20/07/2008
Cerco a los pederastas
Texto de Gabriel Díaz
Fotos de Juan Díaz García
Es fácil acercarse a niños que están trabajando en la calle vendiendo desde libros a golosinas. Los pederastas se saben a cubierto y engatusan a los pequeños y a menudo a sus familias. No es fácil, en cambio, combatir esta situación. En Camboya están logrando, con el impulso de organizaciones humanitarias, denunciar los abusos, que se juzgue a los culpables y que les condenen

Un investigador de Protect conversa con una niña vendedora de libros.
Esta falta de rigor en la protección de los menores durante los procesos judiciales es la pieza culminante de una serie de despropósitos, explican los camboyanos responsables de Protect, que suele estar precedida por la desidia de la policía local, poco proclive a responder con prontitud a las denuncias realizadas. Y la propia familia de la víctima, apuntan, resulta muy a menudo el mayor escollo en la investigación. “Es difícil que las familias acepten que sus niños han sido sometidos a abusos por un extranjero, porque con frecuencia tienen el apoyo económico del sospechoso. Uno de los desafíos es conseguir su cooperación”, afirma Seila Samleang, director del proyecto.
Fue precisamente la complicidad de la familia con el abusador lo que alejó a Sok de su provincia natal cuando tenía 13 años. El norteamericano que lo sometió a felaciones, tocamientos y penetraciones, había llegado a Camboya invitado por su abuelo, con quien todavía mantiene una fuerte amistad en Estados Unidos. Con las visitas realizadas una vez al año llegaban los regalos, las buenas comidas, las excursiones y también los abusos sexuales, que la familia ignoró cuando el caso fue denunciado por Protect. En el plazo de seis meses el acusado fue detenido, juzgado, encarcelado y liberado.
de: Miriam Solans y Sergio Martinez | 01/08/2008
El reportaje nos ha parecido sobrecogedor. La imfancia tendría que ser lo más protegido, y en partes del mundo como Camboya es lo más vulnerable. Sus familias, los pederastas, e incluso en los juzgados no los protegen. Es una vergüenza. ¿Qué tipo de vida pueden llevar los niños después de este infierno?. Es lo más sagrado y ni siquiera pueden sentirse niños, porque tienen que trabajar en vez de jugar. Enhorabuena, ¡es un tabajo muy bueno!
de: Pilar de la Fuente | 24/07/2008
Impresionate. Las fotos son impresionantes y el texto me deja sin palabras. Es increible como puede haber tanto monstruo libre. Mi más sincera admiración a Juan Díaz por haber podido tener el valor de hacer esas fotografías con tanta profesionalidad y que se vea la realidad de Camboya en imágenes. Mis felicitaciones Gabriel Díaz por ser tan claro y conciso en sus palabras, que en unas hojas deje tan claro la evidencia que algunos quieren ocultar. Felicidades a "Global humanitaria" y "Action pour les enfants" por la labor que hacen. ¡Enhorabuena a todo el equipo!
de: Sergio Portela | 22/07/2008
El reportaje es muy valiente y de gran calidad. Las imágenes nos han dejado un nudo en el estómago a toda la familia. Las historias de las víctimas quitan el sueño. Hemos visitado la web de la ONG Global Humanitaria y la campaña sobre este proyecto nos obliga no sólo a reflexionar, sino también a actuar. Quisieramos expresar nuestra admiración y respeto por el trabajo que realizan las personas de esta organización. Es por proyectos como este por los que merece la pena seguir colaborando y aportando nuestro dinero. Hay que apoyar iniciativas como ésta.
de: Lisa Fabra Romero | 21/07/2008
La mayor verguenza del ser humano debería ser la de no impedir que estos mostruos abusen y agredan a la infancia. Increible trabajo el de estos dos periodistas. Enhorabuena al fotógrafo por esas imágenes que sin mostrar, lo cuentan todo. Gracias por existir.








