüenza. ¿Qué tipo de vida pueden llevar los niños después de este infierno?. Es lo más sagrado y ni siquiera pueden sentirse niños, porque tienen que trabajar en vez de jugar. Enhorabuena, ¡es un tabajo muy bueno!
de: Pilar de la Fuente | 24/07/2008
Impresionate. Las fotos son impresionantes y el texto me deja sin palabras. Es increible como puede haber tanto monstruo libre. Mi más sincera admiración a Juan Díaz por haber podido tener el valor de hacer esas fotografías con tanta profesionalidad y que se vea la realidad de Camboya en imágenes. Mis felicitaciones Gabriel Díaz por ser tan claro y conciso en sus palabras, que en unas hojas deje tan claro la evidencia que algunos quieren ocultar. Felicidades a "Global humanitaria" y "Action pour les enfants" por la labor que hacen. ¡Enhorabuena a todo el equipo!
de: Sergio Portela | 22/07/2008
El reportaje es muy valiente y de gran calidad. Las imágenes nos han dejado un nudo en el estómago a toda la familia. Las historias de las víctimas quitan el sueño. Hemos visitado la web de la ONG Global Humanitaria y la campaña sobre este proyecto nos obliga no sólo a reflexionar, sino también a actuar. Quisieramos expresar nuestra admiración y respeto por el trabajo que realizan las personas de esta organización. Es por proyectos como este por los que merece la pena seguir colaborando y aportando nuestro dinero. Hay que apoyar iniciativas como ésta.
de: Lisa Fabra Romero | 21/07/2008
La mayor verguenza del ser humano debería ser la de no impedir que estos mostruos abusen y agredan a la infancia. Increible trabajo el de estos dos periodistas. Enhorabuena al fotógrafo por esas imágenes que sin mostrar, lo cuentan todo. Gracias por existir.








